Ágape: amor auto sacrificante

11 Ene

En mi patria, hubo una vez esperanza “verde olivo”: aquella depositada por los cubanos en el hoy régimen castrista. Una vez el castrismo tuvo el corazón del pueblo en sus manos y lo apuñaló, lo mató. El odio intrínseco en un sistema fracasado, o una ideología basada en el odio y el fomento de la violencia entre los seres humanos, no puede, no sabe, no quiere, no es capaz ni le importa atesorar el corazón de un pueblo. El odio no sabe amar. El castrismo traicionó la fe de los ciudadanos, vendió falsa esperanza y extinguió la confianza que un día los cubanos depositaron en la pretendida revolución: proceso destrozado, que terminó en la ascensión de una dictadura considerada con justeza la más cruel, inhumana, degradante y longeva del continente.

 

Fidel Castro, amó tanto a los pobres que los fabricaba en masa, ayudó a que los pobres sean muchos y cada vez más pobres. Hundió en la miseria a Cuba toda, igual hubiera hecho con la humanidad completa si la suerte le hubiese permitido convertirse en el Emperador del mundo. Fidel Castro amó tanto a los pobres que masificó la pobreza, la llevó a cada rincón, se esforzó incansablemente en multiplicar la miseria: esa es una obra que nadie le puede omitir al castrismo. Y con tal epopeya la familia Castro tampoco innova: la multiplicación de la pobreza es solo una copia del estalinismo. La dinastía castrista puede ser una excelente copiadora, porque pareciera incapaz de innovar, su ingenio parece ser precario, o muy miserable.

 

Raúl Castro -al igual que sus “sostenedores”- continúa el legado de la dinastía, y su grupúsculo enquistado en el poder es una élite creada a imagen y semejanza de Castro I. El General continuará el legado del Gran Hermano.

Hace algún tiempo mientras leía encontré una palabra que sintetiza varios significados, en tan solo cinco letras confluyen sentimientos, obras y emociones nobles. Me refiero a Ágape: término griego que describe un tipo de amor incondicional y reflexivo. Ágape significa además ese amor que lleva al amante a tener en cuenta sólo el bien del ser amado. En este sentido, también se refiere a ese amor que devora al amante, pues éste es capaz de entregar todo desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. Filósofos de Grecia antigua empleaban el término para designar, por contraposición al amor personal, el amor universal, entendido como amor a la verdad o a la humanidad. Autores clásicos, también filósofos griegos contemporáneos de Platón, usaron la palabra “ágape” para denotar amor por el cónyuge, por la familia, o por una actividad en particular. Aunque el término no posee necesariamente una connotación religiosa, éste ha sido usado por disímiles fuentes antiguas y contemporáneas, incluyendo a las Sagradas Escrituras del cristianismo. Los primeros cristianos emplearon la palabra ágape refiriéndose al amor de Dios para con el hombre y al amor “auto sacrificante” que cada ser humano puede y debe sentir hacia los demás. En las primeras comunidades cristianas ágape también era una comida en común, significado que conserva en la actualidad: comida, banquete. Los primeros cristianos llamaban ágape a la comida de caridad que hacían entre sí para cimentar la concordia, unión, fraternidad. En lo referente a la comida de grupo o banquete, ágape implica además alimentos en abundancia y una buena calidad de los mismos.

¿Es posible un amor leal, fiel y “auto sacrificante” hoy? Si, creo firmemente que sí y puede ser constatado en múltiples ámbitos, aunque quizás lo contrario al servicio honesto, al amor desinteresado, sea lo que más ‘venda’. Talvez el amor pleno a la otredad parezca solo el guión de un cursi audiovisual, pero existe y se manifiesta en las personas, ¿en cuántas? es una estadística difícil de conseguir. Considero que el amor, la entrega noble y el servicio honesto es algo tan cierto como el oxígeno que respiramos.

 

¿En Cuba existe Ágape: entendiendo la palabra como servicio honesto, como amor auto sacrificante? Si, y también se manifiesta en múltiples ámbitos.

 

Hay amor “auto sacrificante” en aquellos padres que luchan por servir un plato de comida a sus hijos, por calzarlos, vestirles a pesar de los riesgos y las consecuencias, puesto que cruzar constantemente la estrecha línea de la “legalidad” socialista se convierte en el pan nuestro de cada día y es la ruta para sostener a los hijos, y tener que ofrecerles cuando los niños mirando a los ojos de sus padres dicen: “Tengo hambre”. Existe amor desinteresado en aquellos familiares que en medio de la precariedad asumen el cuidado de sus ancianos, lo cual muchas veces implica que alguien abandone su trabajo y suspenda varias aspiraciones personales, sueños profesionales. Se desborda el amor, en los padres cuando sus hijos se van de Cuba buscando mejores horizontes, o en esos que sin pensarlo dos veces convierten la casa en un “picadillo” para que los hijos puedan tener el pequeño espacio propio donde construir una familia.

 

Percibo amor noble cuando los cubanos fuera del país ayudan a servir un mejor plato de comida a sus parientes en Cuba, o donan, regalan, contribuyen con obras caritativas, o envían la medicina al antiguo vecino. Soy testigo de cómo el amor de Dios puede manifestarse en la generosidad de muchos cubanos fuera de la isla ante una situación de salud, o la urgencia de un medicamento para cualquiera dentro de Cuba, aún cuando ni siquiera conocen al necesitado.

 

Existe ágape en los cubanos, no tengo la menor duda. Y es perceptible en maestros como aquel que en una ocasión me decía: “moriré de hambre, inventaré, pero jamás suspendería a un alumno para que me soborne, nunca alteraré las notas de un estudiante para así recibir regalos de sus padres”.

 

Pienso en el médico que asiste a su consulta, y muchas veces pasa el día sin tragar bocado, inventando cómo suplir la ausencia de algún medicamento, hallando alguna alternativa, o cuando no dispone de los utensilios necesarios. Y no obstante, atiende a los pacientes con turno o sin turno, recomendados por… o sin recomendar. Y busca la forma de actualizarse en su especialidad mediante amigos que puedan acceder a las últimas informaciones y avances. El médico sabe que su universo cambia y no quiere quedarse atrás en el conocimiento.

 

Ágape está dentro de cada joven con ilusiones y proyectos aunque no encuentre como desplegarlos. Ágape hay en Cuba en cada individuo que aún sueña, y piensa y sostiene la esperanza. Ágape hay en Cuba cuando existen cubanos fuera y dentro de la isla que no pretendemos decir a nadie lo que tiene que hacer, y acercándonos al prójimo preguntamos: ¿en qué podemos servir?

 

Ágape puede ser un camino plural cuyo noble servicio permita a Cuba enrumbarse hacia el bien de todos sus hijos, sin exclusiones. Ágape puede ser – quizás ya es- una corriente cívica de cambio en paz.

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