Depresión Tangible

28 Feb

Hace días mis amigos me preguntan si estoy deprimido, suelo no responderles. Algunos se asombraron cuando en diciembre no seguí estudiando Derecho, había matriculado este mismo curso para una segunda licenciatura y ellos saben, después el teatro, es mí otra pasión. De niño imaginaba que haría cuando fuese mayor de edad. Jamás creí que a los 26 años aún no tuviese mi propia casa. Por trabajar no ha sido, el problema en todo caso es que no cometo ilegalidades y desconozco en que parte de mi país me pagarían un salario mediante el cuál, pueda comprar alimentos nutritivos, vestir y  calzarme pagando únicamente con el sueldo. Mi ingreso mensual son 325 pesos al mes, al cambio oficial se convierten en unos 13 c.u.c. Hace tres años terminé la licenciatura en Educación, especialidad profesor de teatro y trabajo en una casa de cultura impartiendo talleres a jóvenes. Con los más talentosos monto obras teatrales; algunos dicen que son raros, porque prefieren estar ensayando por las noches en vez de sentarse en el parque. Usualmente me pregunto; ¿porque aún vivo con mi familia y económicamente dependo de mis padres incluso hasta de mis abuelos? Entonces recuerdo a un amigo, su padre ha sido siempre dirigente y cada vez que viene a visitarlo le reprocha la humildad del hogar, a veces en tono de burla. Una vez le contestó: Papi yo soy un obrero, no cometo ilegalidades, esto es lo que logra mi salario. No desvío recursos, ni robo en mi trabajo… en el teatro no hay nada que robar. El viejo hace silencio y cambia el tema. En ese momento evade recordar al proletariado, sus años de lucha,  el discurso altruista y lo invita a su casa; una mansión tropical, creo que por Alta Habana, allí en la sala tiene expuesta todas sus medallas.

Recientemente, sentado en el portal, escuché a unos niños conversando sobre que pensaban hacer cuando fueran grandes. Se rieron porque uno quería estudiar en la universidad. El que tenía al lado se levantó: Yo voy a matar puercos con mi papá para venderlos. Enseguida otro vociferó: Quiero irme para España con mi abuela. El padre del más pequeño se acercó para llevarlo a  casa y mientras le silbaba recostándose al muro, observó mi título universitario a través de la ventana. Con la cara desencajada pero sonriéndome me pregunta- ¿Para que sirve tú título universitario?- Sin mirar a sus ojos le contesté -¿Para colgarlo en la pared?-

Hace días mis amigos me preguntan si estoy deprimido, suelo no responderles. Algunos se asombraron cuando en diciembre no seguí estudiando Derecho, había matriculado este mismo curso para una segunda licenciatura y ellos saben, después el teatro, es mí otra pasión. De niño imaginaba que haría cuando fuese mayor de edad. Jamás creí que a los 26 años aún no tuviese mi propia casa. Por trabajar no ha sido, el problema en todo caso es que no cometo ilegalidades y desconozco en que parte de mi país me pagarían un salario mediante el cuál, pueda comprar alimentos nutritivos, vestir y  calzarme pagando únicamente con el sueldo. Mi ingreso mensual son 325 pesos al mes, al cambio oficial se convierten en unos 13 c.u.c. Hace tres años terminé la licenciatura en Educación, especialidad profesor de teatro y trabajo en una casa de cultura impartiendo talleres a jóvenes. Con los más talentosos monto obras teatrales; algunos dicen que son raros, porque prefieren estar ensayando por las noches en vez de sentarse en el parque. Usualmente me pregunto; ¿porque aún vivo con mi familia y económicamente dependo de mis padres incluso hasta de mis abuelos? Entonces recuerdo a un amigo, su padre ha sido siempre dirigente y cada vez que viene a visitarlo le reprocha la humildad del hogar, a veces en tono de burla. Una vez le contestó: Papi yo soy un obrero, no cometo ilegalidades, esto es lo que logra mi salario. No desvío recursos, ni robo en mi trabajo… en el teatro no hay nada que robar. El viejo hace silencio y cambia el tema. En ese momento evade recordar al proletariado, sus años de lucha,  el discurso altruista y lo invita a su casa; una mansión tropical, creo que por Alta Habana, allí en la sala tiene expuesta todas sus medallas.

Recientemente, sentado en el portal, escuché a unos niños conversando sobre que pensaban hacer cuando fueran grandes. Se rieron porque uno quería estudiar en la universidad. El que tenía al lado se levantó: Yo voy a matar puercos con mi papá para venderlos. Enseguida otro vociferó: Quiero irme para España con mi abuela. El padre del más pequeño se acercó para llevarlo a  casa y mientras le silbaba recostándose al muro, observó mi título universitario a través de la ventana. Con la cara desencajada pero sonriéndome me pregunta- ¿Para que sirve tú título universitario?- Sin mirar a sus ojos le contesté -¿Para colgarlo en la pared?

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