A cualquier saludeño que se encuentre lejos

No te conozco pero somos vecinos, porque tú casa sigue siendo La Salud, aunque estés a kilómetros de distancia. Percibo tú nostalgia aunque no te veo; es duro abandonarlo todo pero ten calma, La Salud es como un caracol y se lleva a donde quiera. ¿No piensas en ella? ¿Extrañarla no es el pan tuyo de cada día? Entonces no temas, porque jamás sufrirás el desarraigo. No sientas pena cuando por la nostalgia saludeña te brota el llanto. Cuando por la impotencia digas que no extrañas este pueblo en ruinas, respira hondo, no habrá que perdonarte esa frase, es falsa y nadie mejor que tú lo sabe; amas a La Salud a veces más que algunos de los que continúan viviendo aquí. Me duele decírtelo pero como dice la vieja canción: el cuartito esta igualito y cada vez peor. Eso sí, los saludeños continuamos siendo la gente más egocéntrica de este mundo, no te rías; no es secreto que para todos nosotros La Salud es el centro del mundo y lo demás son apéndices. En nuestra alma no se arruina lo mejor de cada uno, ciertamente algo nos distingue del resto. Quivicán y La Salud continúan siendo antónimos. Es largo hablarte de eso. ¿Para que recordarte las frases? ¿Ya se te olvidaron?
No puedo hablarte de las calles asere, de ellas solo quedan los números y en nuestra memoria, porque nada los señala. Para pescar simplemente tienes que salir a la calle y lanzar el anzuelo, tenemos un bache convertido en lago por cada cuadra. ¿Quieres gozar? Cuando vengas móntate en una guagua, no hace falta un baño turco, ni ejercicios yoga; mientras esperes podrás hacer una larga meditación. Casi seguro tendrás que abordar los “Riquimbili”, son pichones de monstruos rodantes que facilitan un tratamiento vibratorio en todo el cuerpo, por solo cinco pesos, mientras viajas hasta Buenaventura ejercitarás tus cuerdas vocales: para poder hablar con quién tengas al lado proyecta la voz, el ruido es potente. ¿Cuál película en el cine quieres ver? La coca-cola te daño el cerebro ¡Traaaaeeee un DVD! … el cine se murió y se demora en resucitar. Para jugar pelota, amárrate bien un par de botas fuertes, si no quieres largar los pies con los seborucos de piedra. Protégete con máscara antigas, la peste allí tumba. Dime si traes celular para guardarte un espacio en la línea del ferrocarril, ya pusieron la antena para la cobertura en los móviles, pero ahora falta un cable que haga tierra.
El treinta uno de diciembre arrollarás con la conga y detrás vas a gozar con una carroza que le ronca. Hasta las cuatro o cinco de la mañana podrás bailar con música en el parque y abrazaras tu gente. Guardo los ejemplares impresos de El Saludeño, iremos juntos a su tumba para pedir que descanse en paz, pobre, tuvo una muerte súbita. En luto por el: no habrá La Noche del Medio en buen tiempo. En fin, deja la bobería y da una vueltesita por este reino del fango al que todos los saludeños somos adictos.

La Salud te extraña.

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