Mi orgullo saludeño

13 Mar

Nacer en La Salud es un privilegio, aunque la gente de los pueblos vecinos solamente escuchar ese nombre les cause estupor. – ¿Tu vives en ese hueco? ¿Como entras y sales de allí? ¡En La Salud el fango te llega al pecho! ¿Porque no te mudas?- Ninguno entiende que pertenecer a este pedacito de tierra inocula un especie de virus sin cura, una adicción irremediable. Abandonar La Salud es imposible, incluso si por cualquier razón un día no viviera aquí, retornar constantemente sería una necesidad insaciable. Aunque no pueda calcular lo que sienten, imagino como les duele a los saludeños estar lejos, quizás hasta la destrucción se extrañe. Yo no soportaría un 31 de diciembre sin arrollar en la conga, quemar el año viejo. Añoro una fiesta del maní abarrotada por creativos platos de este cultivo casi autóctono. Con este fango acompañándome, insisto en soñar a mi pueblo reluciente, en definitiva por los sueños no se paga cotización. ¿Estoy loco? Si, de amor saludeño, compartido entre quienes no perdemos la fe en disfrutarlo reconstruido. Ojalá pronto, peregrinado en la procesión los catorce de septiembre ante el Santo Cristo de La Salud y la Virgen de la Caridad del Cobre, nos abracemos todos y pueda saludar a quienes por mi corta edad no conozco. Un día celebraremos juntos no el saludeño ausente, sino el Saludeño Presente. Esa fraternidad irrevocable que nos caracteriza inundará agudizando nuestro noble orgullo en verdaderas calles con los baches exterminados, brotando agua en la fuente del parque, bailando en una Plaza Saludeña, con la sociedad de instrucción y recreo “Circulo familiar La Salud” recuperada, extasiados con los espectáculos en el cine teatro hoy extinguido, celosos de las esculturas creadas por nuestros artistas plásticos y la exquisita ornamentación en cualquier esquina o por nuestras estrechas avenidas. Este pueblo recuperará su profundo movimiento cultural y aunque tengan otros nombres presenciaremos la resurrección del Conjunto Caney, el Sibanicú, La Sonora Saludeña. Con carcajadas aplaudiremos a la insustituible “Filla la Vola”.Vorazmente leeremos de nuevo a “El Saludeño”, súbitamente obstruido. Cada una de nuestras tradiciones serán recuperadas, adjuntando las otras que surjan para engrosar nuestra rica condición de pueblo atestado de profunda creación cultural. “Señor ten piedad”, clama un canto litúrgico y así mismo lo pido, si fuese necesario hasta a los reyes magos; acrecentando mi saludeñismo: un arraigo característico de los buenos hijos de La Salud. Este amor común por nuestro pedazo de tierra se hará tangible. Bendecidos por Dios los saludeños continuaremos sanamente orgullosos y un día todo será distinto, porque nuestro pueblo dejará de estar enfermo.

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