Cuba en el nuevo cachumbambé

Ante las nuevas circunstancias de la política hacia Cuba del actual presidente estadounidense tengo mis propios criterios, los cuales coinciden con unos y con otros no. Eso es normal. No obstante, respeto plenamente a quienes teniendo visiones diferentes a las mías también amen a Cuba y con franqueza deseen para el resto de los cubanos lo mismo que desearían para ellos y los suyos.

 

Intento tener claridad en lo que deseo para mi país, y por supuesto también definir qué no apoyaría jamás para Cuba. Y es precisamente aquello con lo que no concuerdo lo que intento clarificar en momentos delicados.

 

Prefiero no legitimar dictaduras, sean las que sean. Las dictaduras son dañinas y constituyen sin excepción un arma para la destrucción masiva de los pueblos porque destruyen su dignidad, además de arrasar materialmente con ellos.

 

¿Qué justifica legitimar el poder ilegitimo de un dictador que usurpa el poder gracias a la utilización del terror, la opresión burda y la represión salvaje? Raúl Castro es un dictador y no un presidente. Fidel Castro no fue, ni Raúl Castro es, presidente, porque ninguno llegó al poder por elecciones democráticas, por consiguiente pluripartidistas, mediante el voto libre, directo y secreto, en procesos electorales honestos, justos y transparentes. Un dictador no es homólogo de un gobernante democrático. Raúl Castro no es homólogo de Obama ni de ningún otro presidente democráticamente electo, porque el General de Ejército, al igual que su hermano, no se ha sometido jamás a elecciones democráticas. La familia Castro se traspasa el poder por herencia como las dinastías.

La vigente dictadura castrista es un rezago, un fósil, de la guerra fría que lamentablemente perdura. Deseo firmemente que dejemos atrás los rezagos de la guerra fría, incluyendo a la tiranía de la familia Castro; también el estalinismo frustrado y ”sovietismo” nostálgico, intrínsico en el siniestro Vladimir Putin y su régimen, entre otros rezagos.

 

¿A ciertas “fuerzas” les conviene la implantación en Cuba del modelo chino o vietnamita, o una versión castrista del putinismo, o de “la hermandad” del PRI, partido que en México se mantuvo en el poder ininterrumpidamente durante setenta años? Los cubanos no hemos sufrido ninguna mutación genética que nos “enrarezca”, por consiguiente tenemos derecho a todos los derechos. Puede entonces resultar incomprensible aquel criterio que plantea: “a los cubanos lo único que les hace falta es que vengan norteamericanos y extranjeros a ofrecerles trabajo, les paguen algún dinerito para ir sobreviviendo, lo demás no les hace falta”. Tengo la impresión que ese criterio considera a los cubanos como cerdos: los cuales únicamente necesitamos algún Amo que nos tire un poco de desperdicios en el corral.

 

Curiosamente al compartir con algunos compatriotas que emiten esos criterios y preguntarles si retornarían a Cuba en una situación como la que plantean, me han contestado: “ni estando loco”.

También he preguntado a varios compatriotas que si es tan “vivible” y viable las versiones del modelo chino o vietnamita, o el putinismo, ¿por qué no emigran a esos sitios?, y me han contestado: “ni que estuviera loco”.

 

¿Entonces por qué los cubanos que vivimos en la isla mereceríamos semejantes “modelos”? Hasta la fecha no he obtenido respuesta a esa última interrogante.

 

Más allá de cual sea la posición con respecto a la política de Obama hacia Cuba surge una pregunta: ¿Por qué no fueron invitados a la apertura de la embajada estadounidense en La Habana aquellos que debieron estar en primera fila? Me refiero a la oposición interna, la prensa independiente, la legítima sociedad civil cubana. ¿Hubo presión por parte de la dictadura para que esto ocurriese? Posiblemente si, pero esa presión fue correspondida y aceptada por la administración Obama.

 

En la apertura de la embajada en Washington asistió una delegación de 700 castristas, y se gritó: “¡Viva Fidel!” ante los funcionarios estadounidenses presentes. El régimen castrista concibió esa inauguración como mejor le pareció, ¿por qué no ocurrió al revés? Quizás si, talvez los funcionarios estadounidenses concibieron la inauguración de la embajada en La Habana como quisieron: sin representación de la legítima sociedad civil, la cual exige un Estado de derecho en Cuba y ese deseo puede aguarle la fiesta a muchos desinteresados en ello, porque pudiese dañar sus intereses.

 

¿Pudo ser posible invitar a una delegación castrista y a la sociedad civil a la inauguración de la sede diplomática, y si alguien se sintiera incomodo que se quedara en casa?

 

La administración Obama relegó a quienes han consagrado su vida, incluso a riesgo de perderla, por la libertad, la democracia y el Estado de derecho en Cuba. Fue desechado un excelente momento para “empoderar” a los cubanos, a esa legítima sociedad civil que el propio Obama, según afirma él mismo, pretende “empoderar” con su política. ¿Cuándo y cómo comenzará ese “empoderamiento”?

 

Aumentan las preocupaciones por la exclusión de la sociedad civil cubana en el denominado “acercamiento de la administración Obama con Cuba”. Suena impreciso y hasta inexacto hablar de “acercamiento con Cuba” y que sólo tenga relevancia la dictadura, mientras la oposición es invitada a conversar en un “cuartito”; esa oposición fiel al principio de que los cubanos somos un sólo pueblo, que posee propuestas concretas, proyectos claros, para beneficio de todos los cubanos: tanto los del exilio como los que vivimos en la isla.

 

Me opongo a que en Cuba se traspase nuevamente el poder, según la voluntad de la familia Castro y no según la voluntad auténticamente soberana del pueblo, incluso aunque ese traspaso sea maquillado.

 

 

No estoy de acuerdo con una falsa reconciliación, que en Cuba pervierta el genuino significado de ese proceso. La reconciliación entre cubanos no es la relación entre la dictadura de la familia Castro y el gobierno de los EE.UU. La reconciliación es un proceso que implica cero impunidad, por tanto justicia: con impunidad no hay justicia y sin justicia no hay reconciliación sino impunidad. Solo con la justicia pueden avanzar las fases en un proceso de reconciliación genuina:

 

1- Arrepentimiento por los crímenes cometidos

2- Ascensión de la verdad, mediante la confesión de esos crímenes cometidos, lo cual demostraría también el verdadero arrepentimiento.

3- Solicitud de perdón.

4- Realización del bendito acto de perdonar por voluntad propia y nunca mediante terceros que se auto consideren “capacitados” para perdonar por los demás.

 

Para muchos es difícil perdonar cuando ni siquiera le han pedido perdón, y sus heridas sangran sin recibir justicia. No se trata de venganza, tampoco de revancha, sino de justicia y ascensión de la verdad que es piedra angular en una reconciliación. Nadie puede estar por encima de la justicia ni fuera de su protección.

 

Existe mucho más por clarificar en la coyuntura actual que está atravesando Cuba donde aquellos comprometidos con el Estado de derecho y la democracia en la isla, los cuales aspiran a terminar con ese rezago de la guerra fría que constituye el castrismo y sus secuelas, son percibidos como los aguafiestas por quienes solo buscan estar presente en la piñata del festín al que aspiran, sin preocuparles la suerte del pueblo cubano.

 

Entre quienes apoyan la política de Obama hacia los Castro, existen personas francamente pensando que así se contribuirá mejor a lograr el Estado de derecho, la libertad, democracia, prosperidad y el bienestar para Cuba. También existen esos a los que les resulta intrascendente cualquier cosa.

 

Por otra parte están los oportunistas, que aunque no se atrevan a confesarlo en público se afilan los dientes imaginando los beneficios provenientes de una hipotética posibilidad de inversión en Cuba, a costa de la explotación de los cubanos en la isla que sin Estado de derecho no tendrán posibilidad alguna para defenderse ante determinadas injusticias.

 

Tener visiones diferentes de una misma cuestión es natural, ¿pero debe aplaudirse el deseo de quienes escondiéndose detrás de una “nueva estrategia” busquen en silencio sacar una tajada de beneficios aplastando al pueblo cubano? ¿Puede aplaudirse la estrategia de quienes amparados en “nuevas visiones” se frotan las manos por los beneficios que pueden obtener si logran explotar a los cubanos trabajadores, que en Cuba no tienen derechos y estarán dispuestos a recibir remuneraciones miserables, aunque fuesen más altas que las actuales, y nunca podrán protestar?

 

¿Varias artimañas están tramándose desde la cúpula en el poder para garantizar maquillajes que le permitan continuar como los propietarios de Cuba? ¿Es por gusto qué militantes comunistas de la vieja guardia y algunos “segurosos” de poca monta aleguen: “Obama pide algo que nos legitime para el poder legitimarnos”? Alguna trampa viene y quizás salga a relucir pronto.

 

¿Cuáles serían las razones para dudar que la administración Obama, u otra, legitime cualquier fraude o trampa, y así poder referirse a “autoridades legítimas” en Cuba, las cuales serían una continuidad de los “actuales propietarios”?

 

¿Cuál sería la evidencia que permita “confiar” en un compromiso verdadero o solidaridad real de la administración Obama con el Estado de derecho, la democracia, libertad y prosperidad para el pueblo cubano?

 

No espero que la administración Obama manifieste públicamente todas las motivaciones que le llevan a implementar su actual política, el gobierno estadounidense además de dejar un legado puede tener otros intereses. ¿Preferiría el mandatario estadounidense el pase del totalitarismo al autoritarismo en Cuba por alguna o varias motivaciones?

 

Sin embargo, las actuales y complejas circunstancias exigen habilidad y astucia. Quedarse en las orillas de las vías sería contraproducente. Ante cualquier indignación, por muy natural, lógica y hasta patriótica que resulte, no puede abandonarse el terreno de juego. Hay que permanecer en el campo intentando siempre batear jonrón. No importa cuán insultante o indignante pudiese resultar, pero siempre será más útil estar que ausentarse y dejar el espacio vacío. Respírese hondo después de desahogar toda la indignación lógica, comprensible, si se percibe como traición cualquier acontecimiento; y después, a obrar serenos. No es útil quedarse sentado en las gradas. En el actual ajedrez hay que mover hábilmente las fichas para dar jaque mate. No es posible mover fichas si se abandona el tablero. Levantarse de la mesa permitiría jugar con facilidad a aquellos intereses no comprometidos con la libertad de Cuba.

 

Mientras tanto, algo se reafirma una y otra vez: los cubanos somos quienes debemos y queremos salir del castrismo y sus futuras secuelas. Para Cuba hay solución: el cambio en paz hacia la democracia. El castrismo constituye un repulsivo rezago de la guerra fría que permanece intacto y ha de ser cambiado; removido desde sus cimientos; cortadas sus metástasis; amputada su gangrena, extirpado desde la raíz; dejado atrás, para que en Cuba germine el bien común.

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