Semana Santa y entornos

16 Abr

Durante la Semana Santa no pararon los actos del terrorismo islámico. El Domingo de Ramos, por ejemplo, asesinaron, otra vez, a seres humanos por su fe en Cristo. Dios salva, Dios no mata, pero el terrorismo continúa perpetrando sus atrocidades en nombre de Alá. La crueldad practicada en cada acto de terror no conoce fronteras, le da igual Europa, América, Medio Oriente… Desde hace demasiado tiempo, y también durante esta Semana Santa, las acciones terroristas ocurren como si se tratasen de algo normal. El extremismo asesina a los seres humanos y se satisface al matar de la manera más cruenta. Sin importar el credo, las ideas, el lugar de nacimiento, la apariencia física, la manera de amar…cualquier ser humano puede convertirse en víctima de crímenes salvajes.
La Semana Santa celebra y conmemora momentos y cuestiones esenciales, vitales, de la fe cristiana; pero este año también hemos sido testigos de las monstruosidades a las que conduce el odio. Hoy, Domingo de Resurrección, sería injusto que en nuestras oraciones olvidemos a tantas personas víctimas del terror, ese mismo que intenta colarse en el mundo como algo cotidiano, o tan común como la gripe.
Además de participar y vivir con intensidad cada instante en mi parroquia, por estos días he despejado algunas dudas; diagnosticado varias de mis estupideces y confirmado mis dolores, los cuales en ningún caso son corporales. Estuve y estoy adolorido, y los dolores siempre mortifican. Pero, a veces, confirmar cuán adolorido estás parece algo sanador.
Encontrar en medio del barro un camino puede constituir la alegría necesaria. Exclamar que Cristo ha resucitado es un regocijo para los cristianos. Reconocerle a la semana que concluye su valor religioso, o asumirla como una oportunidad para descansar del rigor laboral, es decisión de cada cual. Y hallar evidencias que contextualizan nuestra realidad puede resultar útil para todos. Hará bien que este planeta parezca un sitio menos propenso al desbarajuste, que acompañado por nuestros desvirtuados episodios se convierte en la ecuación predilecta del cinismo, lo irrazonable y mendaz.
Que Dios nos colme de bendiciones.

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