BRAVO GEORBIS

22 Jun

Desde hace varios años conozco su obra. En lo primero que recuerdo haberle visto fue en su magistral, como es costumbre y habitual en él, interpretación de dos personajes en ese hito del teatro cubano, que marcó Carlos Díaz con la puesta en escena de La Celestina. Su trayectoria viene desde años antes, en las Brujas de Salem con la misma compañía Teatro El Público. No he encontrado nadie, que haya tenido el privilegio de asistir a esa puesta en escena y exprese un comentario negativo sobre Georbis Martínez.

 

Supe que durante el Festival de Teatro de La Habana estaba presentándose. Vino con la agrupación española: La SARAGHINA DE STALKER y el montaje: La otra voz; dirección y dramaturgia de Manuel De. Una vez confirmé la sala donde sería, junto a dos o tres amigos alquilamos un carro y el eyaculación profesional, un placer teatral inaudito. En efecto, otra vez me domingo 27 de octubre salí desprendido. Siempre tengo la certeza de que cuando Georbis presenta, lo que presenciaré es similar a un orgasmo, como una encuentro a ese actor joven, desplayando un talento asombroso; una belleza actoral, física, corporal y personal difícilmente descriptible.

 

En esta ocasión prefiero no comentar la historia. Es necesario vivenciar el íntimo, o mejor, intimísimo trabajo actoral de Georbis. Logra que el espectador también se conmueva, con una sinopsis sin grandes complejidades: la relación amorosa que termina. En la historia, el personaje que él interpreta se enfrenta a la separación de su novio que decidió terminar. El espacio se contamina de ese “algo” cautivador que Georbis desprende con su virtuosismo. Todo lo que hace, dice, mueve y siente es real, es de verdad; sobrepasa lo que llamarían verosimilitud. Su desnudo en la escena no sólo es atractivo por una figura realmente hermosa, es que además te eleva hacia alguna parte que no me arriesgo a definir. Cada imagen, gesto, la simple acción de fumar, te arrastra a no perderte un segundo, porque percibes un individuo vivo desecho ante ti.

 

Para mi, sobra aquella mesa, las sillas, y esa imprudente utilización del recurso de la voz en off; una voz lejos de matices, intensidad, casi plana. Omitir esa voz en off es una sugerencia que quizás la propia puesta exige. Basta con Georbis, él no la necesita. Pudiera desnudarse el escenario dejando a este actor solo con los elementos, la proyección de la imagen, y ya es suficiente.

 

¿Absorbido por Georbis?, posiblemente, pero sin duda alguna por razones obvias. Después de vivenciar una experiencia creativa como la que observé, pobre del que siendo adicto al teatro no tenga deseos de actuar, montar, o al menos maldecir ese arte, por ser una infección incurable, una adicción sin rehabilitación posible y que suerte que así sea. Gracias Georbis. Dichosos los espectadores que pudimos estar en la salita de la compañía Rita Montaner. Dichosos los que han podido trabajar contigo o junto a ti, benditos ellos, y tontos si no se han dado cuenta de ese privilegio.

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