El silencio imprudente ante la injusticia

25 Sep

Actualizar un fracaso es la mejor manera de tener un mayor fracaso. No se insiste en el error, no se insiste en el fracaso, ellos se abandonan para enrumbarse hacia el éxito. Pensando así es que cubanos nobles, gente llena de bondad, deciden caminar rumbo a la luz que crece al final del túnel, buscando un presente mejor, en el que quepamos todos,  y construir un futuro halagüeño para Cuba: la patria de todos los cubanos.

La esperanza fecunda no cabe en la estrechez de aquellos trucos o actos de magia que se espera acometan supuestos Batman, Harry Potter o Superman, los cuales solamente son atractivos personajes de ficción. La esperanza no es fecunda cuando se deposita en la inercia, en el corazón agotado, la voluntad quebrada, el pensamiento necio, o en aquella fantasía que promueve la esterilidad del inmovilismo e incita a esperar, simplemente a esperar, sin ni siquiera saber qué, cuándo, cómo o dónde. La esperanza es incierta e infecunda si niega la virtud de optar por construir el bien común con manos, alma y talento semejante al de un alfarero.

El silencio no es neutral ni útil, cuando confunde la prudencia con aquella voz ausente, omisión perenne, acción desconocida y sin resultados, ante la falta de bien. ¿Cuálsería la conducta humana correcta cuando sabemos que un ser humano, con las manos atadas y la boca amordazada, sufre abusos sistemáticos provenientes de un poder inmensamente superior? El ser humano que sufre semejante abuso se sentirá peor si pasamos ante sus sufrimientos sin ni siquiera referirnos a ellos, y sin mostrarle, al menos, nuestra compasión. De qué le servirá al que sufre, frente al cual pasaste conociendo su dolor, insinuarle más tarde que hablaste sobre sus dolores con el abusador, y ni siquiera le explicas qué dijiste; y peor se sentirá cuando no exista ningún resultado que le beneficie después de aquel “dialogo prudente”. De qué le servirá al que sangra que ante él mismo nunca menciones, ni reconozcas, los males que le aquejan y el daño de esos males. El silencio, callar, no es prudente en medio de una situación, circunstancia, o un contexto, de injusticia. Cuando las cosas están tan mal que no pueden ni decirse, parece más prudente disolver el silencio y obrar para enmendar tanto error; sanar tantas heridas; secar lágrimas; llevar certidumbre; cultivar paz; ayudar a romper las amarras; y salvar al abusado del abuso. El silencio en medio de la injusticia puede traer consecuencias iguales a los efectos más nocivos del cáncer. Es importante la transparencia y dejar claro que estás al lado del abusado y no indiferente ante el abuso. Y es necesario procurar que el abusado sepa, con claridad, que estás con él.

 

 

Obrar amorosamente por la convivencia implica ayudar a reconocer la pluralidad y no desconocerla; pero se desconoce a ésta cuando no existe el menor gesto hacia quienes personifican lo plural, son una parte de esa pluralidad y están en desventaja.

Obrar por restituir la amistad social implica riesgos para quienes sean protagonistas de tan noble obra, pero también disposición y riesgo en quienes promueven que otros obren por ella. ¿Ayuda el silencio ante quienes obran para restituir la amistad social? En medio de las consecuencias que conlleva restituir la amistad social bajo el yugo del totalitarismo, el silencio supuestamente prudente no es útil cuando ignore, no acompañe con obras, y sin omisión, a los que pagan un alto precio por ser protagonistas de aquella restitución. Restituir la amistad social no es posible sino se sale del totalitarismo, o sólo se transita al autoritarismo; y ello será muy difícil mientras el silencio imprudente acepta esas mutaciones tan destructivas. En el totalitarismo y su hermano el autoritarismo, nunca hay justicia. La primera injusticia, y fuente de todas las demás, es la existencia misma de ambos.

Pretender y obrar pacíficamente, y no desde la pasividad, por el cambio en paz, el cambio necesario en Cuba, por la libertad, no es un pecado ni debería parecer tal cosa; y tampoco entiendo por qué ello implicaría que un laico deje de tener “voz” dentro de la Iglesia, como me indicara alguien no hace mucho tiempo.

La imprudencia e irresponsabilidad de hacer silencio ante la injusticia lacera a quienes sufren. Un comportamiento así servirá para cualquier cosa, pero no para servir a los abusados.

Gracias a Dios yo creo en ÈL.

 

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