Juntos, los jóvenes del cambio

12 Oct

Los jóvenes cubanos somos un blanco predilecto para el lavado de cerebro, la manipulación y la explotación ideológica por parte del régimen, mediante sus servidores que cada vez son menos en cantidad, lealtad y fidelidad. Al régimen se le extinguen sus “sostenedores” porque está rodeado de quienes buscan con su servilismo sádico, oportunidades para favorecerse con privilegios exclusivos, aunque en la mayoría de los casos no sienten ningún vínculo ideológico o moral con esa élite familiar y de amigotes enquistada en el poder. La dinastía se ha quedado sin argumentos ideológicos para enmascararse y se le escapa de las manos una generación a la que claramente desprecia.

Uno de los problemas más graves de la tiranía está en que los directores jóvenes de sus dependencias y tentáculos supuestamente institucionales, los seleccionan e imponen sin contar con los miembros, priorizando el servilismo ideológico sin importar la capacidad para sostener criterios propios; tomar iniciativas o ejercer un verdadero liderazgo. No es lo mismo ser líder que “director impuesto” de una organización. El grupúsculo elitista se sostiene con una minoría cumplidora de órdenes y nada más. La UJC, por ejemplo, funciona con una estructura militarista donde se impone las decisiones que desde el partido comunista se dictan. Sus falsos líderes son impuestos, no gozan de ninguna simpatía ni siquiera en sus propias filas, muchísimo menos en el resto de la juventud, y sus acciones, conducta pública, incluso imágenes, están distantes de la gran mayoría de su generación.

Esos directores –supuestamente líderes- no son elegidos democráticamente, ni necesitan de la aceptación de sus filas para permanecer en sus puestos. El funcionamiento de esas organizaciones es un entrenamiento de cómo se estructura el régimen. La dirección de la UJC, FEU, FEEM  no tiene contacto real con sus propios miembros; y el resto de la juventud cubana, quienes constituyen la mayoría, probablemente ni siquiera conoce sus nombres. Esa gente sale de la nada y las imponen. ¿Qué representan? ¿Para qué sirven? Son utilizados como una extensión de la élite en el poder para obedecer sus propósitos, nada más.

El régimen no posee relevo. La gerontocracia en el poder es muy probable que acuda otra vez a la herencia del trono, como hacían las monarquías absolutas de antaño, dejando en manos de algún descendiente de la  “familia” el imposible objetivo de continuar y preservar la dinastía. Los herederos de los dos dictadores son repudiados por el pueblo cubano, han disfrutado siempre la dulce vida y por supuesto harán todo lo posible para mantenerla; pero les falta capacidad, carisma, talento, principios y valores honestos. Esos descendientes tendrían que ser sacados del escondrijo donde siempre han permanecido, como están haciendo con Mariela Castro Espín, pero ninguno de ellos cree en la democracia, ni posee capacidad real para conducir al país hacia un destino mejor que el de sus progenitores, quienes lo han destruido salvajemente. Los herederos de la familia Castro son repudiados abrumadoramente por el pueblo cubano. Los ciudadanos reconocen en ellos los arrogantes hijitos de papá, por mucho que el régimen intente presentarlos con una imagen distinta.

La imposición de Miguel Díaz Canel (el señuelo gris) como el “segundo al mando”, no es otra cosa que una fachada. En primer lugar porque según la propia “constitución” vigente – piedra angular del régimen-, el verdadero poder lo posee en Cuba el primer secretario del PCC y después el segundo secretario. Por otra parte, así sea el señuelo gris, o cualquier otro, la cuestión es que continúa violándose el derecho de todos los cubanos a elegir a sus gobernantes y representantes, mediante elecciones pluripartidistas a partir del voto libre, directo y secreto de los cubanos, en procesos electorales imparciales, justos y transparentes, con todas las garantías.

Fuera de la élite emergen líderes reales, con capacidad para movilizar y convocar personas, jóvenes que conectan acertadamente no sólo con su generación sino con el resto de los ciudadanos. Estos líderes juveniles logran, aún con toda las dificultades y represión volcada sobre ellos, extender velozmente sus mensajes y acciones, crear simpatías entre su pueblo. No son sólo los que mayor notoriedad internacional han alcanzado, también aquellos desconocidos por los medios de comunicación y que conmocionan impresionantemente a quienes le rodean. A ellos también la dictadura les teme, porque no están relacionados directamente con una demagogia ideológica, y sus acciones concretas impactan en los demás porque se dirigen hacia lo qué necesita hacerse. Poseen un discurso práctico, conciliador, carismático y con ese contraste de irreverencia sana, junto a la crítica y denuncia transparente, al “gobierno” ilegítimo se le dificulta reprimirlos.

La juventud cubana, como la mayoría de la población en la isla, está centrada y preocupada en problemas concretos, buscando soluciones reales, sostenibles y perdurables. Esas soluciones sólo las encuentran en los líderes verdaderos, aquellos que están fuera de la sumisión a la élite llena de privilegios y deleites, de los que ni por casualidad el pueblo de Cuba puede disfrutar. Contra esos líderes, que no son únicamente los jóvenes, todo intento de exterminio será en vano, porque constituyen una ola imparable que emerge en los lugares menos esperados, y con una voluntad inquebrantable. Cada acto represivo se convierte en un efecto “búmeran”, pues cimienta aún más su apoyo popular, creando mayor repulsión ciudadana ante los “robots” que impone el gobierno como dirigentes.

La familia Castro sepultó ella misma su relevo, no tiene jóvenes que cambien la imagen pedante del régimen, está destruida a nivel internacional y perdió la credibilidad y apoyo del pueblo. Los propios militantes de las “organizaciones ideológicas”, y los cuerpos represivos, son cada vez menos impetuosos, y las órdenes desde las élites son más temerarias hacia ellos porque estos servidores resultan morosos o poco creíbles y eficaces cuando cumplen los mandatos. ¿Qué le queda al régimen? Comenzar a esperar su derrumbe probablemente más estrepitoso que los edificios caídos cotidianamente en La Habana. Los jóvenes en Cuba, junto al resto de los ciudadanos, no comulgan con ideologías sino con soluciones concretas y las claman ahora, el régimen no tiene ninguna. ¿Cuánto demorará el cambio? El tiempo que demoremos cada cubano en gritar: ¡basta!, y tomemos conciencia que nada sucede si no haces que suceda. Nadie nos va a regalar el cambio, no ocurrirá por arte de magia. Todo cambiará cuando hagamos que cambie.

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