Yo lo creo, pero solo porque estuve allí

4 Sep

-Él es un hombre bueno- dijo el padre a su hijo, y ambos estaban sentados en la parada. Hablaban en voz baja. El adolecente había preguntado a su papá quién era Fariñas. Yo que estaba cerca pero aburrido, esperando la guagua, no presté mucha atención hasta ese instante.

– ¿Dónde vive?- insistía aquel muchacho mirando a los ojos del padre.

– En Santa Clara- contestó mientras apagaba el cigarro.

Me parecieron demasiadas coincidencias. ¿Y en una parada?, fue la pregunta que me hacía en mi monólogo interior. Pensé que eran alucinaciones mías. Acercándose más al padre, casi hablándole en el oído,el hijo volvió a preguntar.

– ¿Pipo, y por qué hace una huelga de hambre?

– Él es un hombre bueno- respondió nuevamente el hombre y agarrando el brazo de su hijo, agregó:–Pero atiéndeme, de eso hablamos en la casa.

Entonces llegó el ómnibus.Ellos corrieron y lograron treparse en aquella bestia rodante atestada de gente. Había un sol que rajaba las piedras. Yo estuve un rato más allí-creo que otra hora- resistiendo el ardiente verano. Pero… no paraba de darme vueltas en la cabeza aquello que presencié. No solo fue por la coincidencia, y no solo porque no hay dos Fariñas en la ciudad de Santa Clara realizando una huelga de hambre. Tampoco fue por encontrarme a dos personas que no conozco y nunca había visto, en medio de una parada, conversando sobre Coco. Este relato no es ficción. Aquel hombre, el padre de aquel muchacho, vestía el uniforme de la policía.

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