Petro y los silencios

9 Nov

Aún no había caído la tarde y las campanas de la Iglesia se escuchaban ténues, como si estuvieran muy lejos y no a unas pocas calles. Petro había permanecido allí por breve tiempo, pero ya tenía colmado aquel lugar con las colillas de su cigarro. Fumar y a veces beber algunos tragos era común para él, habituado a practicar ese casi rito mientras pensaba, o intentaba pensar.

 

Mantenía cerrado el libro y tarareaba alguna canción escarranchado sobre aquel banco invadido por el óxido. Petunia enloquecía cuando Petro se iba del aire, así describía la novia a esas enajenaciones en que su macho caía una y otra vez. Le resultaba incomprensible a Petunia que Petro desperdiciara los momentos para estar juntos en andar por las musarañas ¿No era mejor tener sexo sin pausas prolongadas? ¿Petro en qué pensaba tanto?, ni siquiera se trataba de mujeres, pero se abstraía muy fácil. Y se ha puesto peor desde la visita a Cuba de Su Santidad el Papa Francisco.

 

-¿Por qué tanto silencio?- preguntó en una ocasión a Petunia sin que ella pudiera entender a que se refería Petro.

 

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