La dama con el semental al piano


-Si vuelves a poner el tablero de ajedrez encima de la mesa me tomaré la tercera aspirina. No soporto el ajedrez. Tu juego me da jaqueca. No resisto los cuadrados del tablero. El ajedrez me marea. Y aunque cuelgues “un libro de geometría con un cordel en la ventana para que el viento pase y aprenda por fin tres o cuatro cosas de la vida”, no lograrás que tu libro colgante, y densa geometría, se parezca al “Ready made desdichado”. La geometría me causa reflujo y nunca logras un ready-made. No eres Marcel Duchamp, jamás lo serías. Duchamp no provoca descensos en mí. Báñate, hueles a ajo. Y aquí ya no quedan ni cebollas. Trágate la sopa de un sorbo. Ve a tu cuarto. Mejor vete a caminar, entre el polvo y tú… ya tengo alergia. No me gusta estornudar. Las manchas de Rorschach son el test de un pintor que considera tontos a los dibujantes, pero sirven… Tienes cara de perro que maúlla y de gato que ladra. No eres ni perro ni gato, más bien un híbrido atormentado. Y puedo seguir hablándote pero sería como si le disertara a la jicotea incrustada en el tapiz que ni camina, ni oye, ni habla, ni parece jicotea, más bien un híbrido espantado. Ese es el peor tapiz que he visto y lleva 60 años aquí. La comparsa de Lecuona es la mejor comparsa, porque es obra de él y no se parece a una comparsa. Detesto las comparsas, o más bien el sudor en ellas, o quizás al sudor y las comparsas que parecen un hibrido de la cochambre. Olvídate de Freud, por favor. Tú tienes eyaculaciones tres veces al día y te masturbas más de dos veces, en total, y como promedio, eyaculas en cinco ocasiones durante 24 horas. Después de todo pareces un semental. Tienes cuerpo de semental, hueles y hablas como tal, tus penetraciones son las de un semental, la longitud de tu pene es propia de un semental. Deberías gustarte. ¿Ya te observas en el espejo cuando no tienes sexo? Eres más hermoso que los cuadros del tablero de ajedrez. Eres un semental, no te ocupes de los retratos en la pared o el sonido de la puerta. Mantente como semental. No conversaremos de Física, el movimiento rectilíneo uniforme es una línea lanzada a noventa y ocho millas por hora que golpea mi cabeza. La fuerza de gravedad me da jaqueca… ¿Desde cuándo dibujas? No vuelvas a mostrarme el tablero de ajedrez. Y no mientes los juegos de beisbol. Con la misma pelota rajaría el tablero cuadro por cuadro y machucaría las fichas, comenzando por el caballo que siempre sabes usar. Es verdad, la literatura no es más que un cadáver exquisito con temas y preocupaciones bastantes simples, sólo que lo demás me parece todavía más simple y aburrido. No hay peor jaqueca que la provocada por el tablero de ajedrez y un libro de geometría. La vida es un cálculo más divertido, una ecuación atiborrada y una exquisitez…si en algún momento así la vives.
No te vas. Vuelve a tocar en el piano la última melodía que manoseabas antes de tu primera erección. No castres el piano, déjalo fluir. Acaricia suavemente las teclas y canta una canción de burdel. Susurra. No hagas silencio en medio de la nota más aguda. Y golpea el piano. Golpea sin miedo cuando sientas el
silencio…Eres como Breton, al que Duchamp llamó: “el amante del amor en un mundo que cree en la prostitución. Ese es su signo”.
Tu fragancia no es cabría. Sigue manoseando el piano. ¿Cómo se te ocurre hablar ahora de Breton y su Manifiesto por un arte revolucionario independiente? Siente la ebriedad del piano. Tus manos son prodigiosas al tocar, logras preservar el ritmo en la pieza más intensa y con notas raramente sensibles. Varía el agudo, pulsea con fuerza. No manotees, pulsea. Así va, intenso y agudo, sostenido…eres un prodigio en el piano. Parece que llueve. Un aguacero intenso con tanto sol, estoy sudando. Llueve mucho… están cayendo gotas en el suelo. Todo el piano está mojándose. Con las gotas sobre el piano puedes acariciar el sonido barroco sin partituras. Como el vuelo del moscardón cae la lluvia, aprópiate de ese ritmo mientras gotea. Poco falta para que aparezca el diluvio. No trueques el ritmo con un vals, sigue con el frenético ritmo del vuelo del moscardón, así mismo… vuela tú mientras haces prodigios con el piano. La cuestión para ti como instrumentista no es tanto la altura o el rango de notas, sino la habilidad de moverte con suficiente rapidez… esta pieza requiere unas manos virtuosas, como las tuyas, y un instrumento tan bien esculpido…Ay…Será un diluvio, es un diluvio que encharca el piano. Aprécialo… así se toca un Do menor sostenido…Puedes susurrar otra vez. Gracias. Recoge todos los instrumentos, llévate el tablero de ajedrez y no olvides el libro de Geometría. Saca todo eso de mi habitación. Y no te abrigues tanto. Ya estamos en verano y el sol quema. Al salir nunca olvides cerrar la puerta.
Al terminar la dama, por primera vez el pianista dijo algo:
-Antes de irme quisiera escucharte repitiendo las mismas palabras que pronunciaste ayer cuando llegué-dijo el joven mientras se ponía los pantalones.
La dama observándolo reiteró:
-Quienes creen en Dios son estúpidos, analfabetos, sufren de algún trastorno mental. El individuo inteligente no cree en Dios y el creyente ni siquiera piensa.
-Difícilmente puedas enumerar las veces que leíste El Señor de los Anillos y El hobbit, dos novelas escritas por el católico J. R. R. Tolkien. Y sueles releer Las crónicas de Narnia, escritas por C.S. Lewis, cristiano de la Iglesia de Inglaterra. ¿Sigues leyendo a un cristiano de la Iglesia Ortodoxa Rusa como Dostoyevski?
La dama no respondió a la interrogante.
-¿Mantienes tus elogios a la literatura de San Juan de la Cruz?-preguntó el instrumentista sin nombre.
-Sí-expresó la dama.
-Elogiar la obra de San Juan de la Cruz minimizando, omitiendo o ignorando su fe cristiana, es como admirar la hermosura de un árbol frondoso y muy florido pensando que puede lucir de esa manera sin la raíz. Volveré si la puerta permanece entreabierta, o si estando cerrada puedo abrirla sin pedir permiso.
Aquel pianista terminó de acordonar sus zapatos y se largó.

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