Archivo | julio, 2017

Venezuela: no se perderá la hija de tantas lágrimas

30 Jul

Si Nicolás Maduro amara más a Venezuela que al poder, y estuviera casado con la vergüenza, y no se hubiera divorciado de la democracia, y mantuviera una relación de concubinato con la dignidad… escucharía el clamor mayoritario de su propio pueblo, aceptaría su fracaso, dejaría a los venezolanos en paz, optando entonces por irse de la manera más elegante que le quede. Pero Maduro es un patriota muy peculiar: arruina a su patria, y la quiere tanto que únicamente desea perpetuarse, como todo autócrata.
Grata noticia sería conocer que el gobernante venezolano no es un dictador, porque entonces yo sería Marlon Brando –tremendo notición-, y Baby Kim, el Brillante Camarada de Corea del Norte, fuera simpático, presidente democráticamente electo y pacifista. Nicolás Maduro es un leal ejecutor de la obra iniciada por Hugo Chávez quien mediante una especie de edicto real designó para sucederle en el puesto al autócrata que hoy comanda la depredación en Venezuela. El panorama que sufre el pueblo venezolano es resultado del socialismo del siglo XXI. El populismo, o como quiera llamársele, será siempre la misma causa de los mismos efectos aunque cambien los conductores. Maduro y su séquito pudieran no estar mañana en el poder, pero continuaría el doloroso colapso de Venezuela si permanece la variable autocrática que calcinó a ese país. En octubre de este año habrá transcurrido un siglo desde que el marxismo-leninismo llegó al poder por vez primera. Al seguir sus huellas puede apreciarse el legado que el comunismo deja. Y las marcas no se encuentran únicamente en el pasado.

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Venezuela aproximándose a la puerta

18 Jul

Para Gardel 20 años no eran nada, para el pueblo venezolano significan mucho. Casi dos décadas después de instaurarse el “socialismo del siglo XXI” los venezolanos decididamente buscan la esperanza y los derechos conculcados por aquella variante autocrática.

Hoy el desastre en Venezuela es comandado por alguien aparentemente obsesionado con las cámaras de televisión, a las cuales parece adicto. Aquel gobernante, considerado inepto por un número cada vez más significativo de venezolanos públicamente ha cometido disparates apreciables y todos los días grita y grita lleno de histeria o frustración. Nicolás Maduro es leal heredero de Hugo Chávez y no un innovador. El autócrata y su séquito son continuadores de un mismo proyecto y actualmente los responsables del sufrimiento que padece su propio pueblo. “Así, así, así es que se gobierna”… el hundimiento y la lapidación de un país donde los violines son destruidos si arrullan a la libertad.

La realidad venezolana es triste cuando se observa las privaciones y el desbarajuste que lograron tanto el autócrata anterior como su impopular heredero: Brillantísimo Camarada Nicolás, el antónimo de la simpatía. Ambos han amado muchísimo a los pobres, quizás por eso extendieron la miseria. El socialismo ama tanto a los pobres que los fabrica en masa. Y tal hazaña ha sido uno de sus éxitos evidentes. A eso le llaman igualdad, pero en ella no se incluye la cúpula en el poder tan proclive a que se le desborde la pasión por los vicios del consumismo.

Las multitudes en Venezuela obran para enrumbar a su patria y están compuestas por venezolanos de todos los tonos de piel, de todos los sexos, de diferentes edades, “condición socioeconómica”, credos religiosos… y lo hacen desde una amalgama amplia y plural de criterios políticos e ideológicos. Existe allí el consenso de una explícita mayoría que pacíficamente opta por el fin del caos. Las obras legítimas y pacificas de la población generan solidaridad internacional. La Conferencia Episcopal Venezolana permanece con el rebaño, obrando sin omisiones y asumiendo los riesgos que conlleva ser fiel a la verdad.

“Tengo miedo, pero a lo que más temo es a vivir con miedo… a despertarme cada día viendo a Venezuela perdida.” “Tengo miedo, pero temo más a despertar sesenta años después y ver lo que será Venezuela si seguimos teniendo miedo.” “Tengo miedo, pero más le temo al hambre, a las penurias y a vivir sin derechos, sin esperanzas, sin libertad”, cualesquiera de esos comentarios y otros similares pueden encontrarse en boca del pueblo.

El silencio, la insolidaridad y los gestos indiferentes de algunos, incluidos gobiernos de la región receptores de petrodólares chavistas, no son muestras de imparcialidad en medio de una situación tan dolorosa, ni cambian la realidad que existe en la tierra de Bolívar ni tampoco el hecho de que las fronteras no deben existir para promover y defender los derechos universales de todos los seres humanos.

El problema venezolano no es suscitado por la honesta determinación de los ciudadanos que, a pesar de los graves peligros, ejercen sus derechos, aspiran a tomar el rumbo democrático y desean mejorar sus vidas. La causa de los males allá es el rompimiento de la democracia y del hilo constitucional. La catástrofe está en las consecuencias políticas, sociales, económicas, culturales, humanas…a las que conduce la extinción del Estado de Derecho, el amurallamiento y la persecución de virtudes cívicas acometida por el gobierno.

Las arremetidas represivas, las tramas de todo tipo, incluyendo a la Asamblea Constituyente, estratagema denominada “la prostituyente” entre los venezolanos, así como convertir la casa de Leopoldo López en cárcel…ninguno de esos u otros malabares han quebrado la voluntad de los manifestantes. El gobierno no ha podido impedir el acrecentamiento del clamor popular. La gente no se resigna a convivir con la catástrofe. Recurrir a las prácticas violentas es un síntoma de debilidad presente en la autocracia chavista. Sin embargo, el régimen sabe que sería su suicidio imitar sucesos semejantes a los de Tian`anmen al ir más lejos en la ya cruda represión.

El plebiscito convocado por la oposición, y el ejercicio cívico robusto mantenido por los ciudadanos, pueden indicar que Venezuela quizás esté cerca de abrir la puerta.

Petro se ahoga

18 Jul

Hoy la luna está partida por la mitad, prefiero describirla así. Cuando se amontonan los recuerdos y se desdibuja la fisionomía de casi todo, es bueno mirar al cielo y recurrir a la luna. Algo va perdiendo su color, o peor, casi todo está descolorido. Comencé hablándote como en aquellos días cuando me enamoré de ti. Sé que no te gusta. Prefieres que no hable tan parecido a la profesora que nunca leyó un poema, y preguntó para qué servía leer a Cervantes, que lo verdaderamente valioso era devorar El Capital de Karl Marx. ¿Recuerdas que días después confesó no haber leído nunca otra cosa? ¿Olvidaste el instante donde la escuchamos diciendo a su amiga que ella no leería jamás la pedantería delirante de Karl Marx?

No he parado de sudar. Llevo días intentando buscar alivio para tanto calor, pero tengo frío, tanto que me siento congelado, es como estar temblando por el frío dentro de un ardiente horno ¿Estaré envejeciendo? Siempre intento desvirtuar lo verosímil. Aquí ya ha pasado casi todo y no cambia nada. Era lo último que quería escribir, pero no esperaré mucho más para vomitarlo de una vez. Y parece que me escucharás reiterándolo. Quisiera equivocarme cuando te digo que aquí ya ha pasado casi todo y no ha cambiado nada. Ojalá pronto, o alguna vez, pueda escribirte diciendo que mis temores fueron inciertos, y que el reloj en mi bohío ya no está detenido o que en vez de avanzar retrocede a mucha prisa y sin pausa. Me encantaría vivir en el siglo XXI, porque estar vivos en el no significa que en el vivamos. Ni tú ni yo vivimos en el siglo XXI. A ti y a mí nos haría bien despertar y no encontrarnos en medio de aquello que Churchill llamó “la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia”. Así hasta estar triste sería diferente. Parece que siento mucho asco.

Hoy como tantas veces rezaré por ti. Petunia, también reza tú. Necesitamos que amanezca. ¿Ya te diste cuenta?

No me digas nada. Imagina que algún día tendremos mejor semblante. Te hará bien. Quizás 20 años no sean nada, pero casi 60 años… es demasiado.

¿Todavía escuchas tangos?

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