El pichón inducido: dependencia controladora

16 Abr

La cultura del pichón se induce; esa dependencia a que te “entreguen” (realmente te venden pero evitan llamarlo así) aunque la mayoría de las veces sean migajas, suele convertirse en una posición de acomodo lamentable donde se limita y obstruye la capacidad del individuo para con sus propios esfuerzos emprender un camino personal en el cuál desarrolle sus potencialidades de manera exitosa.
Aniquilar la voluntad emprendedora del individuo es un disparatado error con nefastas consecuencias para cualquier sociedad. Algunos suelen presentar altas cifras de asistencia o dependencia de los ciudadanos al estado como virtud en la gestión gubernamental; cuando realmente significa un fracaso rotundo. Mientras mayor es el número de individuos sostenidos por el estado, más ineficaces han sido las políticas para que el ciudadano sea competente; desarrolle sus potencialidades y logre sostenerse por si mismo. Habrá fallado la formación de un individuo independiente; no se habrán generado suficientes empleos, garantizado salarios decorosos, ni estimulado la iniciativa de la gente para gestar su proyecto de vida. Por lo general también se debe a que la prosperidad honesta resulta estigmatizada; incluso llegando a figurar como delito. Existe una profunda diferencia en la ayuda a los ciudadanos realmente imposibilitados de trabajar y aquellos convertidos en una sanguijuela que chupa y nada más. La denominada asistencia debería implementarse para facilitar igualdad de oportunidades y derechos, asistir en la formación de habilidades; pero nunca para crear dependencia. Lo ideal es enseñar a pescar y no regalar el pescado; cuando sea imposible darlo: ¿que sucede con ese individuo?
La inducida cultura del pichón busca la dependencia del individuo al estado para así garantizar su control, mediante el clientelismo devenido por el sutil chantaje al ciudadano, impidiéndole prosperar por si mismo. Encuentra siempre simpatizantes en los cuales fabrica una especie de bloqueo a sus iniciativas. Estas acciones lastran a la sociedad y más temprano que tarde estallan porque son insostenibles. Es imposible aumentar sin límites la manutención de personas aptas para gestar sus propios proyectos y sin embargo se les obligue a subsistir inactivos o como parásitos. Generar ciudadanos capaces sería el centro de cualquier acción responsable para el desarrollo; a no ser que se pretenda aprovechar la ignorancia social para presentar como logros en la demagogia politiquera los altísimos gastos, resultado de graves imposiciones a la contribución de quienes trabajando duramente cosechan éxitos. Este quiste insertado en la conciencia de varios sectores, empantana cualquier iniciativa para el progreso y en ningún caso favorece la verdadera equidad.

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