La censura se resiste a desaparecer

25 Dic

Tenia 20 años cuando la censura una vez más – había ocurrido en otras ocasiones, y todavía no me abandona- volvió a romancear conmigo. Aquel militar jubilado era por entonces director de una entidad que debía promover e impulsar la creación y se convirtió en la punta de lanza para intentar sepultar mi puesta en escena. Los motivos fundamentales del censor fueron que la obra se había presentado un 20 de mayo, y, según él, había visto el pezón de una actriz que no estaba desnuda. En cuanto a la fecha del estreno parecía molestarle que coincidiera con la instauración de la República en 1902. Y el famoso pezón tuvo mala suerte: al parecer el señor director se enfrascó tanto en verlo que lo logró. Posteriormente en algún festival, celebrado en otra localidad, la obra fue premiada.

 

Pero la censura en mi país se resiste a la extinción, no es cosa que puede ocurrirle solo a un desconocido joven que inicia algún camino de creación ni se suscita únicamente en determinada periferia. El cubano Juan Carlos Cremata, director de cine y teatro, ha devenido en el blanco al que dispara la censura nuevamente en Cuba. Para Cremata la censura no es novedad, pero los censores se han enfrascado con su última puesta en escena: “El Rey se muere”.

 

La polémica aún vigente motiva la solidaridad de sus colegas y de otros seres sensibles. No pude sentarme en la butaca como espectador de la última puesta en escena de Cremata, porque fue eliminada de la cartelera con prontitud. Sin embargo, la cuestión en éste caso no es si “te gusta” o “no” la obra, el meollo del asunto transita por otros trillos. ¿Quién es el iluminado que se considera apto para imponer a otros la estética, poética que deben acoger en su creación? La obra creativa de cualquiera pudiera no calificar en las preferencias personales de otro, pero ello no debería permitir a nadie, por alto que sea su cargo, la posibilidad de liquidar la creación o linchar a su creador. Únicamente si un grupo o individuo, o entidad, posee el monopolio de los espacios para la presentación, puede retirar una obra de todos los circuitos o pretender que el creador nunca más retorne a los escenarios. Cremata, como cualquier otro individuo, tiene el derecho de crear con el estilo que prefiera sobre la temática que desee y decidir si primero está el arte o aquello que los censores denominan revolución. Los espectadores somos quienes decidiremos si disfrutamos de una puesta en escena o nos levantamos de la butaca y salimos de la sala.

 

Con el Arte todo, contra el Arte nada.

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