GRITO PATRIOTA

20 Oct

La patria lanza gritos y el estatismo invoca el degüello de nuestras almas, la amputación de las neuronas. Parecemos muertos, mientras las décadas continúan acumulándose, el reloj no hace pausa y se desintegra el anhelo, ¿se suicida la esperanza?

Condenándonos a no pensar nos perpetúan a la sumisión, sustituyendo nuestra condición de humanos, por la de seres programados que ejecutan toda orden, no importa cuál, el interés es la impunidad, tranquilidad y seguridad de una dictadura. Si corre sangre, no resulta trascendente, pues la muerte por el marxismo-leninismo, según las consignas oficiales, siempre es válida.

Los individuos razonables, no se venden, ni admiten ser rentados, negociados o manipulados. Es triste para un ser humano hacer silencio y acatar cualquier disparate, sirviendo como esclavo en pleno siglo XXI.

La historia mundial está marcada por la presencia protagónica de los jóvenes en grandes sucesos: caídas de dictaduras; movimientos sociales irreverentes; protestas, marchas; revolución sexual y de la moda; renovación de ritmos musicales y muchísimos otros acontecimientos de impacto universal.

Los jóvenes somos “adictos” a la verdad; propulsores de cambios; transgresores de convenciones y reglas morales, sociales; irreverentes por naturaleza. La juventud ha propiciado importantísimas transformaciones, las cuales han sido agradecidas por todos más tarde, aunque en un inicio estuvieran opuestos tantos, ¿el propio mundo como barrera? Al final se ha obtenido la victoria, y el triunfo ha señalado dónde estaba la razón.

Es inmenso el peso de la fuerza juvenil, segura siempre de sentir la esencia, incluso donde nadie la siente. Tanto ímpetu irradiamos que quienes persiguen fines crueles y objetivos funestos, buscan todos los métodos posibles para controlarnos. Son, y han sido capaces, de utilizar el terror, aniquilar; emplear cualquier recurso con el fin de quebrantar nuestras fuerzas; cuartear nuestras mentes; bloquear nuestra sensibilidad; podrir nuestra esperanza.

Los jóvenes cubanos existimos hoy en una patria donde el tiempo se ha paralizado y el miedo es una epidemia cancerígena que inmoviliza a los ciudadanos. Nos han convertido en simios, esclavos de los antojos y las ordenes de una familia y la cúpula que los sostiene. Al nacer formamos parte de una maquinaria cruel que atenta contra nosotros mismos. ¿Alguna vez nos han preguntado si queremos pertenecer a las organizaciones estudiantiles donde nos “colectan”? ¿Se lo preguntan a nuestros padres? ¿Puede un niño, o un menor de edad, tener el poder de razonamiento y la capacidad analítica que le posibilite reflexionar y comprender lo que ello significa? ¿Por qué tenemos que ser como el Ché? ¿Acaso el propio individuo no vale de nada? ¿Por qué imitar a  otro individuo? ¿En todo caso porque no aspirar a la grandeza de Martí, Maceo, Gómez? Por otra parte nuestro ideal, se supone, debe ser mejorarnos nosotros mismos: nadie es inferior a mí pero tampoco superior. ¿Dónde queda la igualdad, el respeto, la dignidad propia?

Sufrimos el dominio salvaje de una familia y su cúpula, quienes articulan el adoctrinamiento mediante el sistema de enseñanza, imponiendo una ideología no sólo fracasada, también una utopía criminal. Sólo el respeto a las libertades y derechos del individuo, único responsable de su destino, puede permitir el progreso de cualquier nación y posibilitar beneficios para el ciudadano.

En Cuba no podemos expresar criterios propios, menos aún razonar. La enseñanza recibida está centrada en convertir al individuo en un servidor incondicional del fraude mal llamado “revolución”: la ilegítima permanencia en poder de una familia y su cúpula. ¿Por qué es delito plantear nuestras verdades? ¡Qué imposibilita a los cubanos de tener iniciativa propia! ¿Por qué se sataniza el ejercicio de los derechos? ¿Acaso los cubanos no podemos crear nuestras propias conclusiones?

Somos investidos desde nuestro primer día en la escuela, incluso desde antes, con una estrategia propagandística que impregna en nuestro inconciente una especie de compromiso absurdo,-más bien servilismo penoso- de sumisión hacia una familia y su cúpula. Como herramientas claves se utiliza la tergiversación, la ignorancia y la manipulación total para impedir la reflexión.

El presente y futuro consiste en la monotonía, la intrascendencia; quedamos atascados en una fusión destructiva: ilegalidad, corrupción, demagogia, invalidez ciudadana, cortina de hierro y escapismos. Un análisis elemental de nuestro futuro como profesionales o como jóvenes, provoca catarsis en cualquier neurona. La cotidianidad se convierte en un intento de subsistencia diaria, que para la mayoría del pueblo es posible sólo recurriendo a la ilegalidad: entendiendo que “legal” para esta dinastía, enquistada en el poder, es servirle como esclavos y  recibir una limosna bochornosa como salario. El resultado de todo esto: falta de esperanza, espiritualidad, solidaridad ciudadana, aspiraciones; degradación del alma, la dignidad personal, y de los más nobles valores del cubano. Se recurre a cualquier escape para salirse de semejante situación, entre ellos:

Escapar: huir de nuestra patria, abandonar el hogar; desintegrar la familia, para llegar a culturas ajenas y allí buscar lo que en la patria: nuestra casa natal, nos está impedido lograr.

Doblegarse: permanecer en silencio, aplaudir la mentira; llevar una vida de simulaciones, robar para poder subsistir; exponerse diariamente a ser encarcelado por no permitir que la familia quede sin comer, o simplemente como cualquier ser humano del planeta tener aspiraciones. Acatamos entonces -hasta la llegada del cambio- las órdenes equivocadas, desequilibradas, prepotentes, arrogantes, crueles, inhumanas y degradantes. Existimos sin rumbo, con la cabeza bajo la guillotina.

Arañar la cortina de hierro: Asumir las adversidades; obrar mediante la no violencia por nuestros derechos, innatos e inherentes. Hacernos presentes; liberar nuestros pensamientos; concretar nuestros sueños, no sucumbir ante la represión. Ser libres para entonces recobrar la dignidad y poder soñar.

Patria es humanidad, no su gobernante, un sistema, ni un partido. Somos nosotros, nuestros amigos, nuestra familia, esos seres humanos que en silencio y por miedo, mantienen contenida su sana irreverencia, esposada su libertad.  La patria somos todos y cada uno de los ciudadanos: cubanos de la isla y el exilio, por tanto nadie es más dueño de ella que otro. Sólo la diversidad asegura la libertad. El ideal político o religioso, son una opción personal. Encontremos nuestra identidad individual, toleremos y luchemos porque se nos tolere; respetemos las ideas de nuestros semejantes. Cada divergencia entre los individuos es una oportunidad de dialogar, un punto de partida para progresar. Las divergencias son un espacio vital para nuestra evolución.

 

En Cuba urge el cambio en paz hacia la democracia, donde los cubanos ascendamos a la libertad y a nuestros derechos. Han sido tres generaciones de cubanos bloqueadas por una familia y su dictadura. Es necesario que los cubanos nos juntemos, y los jóvenes seamos protagonistas de nuestra historia; aquellos que soñamos con una democracia sólida. Alcancemos la transición no violenta hacia la democracia en Cuba. Seamos libres.

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