Un cadáver que no resucitará

1 Nov

En el último congreso de los CDR (comité de defensa de la revolución), entiéndase: comité de defensa de la familia ilegítimamente en el poder, entre tanta demagogia y la misma palabrería aburrida, rostros soñolientos y sumisión lamentable, hubo tres cosas que me llamaron la atención. La primera fue el reconocimiento del segundo secretario de partido comunista de Cuba, que no existe “motivación” dentro de las “filas”. Esa declaración debe ser interpretada en su esencia: los CDR no funcionan; en su último aniversario la ausencia de “fiestas y caldosas” en cada calle fue mayoritaria y comprueba este criterio.

Por otra parte se habló que no renunciarían, los “mayimbes”, al “combate” sino que se cambiaban las “estrategias”.

 

La insistencia mayor estuvo en la efectividad de ese instrumento represivo para oprimir a los ciudadanos que ejerzan y reclamen sus derechos, así como el combate contra el consumo y tráfico de drogas. Con esa declaración hay un reconocimiento tácito a la magnitud de este creciente flagelo nacional. Es curioso que en vez de reconocer el fracaso, lo inefectivo o pasivo de la policía, el  (DTI), y hasta de la supuestamente “sabelotodo”: seguridad del  “estado”, se responsabiliza y acuda a los CDR para semejante propósito. ¿Es incapaz de contrarrestar el consumo y tráfico de drogas un régimen que se presenta cómo invulnerable? ¿Qué pasa con la seguridad del “estado” y las entidades que deberían involucrarse en esto, son incapaces de accionar efectivamente?

 

Convocar cadáveres es a lo que está acudiendo el régimen, quien conoce perfectamente la magnitud y proximidad de su hundimiento. Los “leales” a la dinastía se extinguieron; simplemente son pagados y privilegiados con algunas prebendas para aparentar “sumisión”. Suelen ser oportunistas y aprovechados, simulan ser fieles. Sin embargo, está ocurriendo algo curioso, entre ellos cada vez son más los que colaboran  silenciosamente, con el empuje ciudadano para derribar la cortina de hierro y ascender a la libertad. La dinastía sabe perfectamente que no puede confiar ni en las “gargantas inflamadas”, porque está sola. A este régimen sólo le queda la demagogia y soñar lo imposible: permanecer en el poder.

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