Bastémonos

5 Oct

A veces ya no puedo más y necesito un espacio distinto. Son demasiadas las ocasiones en las que busco refugio para salvarme del horror donde subsiste toda la patria. Sólo allí me alivio y reposo ante tanta degradación. ¿Cómo se puede aguantar tanto? ¿Qué hicimos tan mal para merecernos una pena tan larga?

 

Una sensación de angustia insiste en azotarme junto a esta condena en la que existimos. La vida se está marchando. Los días pasan, unos tras otro, con el alma estropeada. Son seres humanos quienes están perdiendo lo más preciado: tiempo de vida. Casi cuatro generaciones aplastadas. ¿Cuánto tiempo más?

 

La calma a veces puede convertirse en un cáncer. En Cuba, la espera ha conllevado que abuelos, padres, hijos, hallan partido de este mundo esperanzados; pero sin ascender a la libertad. Los años se van volando y cuando me percate hasta yo también habré dejado de ser joven, ¿en lo mismo?

 

Me niego a creer que no despertemos de esta pesadilla. No admito imaginarnos más tiempo con la frente baja, la dignidad hecha trizas, la felicidad postergada, los sueños amurallados. Entreguémonos un poco de paz. Paremos la división de las familias, no quiero tener que decir más adiós en un aeropuerto. Quiero que todos los cubanos seamos podamos vivir. No puede ser que el pan nuestro de cada día, precisamente sea padecer las mil y una noches para lograr conseguirlo.

 

¿Es un error no irme yo también? Para muchos sí; pero ahora mismo si lo hiciera, ¿qué le respondo a mi conciencia? ¿Llegará el día en que partir no sea la solución para todo? Hay que hacer algo, nadie nos va regalar lo que debemos ganar nosotros mismos; nos corresponde ascender, nadie nos va a subir. Crece la voz; pero no basta, hay que hacer algo. Hundamos los lamentos, abarrotémonos de libertad. Es doloroso que te pateen el alma, pero lo es aún más cuando no puedes ni siquiera gritar. No hay herida sin dolor, ni libertad parida sin empeño. Sentémonos después; ahora emborrachémonos juntos derribando la cortina de hierro invisible, pero perenne. Vamos pedaleando contra la tormenta, arrimándonos como la marea y con la sonrisa en cada orilla del alma. Dibujemos las señales sobre el muro; escarbémosle sus grietas; rayemos sus ladrillos con graffiti de libertad.

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