Preludio de resurrección: la caída en Dos Ríos

22 May

El 20 de mayo, en igual fecha pero del año 1902 nació la República de Cuba que no era perfecta, pero si perfectible. ¿Qué Republica nació perfecta? ¿Qué parto, aunque esperado y amado fuese, está libre de “sorpresas”? Ante las circunstancias indeseadas que surgieron el 20 de mayo de 1902, abundaron muestras de apasionadísimo patriotismo cubano. Llegar de últimos a la independencia, o como los últimos, puede ser que rompa con aquel dicharacho que asegura:” quien ríe de último ríe mejor “. Sin embargo, también son complejas las experiencias de quienes en nuestra región fueron independientes primero que los cubanos. No obstante, la República cubana fue envidia de muchos, en ella emergió la constitución del cuarenta, incluso se formó el mismísimo dictador Fidel Castro. Aquella Republica contiene mucho para estudiar, discutir y reconocer. Pero este post no es para la República y su instauración, ello será luego.

“Martí no debió de morir”…dice la letra de una canción que siendo un niño escuché por vez primera, gracias a las ondas de Radio Martí. Ayer diecinueve de mayo, rememoramos la caída en Dos Ríos del Apóstol de nuestra Independencia: José Martí, quien (para mi) constituye lo mejor que ha parido esta tierra. Quizás la muerte de Martí no fue tal, sino un paso a la eternidad, una posición más amplia y sublime para iluminar a Cuba; quizás la caída de cara al sol pudo constituir la manera con la que el destino se encaprichó en eternizar al Maestro para gloria de la patria. Sólo una pasión honda, el amor honesto y franco a la patria, puede lograr que un ser humano asuma la cruz que Martí llevó.

Pienso que demasiadas veces uno de los errores de la historiografía universal es presentar a los héroes como estatuas de mármol y sobre un pedestal. Prefiero a Martí como el mortal sublime que inspira; el ser de carne y hueso, lleno de amor, obras, pensamiento y pasión por Cuba y más.

A propósito de la muerte de Martí, encontré algo que escribiese Gonzalo de Quesada y Aròstegui, a su esposa y a su suegra. Gonzalo fue en todo momento, más que el secretario eficaz, el hijo espiritual de Martí a quien llegó a querer y venerar como un padre.

Yo también lamento la muerte de Pepe; aunque quizás, como me comenta un buen amigo que es martiano de pura cepa, Martí al morir pudo salvarse de muchas cosas.

Comparto con ustedes las palabras escritas por Gonzalito.

 

Gonzalo

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