No fue San Lázaro

1 Mar

Ese día me acosté a las seis de la mañana, al concluir casi trece horas de trabajo y después de bañarme, jarrito en mano, con el agua caliente. Pretendía seguir durmiendo pero me despertó el deseo irresistible de orinar. Al salir del cuarto y pasar por delante del televisor, con los ojos semiabiertos sintonicé el canal educativo 2 de la televisión nacional, por el cual se transmite Tele Sur: el canal del comunismo cavernícola latinoamericano. Entre Tele Sur y los medios de incomunicación cubanos he recibido un riguroso entrenamiento para leer entre líneas, interpretar la noticia al revés de como la enfoca el medio y dudar, siempre dudar de la percepción de medios que presentan como heroico al grupo terrorista palestino Hamas; califican de luchadores por la paz a las narcoguerrillas comunistas en Colombia; alaban a la dinastía en Corea del Norte o lamentan el derribo del muro de Berlín. En la mañana del 17 de diciembre de 2014 pensaba simplemente escuchar alguna noticia, por eso no me empeñé en sintonizar Radio Martí. Pretendía seguir durmiendo, y debido a la interferencia me quitaría el sueño lograr la sintonía con Radio Pepe. Quería descansar. A las cinco de la tarde comenzaba nuevamente mi otra jornada de doce horas. No llegué al baño, sólo atiné a encender un cigarro y clavarme en el sillón. Tele Sur estaba informando sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre EEUU y la dictadura de la familia Castro. Alan Gross ya se encontraba en su patria y los tres espías de la red avispa, que aún guardaban prisión, llegarían a Cuba en unas horas. Obama y Raúl Castro de un momento a otro realizarían sus declaraciones. El Papa Francisco sirvió de intermediario. Las conversaciones habían comenzado clandestinamente desde que Obama asumió su segundo mandato.

 

Un cúmulo de sorpresas me acechaba en sólo unos segundos, intentaba procesar lo más rápido posible todo aquello. No lograba hablar, sólo encender un cigarro detrás de otro y pedir un poco de agua. No estoy seguro si tenía sed. Sentía asco, indignación. ¿Y todas las víctimas durante este tiempo? ¿Y los huevos, los actos de repudio, los fusilados, los presos  políticos? ¿Y las víctimas de la UMAP, los desaparecidos, los ahogados en el estrecho de la Florida? ¿Y la muerte de Zapata, Pedro Luis Boitel, Laura Pollán, Oswaldo Payad? ¿Y las huelgas de hambre de Fariñas, las golpizas contra Antúnez, Iris Tamara Pérez Aguilera, la UNPACU, Martha Beatriz Roque Cabello, Berta Soler y Las Damas de Blanco? ¿Y las avenidas de dolor y sangre en Cuba y Miami? ¿Y los que no tienen voz, los que sufren hambre, los oprimidos, y mi pueblo? ¿Y aquellos que han sufrido tanto por culpa de esta dictadura y me ayudan a mantener con vida a mi madre? ¿Y la dignidad, la solidaridad? Para colmo, el líder de mi iglesia en medio de todo este ajiaco. Francisco presente en aquello como mediador. El mismo Francisco a quien a estas alturas no lo he escuchado jamás un pronunciamiento público contundente para defender a los oprimidos dentro de Cuba, para proteger a todos aquellos que se exponen a la represión cruel, inhumana y degradante dentro de la patria simplemente por hacer lo que Dios manda: no ser inhumanos, insensibles, indiferentes, indolentes. Pedía perdón a Dios por rechazar la acción de Su Santidad. ¿Por qué también no actuaba clara y concretamente por los oprimidos dentro de Cuba? Recordé el encuentro de Francisco con movimientos sociales en el Vaticano. Me llamó la atención que los presentes representaban movimientos de izquierda o comunistas. ¿Las otras opciones políticas no son movimientos y no son sociales? Siempre quise equivocarme cada vez que decía a mis amigos: -Nuestro nuevo Papa posee muchos motivos para ser aplaudido, pero me huele raro. Cuidado, la ingenuidad no es perdonable desde su posición- ¡Como quisiera estar equivocado, ojalá estar errado! Trataba de consolarme pero nada me calmaba. Lo sabía, lo presentía, los editoriales continuos del New York Times no eran por gusto, estaban preparando el camino. Hasta el Granma reproducía íntegramente los editoriales del Times.

 

Aún no sé por qué retornó a mi mente Miguel D´ Scoto: cura nicaragüense, quien por todas sus acciones incoherentes con un sacerdote fue separado de ese ministerio y recientemente le perdonaron todos sus actos, permitiéndole nuevamente ejercer el sacerdocio. Sin embargo, sigue actuando igual y ha salido en el propio Tele Sur mezclando a Dios con el marxismo-leninismo, denominando a esa ideología criminal el paraíso prometido y comparando a Chávez y Fidel Castro con Cristo. Llama a Cristo marxista ¿Esas palabras son apropiadas para un padre? ¿A cuál católico pudiera confesar ese hombre? ¿Cómo puede bendecir o consagrar alguien que llama a los no marxistas hijos del diablo? ¿Cómo se puede negar la existencia de Dios y creer en Él al mismo tiempo? ¿Alguien pudiese explicarme entonces, por qué la jerarquía en mi país no protege a los activistas de derechos humanos en Cuba y justifican tal acción diciendo que son imparciales? ¿Por qué la jerarquía de mi iglesia no protege a la oposición pacífica, a los cubanos que luchan por los derechos de sus compatriotas? ¿Es imparcialidad lo que hace D´ Scoto? Estas incongruencias profundizan cada vez más las lagunas que denotan el vacío de respuestas sinceras y concretas en Cuba. Cada vez resulta más convincente el criterio sobre el miedo que tiene la jerarquía de mi iglesia, o que las autoridades eclesiales cubanas prefieren un Seminario antes que actuar a favor de los oprimidos. ¿Los pastores del rebaño no tienen que enfrentar todo para proteger y defender a sus ovejas? Cada vez creo estar más seguro que un Karol Wojtila en Cuba, la pasaría muy mal con la jerarquía cubana. Espero que a la jerarquía de mi iglesia no le importe más un viaje de vacaciones a Miami que proteger y defender al rebaño oprimido. Las Conferencias de Obispos Católicos en muchas otras latitudes tienen otras realidades, sus rebaños no sufren el totalitarismo, ni el yugo del marxismo-leninismo y por ello esas ya no son cuestiones a tratar; pero para el pueblo cubano sí, esa sigue siendo una realidad en Cuba. Ante esas circunstancias, ¿dónde están los Obispos cubanos?, ¿tienen una postura clara?

 

Mientras esperaba los pronunciamientos de Obama y Raúl Castro seguía en oración:-Dios aclárame, haz que entienda- Y volvía a encender otro cigarro sin levantarme del sillón. Tal como lo esperaba fue. El discurso de Obama era lo que necesitaba la tiranía. En primer lugar porque el mandatario estadounidense no llamaba dictador a Raúl Castro, equiparando al tirano con un gobernante democráticamente electo; para hablar de la violación a los derechos humanos Obama utilizó las frases menos directas posibles. Alan Gross fue humillado al ser equiparado con los espías del régimen. Esa es la “real política”, o mezquindad política. ¿Desde cuándo se califica cómo espionaje regalar teléfonos celulares e intentar conectar a Internet a los seres humanos? Obama daba la razón a la dictadura con su acción de canjear a Gross por los espías del régimen. ¿Entonces Alan Gross cometió un delito contra la seguridad e integridad nacional? ¿El acceso a Internet y  regalar teléfonos móviles es prácticamente un acto terrorista y Obama coincide con la dictadura castrista en ello?

 

El anuncio de relaciones diplomáticas con la tiranía castrista significa legitimar una salvaje dictadura, sin exigir elecciones democráticas, por consiguiente pluripartidistas. Nada, no se exige nada a cambio y quedan abandonados quienes resistiendo la represión salvaje se aferran a defender a sus compatriotas. Esos cubanos son los que no venden ni traicionan los principios y valores universales. Esos mismos cubanos continuarán siendo las victimas de la maquinaria represiva que Obama premia y ayudará a financiar. Ojalá esté equivocado y dentro de muy poco alguien pueda mostrarme un beneficio real para los cubanos que provenga del error cometido por Obama.

 

El pasado 17 de diciembre estuve otro tiempo sentado ante el televisor y grité de todo. No obstante, continúo apostando por mi pueblo. Cuba no es el ombligo del mundo, pero si es el ombligo de los cubanos que la amamos. No sé cómo pero de pronto me contaminó el didactismo y como los niños saqué una moraleja: Nunca hagas como Obama, los principios y valores no se negocian, ni se traicionan, por mucho que semejante acción sea presentada como correcta por la politiquería ingenua, mezquina o insensible. También comprendí que cometer actos estúpidos por supuesta ingenuidad o buena voluntad, no exonera a quién comete semejantes actos de la ignorancia y mucho menos de la mezquindad. Ah… y por supuesto, sin lugar a dudas, San Lázaro no tuvo la culpa.

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