Sanación propia.

20 Jul

Iniciar mi blog es un acto de “sanación” personal; no es metáfora cuando afirmo que constituye un sitio para diluir el silencio y dialogar. El silencio por muy atractivo que resulte para los poetas, significa un arma corrosiva y letal para cualquier individuo que se niega a ingresar en el club de Gregorio, aquel personaje de Franz Kafka convertido en insecto por la enajenación. No me explico como alguien puede existir con una conducta indolente, indiferente a su realidad; para mí eso no es precaución, muchísimo menos ser precavido, en todo caso te hace inhumano.

En una ocasión delante de mí un alumno preguntaba a otro profesor- ¿Por qué mientes?- El colega lo observó sorprendido, se le enrojecía el rostro y yo tragué en seco. Después de unos segundos contestó -¿Qué te hace pensar que no digo la verdad?-. De inmediato mirándolo fijamente a los ojos, el adolescente le responde: ¿Omitir la verdad, no es lo mismo que mentir? El suceso fue más largo; en ese instante tuve mucho miedo a que pudiese ocurrirme algo similar. El profesor horas después, ante mí intentaba contener el llanto. Al menos yo, no quiero nunca más a la omisión, ni el silencio como verdugos.

El blog fue un sueño durante años, son muchas las barreras a saltar par lograr no solo poseerlo, sino mantenerlo. ¿Te imaginas el reto que enfrento para actualizar un blog sin tener acceso a Internet, una cuenta personal de correo electrónico, ni siquiera una computadora? Sin embargo los cubanos tenemos un ingenio innato para levantar la cabeza de la guillotina. Gracias al blog existo y expreso mi identidad como sujeto. La interacción es un placer adictivo, me parece dañino además encerrarse dentro de una burbuja o no comportarte irreverente ante una cortina de hierro invisible, pero desgraciadamente presente. La irreverencia de cualquier persona ante la anulación de su individualidad y el aplastamiento no solo es legítima, beneficiosa; significa un antídoto para no extinguirte como sujeto.

Cuando la publicación El Saludeño “desapareció”, en mi criterio por ser víctima de un exterminio nefasto, el virus contagioso y sin cura de la expresión me había infestado. Me resulta imposible retroceder otra vez y permanecer callado. Lo normal en cualquier ser humano es emitir sus criterios. Hasta que “El Saludeño” no resucite guardaré luto; quizás mi mejor tributo hacia él es no asumir la conducta de los tres monitos: cerrar los ojos, taparme los oídos y jamás abrir la boca.

Mi blog se nutre de la realidad cotidiana en la que existo. Petro, ese personaje al que recurro y cuyo nombre tiene una sonoridad fusionada entre Pedro, nombre muy común en castellano y el sonido de su variante rusa, es un personaje de ficción; sin embargo sus historias son reales, la cotidianidad de cualquier cubano. En el blog, a veces acudiendo a Petro y otras sin él, narro las vivencias cotidianas. Las escribo después de experimentarlas yo mismo, o gracias al contacto diario con la gente en la calle, debido a la interacción diaria con mis semejantes. Por cierto, ya ando pensando en que Petro nazca como ilustración, creo que es hora de que tenga imagen

Con Yuslier el Saludeño, también se descubre mi “saludeñismo”: ese sentimiento de arraigo característico en los nobles hijos de La Salud. Es mi pueblo también una provocación para la crónica de la realidad, me reconforta experimentar ese sabor rural y saludeño en mis escritos. Mientras existan los cubanos, y los saludeños orgullosos de serlo, permanecerá Yuslier el Saludeño. El blog se mantendrá aunque fuese víctima de esa mutación que sufre el miedo en quienes lo inducen durante mucho tiempo, pero de repente comienzan a sentirlo ellos mismos porque han quedado estancados en su propio pantano; por consiguiente reaccionan como depredadores salvajes, ante la negación a sucumbir aplastados por el silencio, de aquellos a quienes nos consideran groseramente: simple súbditos.

Este espacio en la “blogosfera” abierto con Yuslier el Saludeño, es como un hijo. ¿Qué padre no mima al suyo? Desearía abrirme también a twitter, tengo una ansiedad incurable por la comunicación instantánea, espontánea; por ello el progreso de las tecnologías me colma de esperanza. Desgraciadamente me resulta complicado acceder a ellas, pero la perseverancia puede ser la llave con la cual abrir la puerta o al menos asomarme tras la ranura de una ventana. Acceder a Internet y a las nuevas tecnologías para la comunicación: abiertas, libres y universales, no solo es una preferencia personal, en primer lugar constituye un derecho. Quiero ser un joven que viva en el siglo XXI. ¿Qué tiene eso de “malo”?

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