Petro en el tejado

Petro mirando al cielo, sabe que no está sentado en el balcón, sino emborrachando la razón. ¿Quizás se le perdió? Quisiera volver al sitio aquel; pero nunca más retornará, es imposible retroceder en el tiempo. Tararea su propio adiós, a veces le da miedo pensar. El alma suele tenerla escondida en una canción. No sólo es cuestión de amor. Es todo, es él, el mundo…

Quisiera volver a sentir, llorar desgarrado; quisiera volver a soñar. La vida se le ha convertido en una aplanadora despiadada que no permite traspasar la luz y restringe el oxígeno.

– ¡Grita muchacho! Saca todos esos demonios que llevas dentro- Ese es el grito mudo de su alma.

-¿Te amo? ¿Me amo? Por favor cruza la puerta. Observa el reflejo de tu cuerpo delgado-. Salvando su cabeza baja, acaricia cada ternura del cuerpo.

– ¡Qué alguien me acaricie! ¡Un abrazo por favor!-

Mientras todo ese diálogo ocurre sobre el techo, con el vaso de güisqui y el cigarro en las manos, continúa teniendo sexo de madrugada, observando la luna y disolviendo la frialdad nocturna.

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