El tipo raro


La indignación era justa. Se decidió, por tal motivo, convocar a un juicio público que dictaría sentencia sobre un suceso tan problemático como este: la discordia ciudadana provocada por el verdadero sexo de una persona, que conformaba un misterio trasgresor y comienzo de un terrible dilema. Todo el pueblo asistió solemnemente a presenciar el discernimiento, por los sabios jueces, del sexo real de aquella persona. Los magistrados serían quienes claramente emitirían su criterio sobre un fenómeno tan escandaloso. Todos llegaban y ocupaban el ornamentado lugar de acción, escogido especialmente para tan importante acontecimiento. El juez que presidía, honor otorgado por su respetable sabiduría, fue aplaudido en su entrada por la multitud que lo aclamaba. Expresó sus palabras de bienvenida a través de un emotivo discurso con el que removió los sentimientos de los presentes, los cuales dejaron escapar muchas lágrimas; tantas que la mayoría se durmió profundamente.

Comenzada la sesión  apareció el objetivo del conflicto. Se sentó en el centro del inmenso lugar. Un gran silencio invadió. Las educadas voces de los jueces expusieron la introducción. Al finalizar se inició el interrogatorio. La curiosa persona no respondió a su nombre, tampoco habló nada, permaneció inmóvil. La gran plebe liderada por los profesionales de la justicia escuchó como  primera conclusión:

-Esta persona producto de su indefinición ha sufrido una mutación que ha ido degradando su capacidad de comunicación-.

El jurado permitió a los asistentes pronunciar sus consideraciones sobre la causa inicial de ese proceso de incapacidad comunicativa. Tras varios oradores, excelentes, se resumió los argumentos discutidos:

-Este fenómeno de indefinición sexual provoca una pérdida gradual de las cualidades personales mediatizando a esta persona-.

Sobre la causa inicial se emitieron varias hipótesis y se decidió plasmar las siguientes teorías:

-Influía la educación en el seno familiar y los principios desviados de lo correcto hacia prácticas contrarias a la ley tradicional-.

Surgió entonces una interrogante. ¿Este factor de indefinición no sería propenso a la transmisión hacia otras personas, a través de alguna vía de infección o contagio? La población alarmada creó un caos incontrolable. De esta manera, como siguiente paso, aquella persona sería sometida a un riguroso examen médico para verificar el factor biológico que influía en su indefinición sexual. Un grupo médico aconsejó mascaras antigases, las cuales recibieron todos. Su piel la cubrieron con trajes especializados en protección ante enfermedades y epidemias peligrosas. El conjunto de especialistas, altamente calificados, realizó un estudio general en presencia de todos, cuyos resultados fueron esperados por la población hambrienta, sedienta, sudorosa y ansiosa ya por tan malas circunstancias. El diagnóstico fue:

-Esta persona no tiene síntoma alguno de trastornos. Los exámenes indican su excelente estado de salud. Por tanto, este grupo médico propone un reconocimiento superficial del paciente

Aquel ser observado por todos ni siquiera se había movido, sencillamente con una gran paciencia aguardaba le ordenasen que debía permitir le hiciesen. Producto al estado de inquietud de cada ciudadano y la atmósfera sofocante; imposibilitados además de salir, pues todavía no existía conclusión final al ser  difícil determinar una sentencia, todos  fueron despojándose de sus vestuarios. Terminaron semidesnudos y abanicándose a una velocidad incomparable.

El grupo médico en la medida que iba reconociéndole, fue desnudando, lentamente, al indefinido. Una gran expectativa lleno a los testigos del suceso, esperanzados en por fin encontrar la verdad justa. Sus bocas fueron abriéndose, al tiempo en que el sujeto de las interrogantes quedaba en ropa interior. Sus salivas llegaron hasta el piso al descubrir la hermosa desnudez de tal viviente. Se propagó una sensación de éxtasis sexual. Entonces, en hipnosis, las vaginas se humedecieron y los penes sufrieron erección. La respiración agitada era la única armonía musical escuchada. Después de esta abismal reacción la condena fue dada:

– Por extraño y diferente a lo conocido. Conservando el valor tradicional de cada poblador. Por su propensión a la provocación y encarnación diabólica. Con la teoría, demostrada, de la alta posibilidad de  transmisión de esta diabólica indefinición y dada la agresividad de tan extraño ser

Por cuanto:

Propiciaría un caos ciudadano. Simple y sencillamente por no ser compatible con los preceptos comunes, únicos y reales se condena a muerte secreta y privada por fusilamiento.

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