Hacia las periferias

1 Jun

Desplazar el silencio, disolverlo con palabras y hechos, es más que una necesidad, significa que emerja desde los más inusuales recónditos aquello que no puede ni debe ser omitido.

 

Los jóvenes católicos cubanos no somos un apéndice, sino fermento vital en cada uno de los espacios donde interactuamos con el prójimo. Convivimos, como el resto de la juventud, construyendo la verdad, dilucidando el camino exacto hacia el bien común y aferrándonos a la paz y el amor que sólo Cristo provee. Desde cualquier sitio donde nos encontremos constituimos testimonio fértil del amor, en los tiempos donde suele abundar en muchos individuos la tendencia a cerrar los ojos, taparse los oídos y jamás abrir la boca. Somos más los que siendo testigos del amor, evitamos contaminarnos del silencio, corrosivo no sólo para el alma, también para la fe. ¿Nuestra fe puede estar enclaustrada en el templo? Claro que no. ¿Existe un vacío juvenil en el rebaño? Tampoco.

 

Sin embargo urge crear espacios que proyecten aún más el protagonismo y la interacción juvenil sin excluir ningún ámbito. Los jóvenes, creyentes o no, estamos llamados a ser virtuosos…fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza. Desde la iglesia deben pensarse y abrirse espacios para visualizar apropiadamente la entusiasta  respuesta juvenil a ese llamado. Los pastores de nuestro rebaño deben acompañarnos en los mejores caminos para tan noble fin. Es impostergable amplificar la acción, dentro y fuera del templo, de la juventud, que como lo pidió el Papa Francisco ha dejado que Cristo entre en su vida. Ha permitido entrar la palabra de Dios, dejándola germinar y crecer.

 

En la compleja realidad cubana, es imperioso, justo y necesario, crear y consolidar todo aquello que contribuya a materializar la presencia activa de los jóvenes del rebaño. Es inaplazable gestar propuestas que enaltezcan y dimensionen de la mejor forma a toda la juventud que sigue a Cristo, posibilitando además su interacción con los no creyentes. Somos una iglesia de puertas abiertas que debe salir a las periferias. El ingenio, la sana irreverencia juvenil, constituyen el impulso autóctono para trascender los muros. ¿Qué tal si nos abocamos a ello?

 

Existen espacios imprescindibles en los cuales los jóvenes católicos cubanos pudiésemos accionar. Algunos de ellos sería crear una publicación de los jóvenes, por los jóvenes y para los jóvenes. Además proyectar la acción juvenil en el mundo virtual mediante las nuevas tecnologías. Para ello es necesario incentivar la creación de sitios web y espacios en las redes sociales que permitan la conexión e interacción de los jóvenes católicos. Otro punto importante es incentivar el protagonismo del joven católico en el ámbito cultural y deportivo mediante la realización de talleres, encuentros, muestras, festivales, proyectos, en las distintas expresiones y disciplina.

No puede obviarse tampoco que urgen espacios de formación cívica, los cuales contribuyan a erradicar -o trabajar por ello- el analfabetismo cívico que corroe a la nación. Por último seria atinado pensar e impulsar en un encuentro o congreso nacional de la juventud católica cubana.

 

Los jóvenes católicos en Cuba deseamos y aspiramos salir hacia las periferias, ya es el momento de comenzar a caminar hacia ellas.

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