Epístola de Petro con su hermano el exiliado

Grabado está en mi recuerdo aquel día en que partiste. Nunca has sido ni será para mí una escoria. Fue duro sentir a muchos gritar, percibirlos volteando la cara al encontrarnos en la calle, observar como de repente nunca más me saludaron o contuvieron su expresión, de ellos nunca más recibí su abrazo. El tiempo pasó y ya no eras una lacra, comenzaste a ser miembro de la comunidad, mientras que otras veces te calificaron de mafioso.

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