Petro el extraterrestre

1 Mar

¡Me quiero quedar! Fue la determinación que en silencio Petro tomó hace años. Prefiere no comentarla, cuando la gente lo escucha, suelen burlarse o quienes más le admiran abren los ojos y permanecen en silencio. Casi todos sus amigos se han largado. Su padre también se marchó; viene a visitarlo durante diez o quince días cada dos años, a veces ha demorado más, pero las llamadas y el correo electrónico son insuficientes porque tampoco logran calmar la ausencia paterna. No le queda otro remedio que resignarse a esa distancia y soñar con un día ambos estar cerca otra vez, mientras la rutina cotidiana le sumerge, a veces motivándole sensaciones de asfixia. Transitando por el fango donde habita, los días pasan, las horas se acumulan convirtiéndose en años y todo continúa peor. En silencio ante la muchedumbre perpetua sus anhelos. Aferrándose evita caer en la misma agonía de la multitud domesticada para no actuar como autómata. La masa se asemeja a una horda primitiva, ocupada en subsistir, poco más puede hacer. Entre silbidos y murmullos Petro tararea canciones sedantes para culminar sereno las noches sobre su viejo colchón, y observando la estampa de la Virgen de la Caridad del Cobre reiterarle, ¿no somos tus hijos?, ¿por qué este naufragio sin final?

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