Dictaduras emergentes en América Latina

26 Abr

El caldo de cultivo ideal para usurpar el poder los caudillos populistas de las dictaduras emergentes en América Latina, está dado por varias razones que las fuerzas democráticas, sobre todo en la región, deben comprender. Una de esas razones puede ser la ignorancia social y el analfabetismo cívico presente en varios ciudadanos, quienes desconocen sus derechos y se unen fácilmente a la “masa” manipulable. Este término despectivo es utilizado por los dictadores emergentes para en la práctica anular al individuo, quien arrastrado por el “gran colectivo”, se contagia fácilmente con el florecimiento de los más irracionales y salvajes instintos del animal que continúa siendo el ser humano.

Otro elemento característico es el antecedente de una vida política a veces contaminada por la ineptitud o la corrupción. Camuflados entre las fuerzas democráticas, en ocasiones, se cuelan personajes adictos únicamente al dinero, sin reales principios y valores democráticos, quienes además enturbian el ejercicio de los servidores públicos con verdadera convicción y vocación democrática. Este fenómeno lastra el avance pleno de las naciones, amenazando peligrosamente la estabilidad y el estado de derecho en frágiles democracias.

Por otro lado la fragilidad en la equidad social y los niveles de pobreza que subsisten, indican insuficiencias y desafíos para generar un adecuado progreso de los pueblos.

Estos elementos, junto a otros, arman el nido propicio para el surgimiento de la manipulación y tergiversación del ciudadano con fines de explotación ideológica, mediante el discurso y la praxis “populistoide” que arenga a la masa fabulando promesas edulcoradas. Por lo general esa demagogia está centrada en supuestamente: eliminar la pobreza, facilitar el acceso a la atención médica y la educación, junto a otras “estrategias”. Esas “propuestas”, en realidad no son otra cosa que un clientelismo politiquero inducido, el cual después se convierte en obligatorio, devenido por el sutil chantaje al ciudadano mediante la compra de voluntades y conciencias, implementada al impedírsele al individuo prosperar por sí mismo, mientras al unísono se induce la dependencia controladora, como resultado de supuestas “obras sociales” que el ciudadano, en apariencia  “beneficiado”, deberá agradecer perpetuamente con su servilismo incondicional hacia los dictadores en proceso de consolidación.

Métodos y medios para usurpar el poder.

Aunque la siguen validando como una opción, la estrategia de la lucha armada fracasó para los fanáticos del comunismo: ideología criminal, prima hermana del fascismo, basada en el odio y el fomento de la violencia entre los seres humanos. Estos extremistas adoran el marxismo-leninismo, su modelo estalinista o cualquiera de las versiones e injertos fundamentalistas de esa criminal utopía; aunque se disfracen en ocasiones y utilicen mascaradas en el lenguaje propagandístico para promover y aplicar en América Latina sus copias del modelo soviético.

Esa izquierda primitiva o cavernícola, en sus nuevas versiones,  para usurpar el poder no renuncia a la violencia; pero se enmascara hasta que puede quitarse el maquillaje e iniciar la represión característica. Tácticas diferentes han venido mostrando en los últimos tiempos. Para llegar al poder utilizan la vía electoral que garantiza la democracia y accediendo a los medios de comunicación despliegan estrategias propagandísticas detalladamente elaboradas, favoreciéndose con las libertades que disfruta cualquier ciudadano. Precisamente una vez instaurados en el poder arremeten contra los derechos fundamentales y libertades básicas: libertad de prensa, expresión, asociación, conciencia, libre movimiento, o satanizan la discrepancia y fabrican como enemigos a sus opositores, calcando la práctica del castrismo en Cuba al acusarlos de mercenarios o peones de gobiernos democráticos extranjeros. Entonces, comienza primeramente la violencia verbal pública y la crispación en la sociedad; transformándose más tarde en persecución disimulada o abierta, atropellos, amenazas, encarcelamientos. Empujan hacia el matadero a la sociedad civil estrangulando medios de prensa, empresas, grupos políticos, sociales y la institucionalidad democrática.

Aunque resulte insignificante y concuerde con los parámetros de “respeto” que impone el caudillo, cualquier referencia crítica hacia el poder es considerada un insulto, incitación para desestabilizar el país, o una patraña orquestada por sus “enemigos”. Siempre prefieren fabricar a esos “enemigos” en los EE.UU., Europa, y en los gobiernos democráticos de la región con tendencias políticas distintas.

Internacionalizando su caudillismo fomentan alianzas, para en conjunto deshacerse  de la observación imparcial de organismos y entidades que no sucumben a sus presiones. Desarrollan además planes para destruir aquellas entidades de donde les resulte difícil salirse, como la OEA por ejemplo, organización que intentan dinamitar desde adentro y por otras vías. Por otra parte sostienen ambivalencias, sobre todo mediática, buscando que los gobiernos en la región si no simpatizan o los apoyan, al menos no se pronuncien en contra de sus atropellos. Por esto, a veces ceden y promueven el falso respeto a la “unidad en la diversidad”, pretendiendo asegurar el silencio cómplice. Se han percatado que necesitan la indolencia e indiferencia de las democracias latinoamericanas ante el tsunami antidemocrático que ellos empujan.

Comparten un propósito común: perpetuarse en el poder. Por consiguiente en los primeros años modifican la constitución y vuelven a reelegirse, haciendo que no cuente el tiempo que ya estuvieron “gobernando”, para de esta manera extenderse más y articular las acciones necesarias que le permitan eliminar las disposiciones constitucionales que limitan el mandato presidencial. Abren así el camino para “justificar” su ilimitada permanencia en el poder. Todos los poderes son concentrados en el caudillo, poniéndolos a su absoluto e incondicional servicio, entre ellos las entidades electorales, las cuales son despojadas de funcionarios imparciales y responsables que no respondan al dictador. De esta manera cuando comienzan a perder el apoyo ciudadano ya controlan las urnas, alterando fácilmente el resultado de los votos.

Sustentan el culto delirante a la personalidad, llegando incluso a construir mitos y propagar supuestas condiciones mesiánicas del caudillo. Manipulando la religiosidad popular coquetean con su pueblo, utilizando a Cristo para sus fines personales, sin escatimar incluso en públicamente considerarlo comunista. ¡Dios los perdone!

Prevenir y contrarrestar el caudillismo “populistoide”.

El fantasma del comunismo hoy amenaza a Latinoamérica, por consiguiente la sociedad civil y las fuerzas democráticas tienen un desafío que asumir. Es imprescindible comprender a plenitud los componentes de esta involución regional.

Inmunizar a Latinoamérica ante este flagelo constituye una responsabilidad apremiante. Sería ingenuo abandonar a los pueblos frente al sutil despliegue del “neocomunismo”, un gran estafador entrenado para enmascararse mientras consolida su objetivo primordial: la destrucción de la democracia. No se trata de una cuestión partidista o la pugna legítima de partidos políticos por alcanzar el poder. La definición es democracia y libertad v/s opresión. Es erróneo simplemente reducir a un sólo sector, las atribuciones y responsabilidades para enfrentar el flagelo de las dictaduras emergentes. Se trata de una responsabilidad compartida por todas las fuerzas democráticas, en tiempos donde pierde sentido simplificar el complejo y diverso entramado político con las etiquetas tradicionales de “izquierda” o “derecha”. La nueva realidad convoca a redefinir las divergencias en proyectos democráticos o antidemocráticos; respeto, promoción y defensa de los derechos humanos o su violación flagrante.

El caos económico, al que siempre conducen los regímenes salvajes, por si solo no constituye un factor que propicie el despertar ciudadano. Al llegar a ese punto las dictaduras suelen tener funcionando eficazmente un enorme aparato de control represivo absoluto. En el confluyen la inducción del miedo, la indefensión ciudadana; agregándose el control de los medios de comunicación volcados hacia el adoctrinamiento. Anestesian el protagonismo ciudadano, pretendiendo neutralizar la voluntad y conciencia democrática.

El procedimiento adecuado ante las dictaduras emergentes es similar al tratamiento aplicado con el cáncer. Mejor prevenirlo evitando todo cuanto favorezca su aparición. Una vez surgido acudir a las acciones terapéuticas pertinentes para cortar su invasión y evitar sus metástasis. Si se ha propagado es imprescindible la operación quirúrgica para extirparlo, con la posterior terapia complementaria.

Estos dictadores emergentes son una metástasis del cáncer que constituye, desde Cuba, “la familia” enquistada en el poder. Esa dinastía a pesar de ser ya un cadáver en proceso de descomposición, continúa significando la papa podrida de Latinoamérica, contaminándola con su podredumbre.

Desde la acción conjunta y pacífica, que integre a todos los individuos con vocación democrática, urge articular el activismo ciudadano. No servirá de nada los lamentos tras la ruina material y espiritual de nuestros pueblos cuando el “neocomunismo” desarrolle su obra maestra: la propagación del odio y la destrucción total de las naciones. Los  “neocomunistas” falsean la equidad y la justicia social con la condena perpetua del pueblo a la miseria, y los privilegios ilimitados para el caudillo y su cúpula. Los marxistas-leninistas no sólo son incapaces de crear riquezas, también necesitan la miseria pues, ¿cómo sostendrían su discurso? Si los ciudadanos prosperan ellos no podrían presentarse como “Robin Hood”. Este virus altamente contagioso infesta a cualquiera. No percibir sus síntomas es grave. La justicia y el equilibrio social no son propiedad del caudillismo fundamentalista, que realmente y en todo caso, es el patrocinador de la desigualdad, gestor de la miseria económica y espiritual generalizada.

No existen fórmulas mágicas, pero la fuerza de la capacidad y el virtuosismo, junto a la voluntad pro-democrática y la responsabilidad de sanar a la región, compete a los defensores del bienestar y los derechos para todos y cada uno de los seres humanos.

La consolidación de un imperio “neocomunista” en América Latina degradaría el encuentro con la felicidad para los pueblos, constituyéndose como la gangrena de su dignidad. No es tiempo para permanecer envilecidos. Demócratas del mundo: ¡Despertad!

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Una respuesta to “Dictaduras emergentes en América Latina”

  1. RAIZDEMANGO abril 29, 2014 a 4:56 pm #

    Fabuloso este análisis de Yuslier. Me encanta cómo dices y por supuesto la profundidad de tus pensamientos. Es increible que jóvenes como tú tengan tanta lucidez a pesar del horror del régimen. Yuslier debería ser elído por todos los cubanos con dignidad. Me encantaría colaborar con otros para ayudar a Yuslier a conectarse a Internet,recargarle su telefono móvil,enviarle una computadora. Por favor quienes se pueden y desean sumar. Imagino que los saludeños exiliados, esten planeando la forma de invitar a Yuslier a eventos, y ayudandole,moral y materialmente con todo cuanto sea posible. Enviemosle una computadora, al menos, por favor. Estuve intentando llamarle a su móvil pero no pude. Indague y al parecer se la ha roto. ¿Cómo podemos enviarle uno o todos los móviles posibles a Yuslier? Hagamos todo para soliarizarnos con este joven que lleva luz entre tantas sombras funestas. Felicidades Yuslier. Claro que sí yo te daría el premio nobel de la paz, el de joven revelación y valiente. El premio príncipe de asturias, todos los premios por tu valor ,lucidez, amor a Cuba, y si fuese saludeño, te convertiria en hijo ilustre y ya te hubiese invitado a Miami para que conocieras a tus compatriotas exiliados, y deleitarme con tanta generosidad patriotismo, inteligencia. Yuslier para alcalde de La Salud y presidente de Cuba tambien. FELICIDADES

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