Contra toda ausencia.

5 Feb

Hubo una vez en este mismo pueblo una ceremonia de multitudes, los catorce de septiembre, coincidiendo con el día del patrón se festejaba el día del Saludeño Ausente. Esta algarabía popular era patrocinada por el recinto de la Sociedad de Instrucción y Recreo “Círculo Familiar La Salud”.
Cuentan que era un espacio único para abrazarse, desbordaba el orgullo por ser hijo de este pedacito de tierra, hoy intervenida por el fango, en ese entonces con una atmósfera rural pero en constante progreso.
Fueron muchos quienes sintieron la veneración. Si resultaba ser un domingo se añadía al baile nocturno habitual, un juego de pelota durante el día. Otros aseguran que más de una vez el saludeño ausente invitado era paseado por nuestras calles.
Aunque no encontré una fecha de la primera celebración, Onildo Cruz afirma, que al menos el esplendor mayor estuvo en la década del cincuenta y permaneció hasta 1960. Comúnmente retornaban los Saludeños que residían en pueblos cercanos o en La Habana, provincia a la que pertenecíamos hasta 1976. La profesora Mirna Pérez Acosta, posee fotos de un almuerzo en la
Sociedad cuando invitaron como saludeño ausente a Aurelio Medina, un empresario residente en la capital quién contribuyó monetariamente para la construcción del terreno de la pelota. ¿Porque se dejó de hacer? Los Saludeños ausentes hoy continúan existiendo, en lugares muchos más distantes, sin embargo habitualmente conocen mejor y más rápido
lo que sucede en La quienes lo habitan, permanecen ocupados y preocupados por su pueblo a pesar de la saturación de sus propios problemas cotidianos.
Sin importar el sitio o los kilómetros que los alejan no reniegan de su gentilicio, y añoran la conga, la quema del año viejo, La Fiesta del Maní, hoy del pan con lechón.
Los he visto llorar abrazados con sus amigos o la familia, ser recibidos por un barrio entero lleno de globos, carteles y la gritería autóctona. Pareciera que el tiempo no transcurre, aquel viejo reloj jamás marcó otro segundo. No están ausentes, son Saludeños que viven en La Salud desde la distancia, superando fronteras geográficas y obstáculos absurdos. Este pueblo los extraña, los nombres son tantos que no es posible enumerarlos, ni referirse solo a uno, porque son todos ellos y nosotros quienes insistimos en lograr, en cualquier caso, la ausencia del olvido, bloquear el dolor cuando se extrañan, neutralizar cada instante en los que el diálogo aplasta la incomprensión y la apatía. No existe el día para el saludeño ausente, pero perdura una realidad innegable,
siempre están presentes. Los que continuamos residiendo en este pueblo y
los que no, seguimos conmovidos por nuestras pasiones comunes, padeciendo nuestro peculiar egocentrismo, y la visión de nuestro pueblecito como el ombligo del mundo.
La Salud continuará siendo su casa, bienvenidos, para permanecer juntos contra toda ausencia.

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