¿Quién le pone el cascabel al gato?

7 Sep

Durante más de medio siglo,  “errores tras errores” son el largísimo historial que escrito el régimen imperante sobre la vida de cuatro generaciones de cubanos. Con el término de “error” evitan los dictadores denominar a las cosas por su nombre: fracaso rotundo. Insistir en un sistema desfasado y que no funciona pudiese parecer una ingenuidad, incluso algunos frustrados lo consideran una utopía por la cual luchar y no una teoría contraproducente. Lo cierto es que en la cotidianidad, esas justificaciones absurdas y pretextos disparatados, constituyen el “alegato” sistemático para intentar justificar la usurpación del poder y perpetuarse en el.

 

En Cuba pareciera que la ineptitud es una cualidad elemental para apoderarse de puestos directivos en todo el país. Allí lo necesario es la condición de servidumbre y docilidad. Si piensas constituyes una amenaza; por consiguiente no eres “confiable” y en algún momento serás acusado de ser una “amenaza construida desde el exterior “.

 

Para el régimen los responsables de la destrucción no existen, porque son ellos mismos. Y la fórmula de su propaganda es insultante: cuanto esté mal es culpa del pueblo que no se sacrifica; pero cuando intentan etiquetar algo de “bueno”, entonces es gracias a los “dirigentes” y blablablabla. Resulta que los responsables de la ineficacia nunca tienen nombre y apellidos. La práctica común es omitir el sujeto en cada oración. Llegan incluso a emplear el “nosotros” para responsabilizar a todo un pueblo del desastre nacional, que es culpa de una familia y el grupito que le sirve a cambio de prebendas.

 

Esa “gente” es como llama el ciudadano común a los miembros del aparato “dirigente”. Esos mayimbes pueden cometer barbaridades; hacer y deshacer según se le antoje y más tarde si acaso decir: hemos cometido “errores”. Se atreven a culpar a las víctimas como responsables del desastre. Son tan afortunados que cometen “errores” y no pagan su precio. Peor aún, tranquilamente te dicen que se equivocaron y  ahora van a volver a “experimentar”. ¿Quién va a experimentar, tú que has sido el culpable de la destrucción? ¿Me preguntaste si yo quiero servir como ratón de laboratorio en vez de gestar soluciones para mi vida? ¿Qué garantías me ofreces para confiar en que pretendes arreglar algo y no buscas simplemente entretenerme para continuar con el poder absoluto? ¿Quiénes van a solucionar los problemas: la misma gente, haciendo las mismas cosas, de la misma manera y donde el ciudadano no determina ni decide? ¿Pero además, qué experimento se necesita para saber las bases elementales que hacen funcionar a una sociedad? ¿Pretenden reinventar la fracasada ideología comunista? Los cubanos hasta el momento no hemos sufrido ninguna mutación genética que nos enrarezca, por consiguiente tenemos derechos a todos los derechos como cualquier otro ser humano del planeta; no aspiramos ni nos merecemos medias verdades, medios derechos, ni medias libertades.

 

No hay que investigar la bacteria procreadora del bienestar que permite ascender al progreso, menos aún cuando sus resultados son conocidos, en todo caso lo que hay es desatarla .

 

En resumen y sin darle tanta vuelta “intelectualoide” al asunto: La economía de mercado funciona, es la única que ha demostrado  propiciar el desarrollo de las naciones. Los demás “inventos” y “experimentos” son un fracaso rotundo. Así que basta de medidas cosméticas, que no implementan soluciones reales porque no van a la raíz del problema ni extirpan sus causas.

 

La economía de mercado es beneficiosa y debe estar regida bajo las normativas de un estado de derecho. Le corresponde al ciudadano ser el fiscalizador, y evaluador determinante, pues en definitiva será afectado o beneficiado por las acciones de las autoridades. El individuo estará indefenso si no existe respeto a la pluralidad lógica, común e imprescindible en cualquier nación, una sociedad civil dinámica y respetada jurídicamente, un estado de derecho, respeto a cada derecho de todos los ciudadanos. Con esas ausencias el ciudadano está desamparado, nadie responde ante él, ni le rinde cuentas, no tiene como defenderse.

 

Las actuales medidas cosméticas en Cuba, que están vendiéndose ante el mundo como “cambios”,  representan lo peor del salvajismo centralizado que reparte cuotas de poder a los serviles en las alturas, aunque la mayor parcela continúa en manos de una familia. Estas medidas no presentan resultados claros de progreso; sin embargo, si apuntan a la aplicación de los peores modelos del salvajismo económico.

 

Como simple ciudadano, igual que el resto de mis compatriotas, tengo muy claro cual es el camino al progreso. Deseo entonces como lo que soy: un ciudadano más, habitante de un pueblecito de campo, reiterar lo siguiente: somos y debemos ser los ciudadanos los que en Cuba podemos ponerle el cascabel al gato, y para ello no podemos esperar ni pedirle permiso a las bestias. En Cuba no habrá economía en desarrollo si no existe estado de derecho. Y no habrá estado de derecho mientras la familia Castro esté en el poder y, en vez del pueblo, sea ella quien decida.

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2 comentarios to “¿Quién le pone el cascabel al gato?”

  1. Anónimo septiembre 9, 2014 a 4:05 pm #

    ……..DEL CLARIN ESCUCHAD EL SONIDO,A LAS ARMAS VALIENTES CORRED.

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Trackbacks/Pingbacks

  1. ¿Quién le pone el cascabel al gato? | MiCuba - septiembre 7, 2014

    […] ¿Quién le pone el cascabel al gato? […]

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