Petro el médico.

11 May

Amanece y aunque lo parezca no es un nuevo día. Petro desde las seis de la mañana está de pie, desayunó bebiendo un vaso del yogur que un paciente le regaló ayer. El único pan que le toca por la libreta de racionamiento lo deja para la merienda de la niña en la escuela. En la parada bajo el sol espera que pase la güagüa, preparado para soportar la cola, el calor y una vez monte en ella la apretazón. Al llegar al hospital los pacientes lo colman de saludos, cortándole el paso y recordándole que están allí – Tengo turno doctor, soy de lejos. ¿Me puede atender temprano? Hoy no pude alquilar un carro y tengo que regresar en botella o güagüas-. Petro sonríe a todos, bebe el café que de un termo le sirve algún paciente, va guardando debajo de su buró los regalos que obsequia cada paciente. Hace tiempo no necesita el pésimo almuerzo del comedor en el hospital. Recibe meriendas (panes preparados, refrescos gaseados), carne, leche, yogurt, frijoles, arroz, viandas, frutas, vegetales, carne de cerdo etc. Algún directivo de salud pública insinúo prohibir los regalos. ¿Se arrebató? ¿De que viviría Petro? El salario mensual de Petro aproximadamente son 500 pesos, es decir 20 c.u.c equivalente a 18 dólares, de acuerdo al cambio oficial que dicta el gobierno. Al terminar el trabajo muy tarde, a veces casi cayendo la noche, Petro sale a vivenciar el mismo camino para retornar a casa. Esperando que no ocurran averías en el suministro de energía eléctrica, no existan dificultades con el abasto de agua. Casi tiene resuelto un trabajito extra como “botero” (taxista), manejando un carro americano de la década del cincuenta.
Mientras continuará elaborando papas rellenas para salir a venderlas ¡Si apareciera un cuenta propista que se las comprara todas de una vez! Su esposa ya anda luchando eso. Petro se anotó en la bolsa para salir de misión internacionalistas, cuando lo llamen tendrá que evaluar la situación pues serán años lejos de su familia, exponiendo el matrimonio, perdiendo momentos únicos en el crecimiento de su hija, aplazar el nacimiento de otro hijo. Pero a la misma vez, a pesar de que Dios sabrá en que lugar lo ubiquen, cuando retorne como el colega que estuvo dos años en Bolivia, podría comprase un DVD, televisor, una computadora, arreglar el techo de la casa. Tener algo que por pequeño que sea una vida entera, dedicado a su profesión en la patria, no le permitiría. Al abrir la puerta del hogar su esposa le lanza besos. Está sentada con la hija en la mesa. La niña tiene mañana una tarea evaluativa en la escuela que está relacionada con los médicos internacionalistas. Mirándole a los ojos Petro escucha a su mujer- Petro mi amor, hay que ir a buscar la harina para las papas rellenas- La niña interrumpe-¿Papi, después me puedes ayudar con la tarea? Escucha, el primer tema es: la salud pública, un logro de la revolución.

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