Venezuela: no se perderá la hija de tantas lágrimas

30 Jul

Si Nicolás Maduro amara más a Venezuela que al poder, y estuviera casado con la vergüenza, y no se hubiera divorciado de la democracia, y mantuviera una relación de concubinato con la dignidad… escucharía el clamor mayoritario de su propio pueblo, aceptaría su fracaso, dejaría a los venezolanos en paz, optando entonces por irse de la manera más elegante que le quede. Pero Maduro es un patriota muy peculiar: arruina a su patria, y la quiere tanto que únicamente desea perpetuarse, como todo autócrata.
Grata noticia sería conocer que el gobernante venezolano no es un dictador, porque entonces yo sería Marlon Brando –tremendo notición-, y Baby Kim, el Brillante Camarada de Corea del Norte, fuera simpático, presidente democráticamente electo y pacifista. Nicolás Maduro es un leal ejecutor de la obra iniciada por Hugo Chávez quien mediante una especie de edicto real designó para sucederle en el puesto al autócrata que hoy comanda la depredación en Venezuela. El panorama que sufre el pueblo venezolano es resultado del socialismo del siglo XXI. El populismo, o como quiera llamársele, será siempre la misma causa de los mismos efectos aunque cambien los conductores. Maduro y su séquito pudieran no estar mañana en el poder, pero continuaría el doloroso colapso de Venezuela si permanece la variable autocrática que calcinó a ese país. En octubre de este año habrá transcurrido un siglo desde que el marxismo-leninismo llegó al poder por vez primera. Al seguir sus huellas puede apreciarse el legado que el comunismo deja. Y las marcas no se encuentran únicamente en el pasado.

Lo sufrimientos que padecen los venezolanos son otro doloroso resultado del mismo desastre que cambia de apodo, parece mutar o revestirse pero ofrece consecuencias similares. Allí existe la socialización de la miseria, una revolucionaria masificación de la pobreza. También están las colas como deporte nacional, la penuria, la falta de insumos, medicinas, y de los alimentos que por lo revolucionario de la superproducción socialista terminan estrictamente racionados. Vale más hacer la moneda que la moneda misma. El progreso revoltoso promete siempre estar ahí a la vuelta de la esquina, pero jamás llega la esquina y la prosperidad sólo está en los discursos, nunca en el hogar de los ciudadanos. Cuando el individuo no obedece, ni se somete, ni coincide con el Supremo Líder-dios y el sistema-religión, no es una persona, sino un asalariado, traidor, mercenario… Cuando al individuo le sorprenda que los logros socialistas nunca están en el plato de comida, ni en el bolsillo, ni en su vida, será una no persona, y por supuesto “contaminada” con el pasado -siempre funesto según los jefes-, porque para el socialismo el mundo comienza, y la patria es, únicamente cuando llega al poder “la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y el evangelio de la envidia”.

¿Existe algún caso, una ocasión, donde un ser humano que no piense como los jefes y la revolución socialista, sea buena persona, o al menos persona, y no esté pagada por algo o alguien…? ¿Existe ese ejemplo en el revolucionario socialismo? ¿Cuándo y dónde?
La exitosa obra madurista logró fracturar al mismo chavismo, cuyo sector más apegado al sentido común ha roto con quien dice ser “hijo de Chávez”. Por su parte la Fiscal General de Venezuela -nombrada por Chávez y ratificada en su cargo por Maduro-, ejerciendo sus funciones denuncia a la inconstitucional Asamblea Constituyente, la represión voraz contra las multitudinarias manifestaciones pacíficas y el linchamiento de la república y la democracia. Luisa Ortega Díaz no baila en la disminuida comparsa madurista. Mientras tanto, Nicolás azuza a los grupos denominados “colectivos” para desplegar la violencia, asimismo utiliza a la Guardia Nacional y la Fuerza Armada para arremeter contra el pueblo. Ya los compatriotas de Bolívar sufren apagones y experimentan la terrible travesía de un balsero. El adorable presidente goza de un índice de aprobación altísimo, tanto que en las mediciones de opinión más de un 80% lo rechaza a él, a su gobierno y a sus pretensiones de sepultar la democracia. Pero esa cifra se refiere a los extraterrestres, a los marcianos que también otorgaron dos tercios, mayoría absoluta, a la oposición en la Asamblea Nacional, a la que el gobernante no ha dejado ejercer sus funciones valiéndose para ello de los subordinados jueces del Tribunal Supremo. Los mismos jueces impugnados por el poder legislativo y el Ministerio Público debido a la madurista manera en que fueron nombrados y han actuado; los magistrados que intentaron retirarle la inmunidad parlamentaria a los diputados y usurpar las funciones del legislativo. Camaradas del madurismo hicieron el ridículo cuando defendieron esa actuación inconstitucional del dependiente Tribunal Supremo y pocas horas después el mismísimo Nicolás tuvo que retroceder en algunas de sus pretensiones.
En el continente, Maduro posee el gran mérito de alcanzar el aislamiento de su régimen aunque recibe apoyo –muy desinteresado por cierto- de aquellos gobiernos receptores de petrodólares chavistas.
Europa expresó sus preocupaciones sobre la situación venezolana y dejó abierta la posibilidad para implementar sanciones. Mientras tanto, Vladimir Putin elogió a su homólogo venezolano por “resistir”.
“Somos Venezuela, no seremos Cuba” corean los manifestantes. Y los purpurados venezolanos son un inequívoco ejemplo de ese slogan. En Roma los dos Cardenales venezolanos y los obispos del comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Venezolana, el 8 de junio, conversaron una hora con el papa Francisco. Durante la conversación los miembros del episcopado ofrecieron una lista completa –cuyo crecimiento continúa- de los ciudadanos caídos durante las protestas contra un régimen calificado por la Iglesia como “moralmente inaceptable”, debido a las decenas de muertes y por tanta destrucción. Además, repitieron como posición común para retomar el diálogo el cumplimiento por parte del gobierno de las condiciones que establece la carta enviada por el Cardenal Parolini a Maduro. El encuentro destruyó la estrategia gubernamental que pretendía fabricar una imagen de división: Su Santidad por un lado y la Iglesia local por otro. Francisco expresó claramente: “Mi voz es la de los obispos venezolanos”.
El episcopado venezolano también ha expresado su rechazo a la Asamblea Constituyente calificándola como “innecesaria y peligrosa para la democracia”.
Los religiosos, las religiosas, vestidos con sus hábitos, se manifiestan entre las multitudes y rinden honor a las víctimas. Los jesuitas en Venezuela, bajo la firma del Provincial, en un comunicado se mostraron “horrorizados” por lo que calificaron como “…realidad de miseria, persecución, exilio y muerte que estamos viviendo”. Agradecieron también a los obispos venezolanos “que unidos a la Santa Sede, han levantado, con claridad y valentía su voz de venezolanos seguidores de Jesús y de pastores exigiendo un rápido y profundo cambio de esta realidad de muerte causada por el empeño en imponer un proyecto totalitario que ha fracasado en todas partes”.
La Asamblea Constituyente es una estratagema cuya votación el 30 de julio se refuta por ilegal e inconstitucional. A pesar de todos los obstáculos y peligros más de 7 millones de venezolanos rechazaron “la prostituyente” mediante un plebiscito. Los ciudadanos saben que la artimaña pretende eliminar la Asamblea Nacional, arreciar los controles y la dominación del país, así como garantizar el poder ilimitado al impopular populista que desea convertir a Venezuela en la alfombra de su autocracia.
“Escuderos de la libertad” así nombran a los manifestantes que enfrentan gases, tanquetas y disparos. La voluntad mayoritaria de aquella nación no ha sido derrotada por los equipos antimotines que el gobierno sigue obteniendo. El pueblo venezolano decidió obrar en paz, incluso cuando dirigentes opositores evadían la calle. El valor juvenil se ensancha frente a las mezquindades de la “real politik”. Las deformaciones de la diplomacia han sido evidenciadas por los héroes anónimos de Venezuela practicantes de aquello que políticos y diplomáticos enjaulan en oratorias y cumbres o extinguen en eventos donde compiten la mentira, la hipocresía y el cinismo, y en los cuales se ejercita el arte de nunca resolver algo. Sería muy grave que a estas alturas el liderazgo opositor se quede corto ante la audacia de las multitudes.
El parto venezolano merece un feliz alumbramiento. Allí la libertad, hija de tantas lágrimas, al conseguir su ascenso devolvería la esperanza y los derechos a Venezuela.

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