Impresiones

26 Mar

La visita de Obama a Cuba tiene dos momentos que probablemente guardarán en su memoria muchos cubanos: el“papelazo”de Raúl Castro durante la conferencia de prensa, y el discurso del mandatario estadounidense en el Gran Teatro de La Habana. Los medios de comunicación en Cuba por supuesto que no transmitieron la feroz represión contra las Damas de Blanco y otros cubanos que continúan manifestando su sensibilidad patriótica.

Por otra parte, los órganos de propaganda del Partido Comunista parecían empeñados en restar importancia al evento. Sin embargo, la conducta de Raúl Castro  al que las preguntas lo irritan fácilmente motivó los chistes esperados y las críticas de la gente ante el show “raulista”. Castro II no está entrenado para dialogar,mucho menos para responder a periodistas. Al General una tribuna libre le queda grande, parece que la soberbia y arrogancia de casi 60 años en el poderle impiden no sentirse como el Faraón. Tres preguntas le parecieron muchas al dictador, que demostró nuevamente las verdades del “poder judicial” cubano al prometer liberar a los presos políticos en la noche si le hacían llegar la lista con los nombres. Así de la tarde a la noche Su Majestad Castro II podía explicitar que la justicia en Cuba es simplemente lo que decida su reverendísima voluntad. Para reafirmar la renuncia a cualquier sucesión “revolucionaria” en la realeza,el hijo del dictador estuvo presente en diferentes momentos durante la visita, y hasta Mariela Castro ofreció una entrevista en Tele Sur. Quizás los descendientes del Castro que actualmente disfruta el trono pensaron ante aquella conferencia de prensa empañada por su mismísimo padre: ¡Jubilemos a papi!¡Y agarremos nosotros ya, que caray…El Sultán va de mal en peor!

El discurso de Obama ha conmovido por múltiples razones y cautivó. En los términos del béisbol sería un jonrón con las bases llenas. Las palabras en el Gran Teatro son la comidilla entre la gente porque el mensaje fue claro; remarcó la elegancia, elocuencia del orador, y los televidentes le notaron franco. La proyección del presidente estadounidense acentúo una diferencia abismal con el octogenario gobernante que no logra parecerse a como le llaman: “presidente”.

¿Cuál será la trascendencia de la visita de Obama y especialmente su apreciable discurso en el Gran Teatro de La Habana? El tiempo dirá, como también pudiese responder varias interrogantes que emergen por la visibilidad del heredero en jefe:Alejandro Castro Espín y sus estrechones de manos con Obama. ¿Sucesión quizás maquillada, pero legitimada? Ojalá que no.

Ya el presidente de los Estados Unidos posee la foto que deseaba incluir en su legado. Los cubanos continuamos en nuestra nublada realidad y el régimen no  varía un milímetro de su intrínseca perversión. En Cuba no hay avances en el respeto a los derechos humanos.

Dios quiera que muchos compatriotas comprendan que únicamente obtendremos lo que construyamos. Ni Harry Potter, Batman, Superman o mortales superhéroes de ficción, o actos de magia, o la “gracia” de un extranjero serán la solución. Solo si los cubanos obramos amorosamente y asumimos lo que nos corresponde, Cuba dejará de ser el país de las enormes y perpetuas dificultades, humillaciones, frustraciones y violaciones a los derechos humanos, para convertirse en la patria de todos sus hijos, donde los sueños son posibles y se hacen realidad. Necesitamos explicitar nuestro amor al prójimo.

 

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