Petro el viajero.

19 Abr

Petro logró montar la guagua una hazaña inaudita donde a diario puede ejercitar sus músculos, sudar lo suficiente como para bajar algunas libras y escuchar de todo. Esos monstruos rodantes inadaptados al clima tropical de Cuba son el espacio común para el “cubaneo”. Esta vez no solo como de costumbre la guagua viajaba repleta y los pasajeros molestos, atropellándose unos a otros. Los niños pequeños gritando, adolescentes, estudiantes tratando de proteger sus carpetas para no estropear los trabajos, ancianos de pie, embarazadas exigiendo sentarse. Justo al lado de Petro una pareja sin pudor alguno, discutía al parecer por la infidelidad del esposo, no tenía otro remedio que enterarse del chisme. Pero distante del una anciana bastante arrugada agarraba con su mano a una niña. Aunque disimulaba no podía evitar el llanto. A Petro le llamó la atención y trato de acercarse a la mujer. La radio estaba encendida por el chofer y resultaba otro molesto ruido entre aquel tormento. Petro a empujones llegó al lado de la anciana- ¿Puedo ayudarla?- Con sus parpados medios caídos levantó la vista. Por coincidencia la radio transmitía una vieja canción de Pablo Milanes.- Gracias pero no puede, esta es mi nieta. Mañana con mi hijo y su madre se va noventa millas lejos de mí-

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