Todavía duele

12 Sep

Aquel día estuve en la beca. Parecería raro pero nadie nos dijo nada. Mis amigos y yo ensayábamos una puesta en escena y pudimos evitar que nos obligaran a ver la mesa redonda: el programa de la televisión nacional que, antes y ahora, no debate y en el cual las preguntas parecen ensayadas y las respuestas, cuando menos, acordadas; el mismo espacio televisivo que la gente no ve y del cual se burla.
Pero al amanecer, en el matutino, aquel individuo se paró ante todos los estudiantes, que como siempre debíamos formar al estilo militar, y nos comunicó que el imperialismo había probado su propia medicina. Detrás de él la subdirectora, los profesores de la asignatura Cultura Política, que era y es nada de cultura y todo de adoctrinamiento, con júbilo mediante los gestos de su cabeza asentían lo que dijo el director. No nos hablaron de las miles de víctimas, jamás nos contaron el dolor de la gente. Tiempo después si nos hablaban de las expresiones de la señora Hebe de Bonafini sobre el ataque a las Torres Gemelas. Jamás escuché de ellos una condena al atentado terrorista que acabó con tantas vidas. Varios jóvenes católicos y evangélicos esa noche, es decir al otro día del atentado, escondidos oramos por las víctimas, por las familias, por todos. En la escuela era prohibido rezar. Y si nos sorprendían juntos orando podía costarnos la expulsión. El mejor alumno del curso anterior, que fue el mejor expediente, el de mejor notas, estudiante de Artes Plásticas, se negó a ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, era Testigo de Jehová y fue expulsado en 24 horas cuando no pudieron obligarle a ingresar en las filas de la juventud comunista: la juventud de Fidel, como decían algunos cuadros dirigentes.
Ayer, cuando ya ha pasado otro año después de aquel horrible día, en la televisión nacional todavía no percibo compasión por las victimas del 11S en New York.
Dios reciba en su Santa Gloria el alma de todas las víctimas y acompañe y ayude en su dolor a las familias. Dios nos ampare, ahora que el terrorismo parece tan común, como sufrir la gripe, y todavía existen evasivas, justificaciones y pretextos para “comprender” monstruosidades.

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