El camino es el pueblo, no el P C C

15 Abr

Depositar esperanzas en el Congreso de un partido que todavía rememora el himno de la “Internacional” y tiene como paradigma a Stalin, pudiera llevar a una gran decepción. A estas alturas es difícil conocer cubanos que verdaderamente compren la falsa esperanza que vende el régimen imperante en Cuba. Quizás se podrá tener una incurable afición por la arqueología; pero considerar que un fósil de la guerra fría, pueda contribuir al bienestar en el siglo XXI parece una abundancia de optimismo.

 
¿Qué hay obra humana perfecta? No, no conozco ninguna; pero lo que sí existe son obras perfectibles, y mejores a otras, y vivibles. Ninguna dictadura es una opción. Nadie escoge mal vivir subyugado. Andar de fracaso en fracaso, e insistir en el estancamiento, es una mala “plataforma programática”, o un pésimo conjunto de lineamientos. No obstante, una dictadura es algo peor que un mal gobierno o una mala administración. Y en las dictaduras quienes ocupan el poder se llaman dictadores.

 
Hubo una vez, un pueblo que tuvo esperanza verde olivo, y hasta roja, pero fue traicionado. Alguna vez el pueblo cubano depositó su corazón en las manos de algo que degeneró, convirtiéndose en dinastía, o dictadura, y régimen totalitario. ¿Acaso el marxismo-leninismo no ha sido el marco ideal para que cualquier dictador se perpetúe en el poder? Próximo a cumplirse un siglo que la fusión ideológica de Marx y Lenin llegara por primera vez al poder, ¿cuál es el resultado? ¿Cuáles son los resultados de cualquier versión del marxismo-leninismo?

 
Volverá a reunirse el Partido Comunista de Cuba. Hasta el momento no hay evidencias de que el dictador Raúl Castro renuncie a buscar para su familia la perpetuidad en el poder. Que el pueblo sea el verdadero soberano no es la voluntad de ningún dictador, o familia con inclinación dinástica. Otra cosa es la voluntad, necesidad y derecho del pueblo cubano a ser el titular de la soberanía nacional. Sólo del pueblo pueden surgir las soluciones amorosas y pacíficas que arreglen el desastre nacional.

 
La instauración de un Estado de derecho, la democracia y el bienestar de los cubanos, no llegará a Cuba por voluntad de la monarquía absoluta que nos oprime y no se arrepiente, ni pide perdón.

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