Mi amiga también se fue.

10 Ago

Ambos somos víctimas de un mismo “mal”. Partiste después que yo había retornado del viaje a lo ignoto. Desde un tiempo antes cierta lejanía geográfica se interponía, pero jamás fue un problema para permanecer juntos.

Te extrañé hoy también, cuando el alcohol hizo efecto en mí, tras el placer que sabes siento mientras vivo ese ritual representado por el vaso de Whisky en la mano mientras en la otra va quemándose el cigarro.

¿Estamos contaminados? Nos contagiamos con esa necesidad perpetua de evitar el olvido, empeñados en preservar nuestra “cosa” a pesar de tantas horas de vuelo que nos distancian. Es el teatro, la vida, el tabique desviado, las noches, las confesiones de ambos como “sacerdotes del pecado”. Me hace falta no tener que explicar y que baste la respiración, la postura corporal, el silencio, -o qué se yo- para entender que ocurre. Con nadie más logro comunicarme así.

Pienso en ti, imaginándote transitar dentro de esa ciudad enorme, con el paso apurado que también compartimos. ¡Ay Dios! He terminado sintiendo un odio visceral por los aviones.

Algún día pasará, habitaremos un espacio común sin tantas millas de distancia.

Hoy nuevamente tengo ganas de que esa partida jamás hubiese ocurrido.

López, López, este sitio continúa oliendo a ti.

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