No basta con declarar “intenciones”

9 Nov

La sociedad cubana tiene ante si innumerables desafíos. Estamos en una coyuntura compleja donde los cubanos, cada vez con mayor conciencia, nos situamos a las puertas de autodeterminar nuestro futuro, porque estamos asumiendo nuestra responsabilidad ciudadana, sin esperar milagros y despojándonos de ilusiones absurdas, pues nos hemos dado cuenta que sólo tendremos lo que seamos capaces de conquistar. Ninguna dictadura hace “concesiones” ni cambia, a no ser por una fuerte, constante y sistemática presión ciudadana.

 

El ocho de septiembre de 2013, la conferencia de obispos católicos de Cuba publicó una Carta Pastoral: LA ESPERANZA NO DEFRAUDA. En ella, precisamente al cumplir 20 años de otra carta: EL AMOR TODO LO ESPERA, los obispos presentan algunos criterios sobre la realidad cubana actual con expresiones o intenciones “ingenuas”. En esta ocasión no existió el furor de antaño entre la gente, muchos cubanos ni se han enterado que este mensaje fue publicado. ¿Desinterés? Creo que no, la causa parece radicar en un mensaje distante de los sueños del ciudadano.

 

Los cubanos aún continuamos atravesando “tiempos difíciles”, en medio de la desesperanza ciudadana y la mayoritaria repulsión hacia el régimen impuesto por una familia, el cual ha destruido a la patria. Este grupúsculo, ilegítimamente en el poder, se sostiene por la fuerza, el terror y la violación de los derechos ciudadanos. Un gobierno sólo puede ser legítimo si es elegido por la voluntad popular, expresada mediante las urnas, en elecciones pluripartidistas a partir del voto libre, directo y secreto de los cubanos, en procesos electorales, imparciales, justos y transparentes. El gobierno, en todos los casos y siempre, se debe al pueblo y no al revés. No hay tampoco una variedad de “estados de derecho”. El estado de derecho existe o no. En Cuba para desgracia nacional no hay Estado de Derecho.

 

La patria de todos los cubanos ha cambiado en los últimos tiempos, en contra de la voluntad del régimen, pues los cubanos empujamos con mayor fuerza nuestra resurrección nacional, obrando sin descanso por alcanzar la libertad, democracia y el respeto a todos nuestros derechos. Ninguna demagogia ideológica del régimen resulta a estas alturas exitosa. Los cubanos estamos convencidos de que es imprescindible el cambio en paz hacia la democracia, cuyo principal obstáculo es la existencia del actual régimen. La dinastía usurpadora del poder aspira actualizar su maquinaria totalitaria. ¿Es posible y admisible actualizar lo que no sirve, ni funciona, pero además viola los derechos de cada ciudadano? El grupúsculo familiar y de amigotes enquistado en el poder, ha reiterado explícitamente y en innumerables ocasiones, que no hay reformas sino “actualización”, ¿del salvajismo? Muchos cubanos reconocen en esta estrategia el Gran Fraude; otra nueva estafa que busca preservar el dominio y monopolio, de una familia y su élite, sobre la patria, a la cual consideran su finca privada. Es un insulto al ciudadano, presentar y aceptar como “cambios” el retorno de los institutos preuniversitarios y secundarias del campo a los cascos urbanos. En primer lugar porque tales centros docentes continúan existiendo; pero además, ello no ha conllevado el respeto al derecho de los padres de participar y determinar la educación para sus hijos, donde entidades privadas, la sociedad civil, ONGs y la propia iglesia, tienen derecho a participar. La puesta en libertad de algunos presos políticos, gracias a la acción ciudadana y de la sociedad civil, específicamente las Damas de Blanco, la muerte de Orlando Zapata Tamayo, y la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, no ha significado un cambio en la represión, pues los presos políticos continúan aumentando su número. Se aplican incluso estrategias más “sutiles” como son los encauzamientos por “delitos comunes fabricados”. El usufructo de tierras para el cultivo es una vergüenza. La tierra debe ser propiedad del campesino, no del monopolio de una familia y su cúpula partidista-militar camuflada tras la fachada del “Estado” Los oficios de corte casi “medieval”, legalizados para el trabajo por cuenta propia, no contribuyen a otra cosa que no sea a la economía de timbiriche o subsistencia. Por otra parte las autoridades sustituyeron el permiso de salida por la entrega del pasaporte, y siguen decidiendo quién puede poseerlo y quién no.

 

El pueblo cubano tiene derecho a todos los derechos, cualquier otra estrategia es fraudulenta e indignante. El único y verdadero cambio ocurrirá cuando se respeten todos los derechos de todos los cubanos, sólo así un pueblo puede autodeterminar su presente y futuro. Mientras ello no ocurra los ciudadanos, en especial los jóvenes, continuarán escapando de la destrucción nacional y la patria seguirá desangrándose. Toda resistencia a este cambio real, proviene únicamente de quienes desean permanecer enquistados en el poder. Apoyar o admitir otras “vías” es ser cómplice de un fraude vergonzoso. Ninguna dictadura es viable, hace progresar a una nación o permite vivir en paz al individuo. Ningún pretexto válida o justifica la existencia de una dictadura, ni admitir su ilegítima permanencia en el poder. Ningún pretexto justifica o válida que no se le respeten todos los derechos a cada cubano. La pobreza material, incluso la miseria, de profesionales, obreros y la mayoría de los ciudadanos dentro de Cuba, constituye una realidad muy distinta a la que vive la dinastía enquistada en el poder. No existirá posibilidad alguna de que los cubanos seamos exitosos dentro de nuestra patria mientras no exista una economía de mercado: libre, justa y moderna, cuyo “soporte” sea la democracia.

 

Cuba es una sociedad plural, como todas, y esa pluralidad es oprimida por un régimen que odia la diversidad, pues sabe que respetar las libertades individuales significaría desaparecer. Todo “Estado” y “gobierno” tiene la obligación de respetar los derechos y libertades del individuo. Ciertamente la diversidad propicia el diálogo; pero el dialogo no es un fin, sino un instrumento. El diálogo ha de tener un por qué, sobre qué y para qué. ¿Cómo se genera el diálogo? ¿Qué propone hacer la conferencia de obispos católicos en Cuba para sentar al régimen en una mesa de diálogo con la oposición no violenta y democrática? ¿A criterio de los obispos, mediante qué acciones concretas pueden los jóvenes cubanos ser la dulce esperanza de la patria y protagonistas de su historia nacional y personal? El diálogo ente cubanos es necesario, pero  circuitos “intelectuales” o “académicos” no determinarán la democratización de la patria. Es un derecho de todos accionar en la obra para ascender a la libertad. Solamente el pueblo, nadie más, puede y debe determinar su presente y futuro.

Las soluciones a los problemas de Cuba no provienen, ni están determinadas, por la relación de la dinastía enquistada en el poder y los gobiernos de EEUU. Al incluir en cualquier pronunciamiento este tema, pareciera que el mal de Cuba es la irreconciliable relación (por lógica elemental) de una democracia, con la familia ilegítimamente en el poder hace más de medio siglo. El respeto a los derechos de los cubanos exiliados en cualquier latitud se debe a la violación que comete el régimen. El problema de la patria de todos los cubanos, es que existe una dictadura y mientras no se respeten los derechos no existirá progreso, cambios, ni avance. Es irresponsable apoyar que se permita continuar endeudando el presente y futuro del pueblo cubano, por la gestión endémicamente ineficiente de la dictadura. No hay derecho a permitir que se financie a una dictadura justificándose con que puedan llegarle algunas migajas al pueblo, mientras la nación se hunde cada vez más en el escabroso pantano de inmensas deudas y compromisos contraídos. Todo ello significa endeudar el futuro de cada cubano.

 

La conferencia de obispos católicos de Cuba debería estar en la vanguardia de la patria y poseer una determinación inmutable: comprometerse con la ascensión a la libertad, el respeto a los derechos de todo un pueblo para autodeterminar su futuro. Mientras eso se convierte en acción concreta, me surgen varias preguntas para la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. ¿Cómo un joven cubano puede hacer tangible el llamado a ser virtuosos, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constante en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza, vivir con radicalidad el amor, el servicio abnegado al prójimo? ¿Se conquista la libertad sin obrar en pos de ella? ¿Qué hacen los obispos católicos cubanos por aquellos ciudadanos indefensos, dentro de Cuba, que resisten a diario la cruel opresión del régimen? ¿Cómo es posible en nuestros obispos un silencio tan corrosivo ante la realidad del rebaño? ¿Cómo puede justificarse como “neutralidad” la escasa acción, cuando no absoluta inacción, o el silencio, ante seres humanos oprimidos, en particular aquellos que son víctimas de un sufrimiento multiplicado pues resisten las consecuencias no sólo de discrepar, también por ejercer sus derechos y hacer lo que es justo? ¿Reconciliación quiere decir “concubinato” con un régimen comunista? ¿Cómo se explica tanto relativismo moral en quienes deberían proteger a las víctimas? ¿Es injusto defender y ejercer derechos? ¿Es justo sufrir condenables consecuencias por ello? ¿Las víctimas no son víctimas y los victimarios no son victimarios? ¿Entonces resulta que ahí el relativismo si aplica y es protagonizado por quienes se suponen serían sus principales antagonistas: los obispos? San Mateo 5.9-10: Dichosos los que trabajan por la paz porque Dios los llamara hijos suyos.  Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.

 

Mantengo la esperanza, espero que no sea en vano, de que los obispos cubanos ante las dos imágenes sobre la iglesia que definió Bergoglio, escojan la iglesia evangelizadora que sale de sí. Mientras, continúa resultándome incomprensible unas autoridades eclesiales cada vez más raras, menos parecidas a lo que fueron en América Latina, Europa y otros sitios, durante períodos complejos en la historia.

Cuando hablo de ello me refiero a una iglesia protectora incondicional de su rebaño, cariñosa con los más oprimidos dentro de él. Eso no significa parcializarse ni tomar partido, sino permanecer en la misión que le compete a un buen pastor del rebaño. De igual manera ello significa que al cumplir mediante acciones concretas con la grandeza espiritual que a todo buen pastor le compete, los brazos estén abiertos siempre a quienes acudan arrepentidos de sus hechos, buscando el perdón de Dios, confesando sus salvajes actos. También permaneciendo abiertos a los que por razones obvias, cuestionan legítimamente el accionar de los obispos y permanecen en la indefensión absoluta.

 

No se trata de tomar partido, sino de estar siempre al lado de quienes sufren y hacen lo que es justo por el bien de todos, aspirando a que todos cuenten, decidan, tengan voz, identidad propia. ¿Es apropiado de un buen pastor mantenerse distante de la realidad y la verdad evidente? ¿No debe tener un obispo la suficiente claridad y firmeza para “dilucidar” dónde está la justicia y la verdad? ¿Obra bien un Arzobispo cuando, como hiciera el Cardenal cubano en el 2012, califica de “excluibles” a miembros del rebaño? ¿Para un obispo, que debe evangelizar y tiene derecho a elegir en el cónclave y ser elegido como Sumo Pontífice, puede existir alguien “excluible”? ¿La iglesia no somos todos? ¿En que se basó para declarar semejantes criterios opuestos a un digno seguidor de Cristo? ¿Son válidos los informes de un cuerpo represivo? Aún cuando esas supuestas informaciones no confirmadas fuesen reales, ¿significa que los seres humanos que hayan cumplido una sentencia carcelaria no tienen derechos? ¿Entonces siguiendo esa lógica anticristiana, el Cardenal también es excluible por haber estado recluido en la UMAP?

 

Ojalá a los obispos Dios los ilumine y actúen con sabio discernimiento. Mantengo mi fe y a la vez aspiro que la iglesia no se comporte como un partido político; pero si que asuma la postura cristiana correspondiente y las autoridades eclesiales protejan a quienes sufren en el rebaño la opresión, pues tienen hambre y sed de justicia, son perseguidos por hacer lo que es justo. Para que las víctimas y victimarios realmente desaparezcan es imprescindible ascender a la verdad, al conocimiento público de esa verdad; implementándose una justicia impecable. No puedo evitar preguntarme: Obispos, ¿y las víctimas indefensas?

 

En la actual coyuntura nacional no basta con tímidas declaraciones de “buenas intenciones”, se necesitan obras: claras, abiertas y concretas. Para pastorear el rebaño de Dios hay que asumir toda la responsabilidad que ello implica. Las autoridades eclesiales cubanas poseen una responsabilidad inmensa, y no tienen otra opción que no sea asumirla correctamente. Nada justifica admitir que siga el pueblo cubano sin poder determinar su futuro, y mucho menos hacer silencio, y no actuar, ante la opresión cruel, inhumana, y degradante, o el fraude que intenta implementar el régimen. Los cristianos no podemos entrar en negociación, mucho menos complicidad, con un régimen salvaje que viola los derechos de su pueblo. No se puede ser obispo de aeropuertos, catedrales o claustros. En Cuba, como en el resto del mundo, es apremiante ser obispo del rebaño y obrar por él. Dios bendiga a todos los cubanos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: