El limbo que pasma

“Y ahora qué hago”, se preguntaba Petunia al conocer que paralizaron la concesión de licencias para el trabajo por cuenta propia. Ella había depositado su esperanza en buscarse honradamente el sustento. Pero su iniciativa quedó en el limbo y allí también su esperanza.
En Cuba hoy parte del escenario cotidiano es ocupado por un tema que se corona como ingrediente de cualquier diálogo. Se trata de la suspensión del otorgamiento de licencias para el trabajo por cuenta propia en un número amplísimo de las modalidades que fueron establecidas tiempo atrás. El cuentapropismo era una especie de paladín para la “actualización del modelo económico en Cuba” (según califica el vocabulario gubernamental), mientras las visiones optimistas lo calificaban como empresariado privado y otros se referían a “cambios” que surgían por la ascensión del “pragmatismo”.
Hasta el momento las licencias otorgadas continuarán en vigencia. Pero las alarmas invaden a los ciudadanos al percibir argucias. Por ejemplo, a los taxistas privados si ingresan a una “cooperativa no agropecuaria experimental” -así se denomina oficialmente- podrán obtener algunas “facilidades”. Una de esas posibilidades sería obtener el combustible a precios preferenciales. No obstante los boteros dudan de la estabilidad del suministro estatal de combustible y que se prolongue la veracidad de cualquier promesa. Pero mantenerse con la modalidad en que han trabajado puede significar que el fin de un taxista privado llegue con simples requerimientos, quizás cuando le exijan los comprobantes de compra del combustible utilizado. A la misma vez depender del Estado implicaría que este determine los precios del pasaje y demás cuestiones. Algo así parece una extraña actividad: un trabajador autónomo o privado que en la práctica trabaje como empleado del Estado sin que éste le pague salario y al mismo tiempo le cobre impuestos y le imponga disímiles frenos.
Difícilmente un carretillero que vende algunas viandas y hortalizas pueda salir del estado de precaria subsistencia. Sin embargo, los presagios pronostican que ese oficio, capaz de rememorar al Medioevo, se despediría de las autorizaciones para trabajar por cuenta propia al concluir la revisión en “el orden del perfeccionamiento de las actualizaciones que acometen en el sector los factores”. [Leer a George Orwell ayuda a comprender cuando el lenguaje te desquicie]
“Cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo”, asegura un viejo dicharacho popular. El clima de desconfianza ya se ha sembrado en los ciudadanos. Quienes ejercen el trabajo por cuenta propia temen que en algún momento contra ellos también se tomen medidas, aunque no ejerzan alguna de las 32 actividades afectadas. Algo similar sucedió en la década del noventa cuando mediante diversas vías fue suprimido el cuentapropismo.

Aunque ahora se anuncien las decisiones como algo transitorio, para los cubanos lo común ha sido que “medidas temporales” se conviertan en disposiciones eternas. Y desde el oficialismo hay declaraciones que siembran más incertidumbre cuando exponen la misma percepción de hace casi 60 años, esa donde los ciudadanos somos considerados propiedad del Estado.
La fe de Petunia en su iniciativa no parece deseable para el socialismo tropical. Tampoco que los trabajadores por cuenta propia logren sobrevivir a pesar de la asfixia proveniente de normas excesivas, regulaciones contraproducentes, y sin un mercado mayorista, y pagando impuestos que dan escalofríos, y sorteando frenos inconcebibles…
Penalizar y vedar la creación de riquezas significa prohibir el desarrollo. Con la misma medida que se restringe el éxito de la iniciativa económica de los ciudadanos se restringe el crecimiento económico de cualquier nación. No es precisamente por ceguera que en mi país se implementan acciones opuestas a la prosperidad.
Cuba subsiste en un limbo. Y parecen infinitas las posibilidades de ir hacia atrás o no moverse ni un milímetro hacia delante -en ambos casos con mucha prisa y sin pausa-. El estancamiento perdura como un círculo perenne. La vida cotidiana en mi patria es un acto heroico y pensar en el futuro una extrañísima tendencia.
¿Hacia dónde va Cuba? Parte de la respuesta quizás esté en otra pregunta: ¿De qué no se ha desatado Cuba?
Petunia observando su presente puede llorar o reírse sin que el ordenamiento de los factores perfeccione el producto o con las tablas de multiplicación su realidad alcance un tono agradable.

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Ay Latinoamérica querida!

Ulala… ¿qué veo?… ¡tremendo traqueteo! Tres dirigentes del socialismo del siglo XXI enfrentándose en Ecuador. Y Rafael Correa, atrapado en su inclinación monárquica, usa las claves del lenguaje bravucón que le caracteriza y exige “lealtad” a su persona. Parece la actitud de un Sultán jactancioso. Por cierto, estos sucesos han permitido valorar la veracidad de varias críticas realizadas a la gestión correista. Los acontecimientos que se suceden entre Lenín Moreno, Rafael Correa, Jorge Glas…no sólo sitúan en una explícita fractura a Alianza País. También aturden a la tendencia regional, dañina y omnipresente, que levanta estructuras al estilo cacique con ritmo de faraón.

El socialismo del siglo XXI tiene una racha malísima. Pareciera que se agotan sus paradigmas. En Brasil Lula da Silva está envuelto en varios procesos judiciales por las enfermedades y los vicios del poder. En todos los casos se trata de faltas muy similares a esas que, según me enseñaban en la escuela, corresponderían a la “sociedad consumista”, “los burgueses” y “politiqueros de turno”. Dilma Rouseff terminó fuera del poder y embarrada por tramas semejantes a las de su mentor. En la última elección presidencial en Venezuela durante los actos de campaña de Nicolás Maduro recuerdo el video donde aparecía Lula solicitando el voto para el sucesor de Hugo Chávez. Así el brasileño evidenciaba su respeto a la soberanía y autodeterminación del pueblo venezolano y era coherente con el principio de la no intromisión en los asuntos internos de otras naciones.

En Argentina Cristina Fernández desea regresar al poder -por ahora como senadora- después del mandato presidencial de su esposo y los dos mandatos consecutivos que ella mismo obtuvo. No será la primera vez. No es la única persona en el planeta que ha deseado tal cosa. También otros salvadores han sentido que ellos y nadie más -ni siquiera alguno de sus camaradas- hacen falta en el poder para prolongar la felicidad de sus pueblos sobre todo si esta habita en los discursos, pero escasamente fuera de ahí.

Daniel Ortega, mandatario brillantísimo, puede hablar sobre los daños al medio ambiente causados por la construcción del canal de Panamá. Pero prefiere que otros más elocuentes propaguen las maravillas medioambientales que significará la construcción de un canal interoceánico en el territorio nicaragüense. Una empresa china será la encargada de realizar el proyecto noble y socialista. En el sandinismo la corrupción, el nepotismo, parecen más graves que las dificultades en la oratoria de Ortega. Afortunadamente en Nicaragua un matrimonio ocupa la presidencia y la vicepresidencia. Así las cargas del poder se gestionan en casa. Y para impedir cualquier cachumbambé, las elecciones fueron convertidas en un circo.

Bueno, y el honesto Evo sigue amando a la Pachamama siempre que no interfiera en sus intereses, puesto que no ha dudado atravesar territorios ancestrales para construir lo que desee.  Evo nota la injerencia extranjera en su país cuando se le atraviesa la Mama Pacha o sus hermanos protestan. Con su peculiar locuacidad da tumbos y arremete contra quien sea. Quizás su amor por la Madre Tierra es lo que le lleva a querer convertirse en mandatario vitalicio.

Por su parte Maduro ya se liberó de complejos y prejuicios, sin ningún pudor se ha coronado como dictador. El autócrata chavista llegó a la meta. Terminó de hundir a Venezuela y se ha ganado la repulsa nacional e internacional ante sus actos legítimos, legales y constitucionales. Venezuela se convirtió en el triste ejemplo del populismo y las dictaduras latinoamericanas actuales.

El socialismo del siglo XXI es hábitat de una inflación que provoca escalofríos, una corrupción más grande que las riquezas nacionales y del endeudamiento espeluznante.

Las instituciones de plastilina se convirtieron en espejismos. El partido y otras fórmulas generan los tentáculos para emancipar al gobernante y lograr que no exista estructura o institución sin olor presidencial. Y para los faraones uno o dos mandatos son insuficientes. No son esos politiqueros que roban, destruyen y se van. ¡Qué va!… Ellos se prolongan y buscan la eternidad, siempre para garantizar la mayor suma de felicidad posible a sus pueblos. Además, suelen llegar al poder por elecciones.

Los manuales del descalabro latinoamericano no cesan de inscribir desastres.

Las dictaduras no tienen color político, aunque algunos insistan en desconocer el hecho y las evidencias. Nuestra América una y otra vez sigue atrapada por graves tropiezos. Ojalá el sentido común ancle en los lugares necesarios, la democracia germine donde se esfumó y Latinoamérica pueda caminar sin caer tantas veces en hoyos similares. Mientras tanto, sería una noticia alentadora que los faraones de cualquier tendencia o tonalidad dejen de estar de moda en América Latina. Haría bien no ser nido de buitres ni hogar para los fantasmas que acechan y reencarnan.

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Venezuela: no se perderá la hija de tantas lágrimas

Si Nicolás Maduro amara más a Venezuela que al poder, y estuviera casado con la vergüenza, y no se hubiera divorciado de la democracia, y mantuviera una relación de concubinato con la dignidad… escucharía el clamor mayoritario de su propio pueblo, aceptaría su fracaso, dejaría a los venezolanos en paz, optando entonces por irse de la manera más elegante que le quede. Pero Maduro es un patriota muy peculiar: arruina a su patria, y la quiere tanto que únicamente desea perpetuarse, como todo autócrata.
Grata noticia sería conocer que el gobernante venezolano no es un dictador, porque entonces yo sería Marlon Brando –tremendo notición-, y Baby Kim, el Brillante Camarada de Corea del Norte, fuera simpático, presidente democráticamente electo y pacifista. Nicolás Maduro es un leal ejecutor de la obra iniciada por Hugo Chávez quien mediante una especie de edicto real designó para sucederle en el puesto al autócrata que hoy comanda la depredación en Venezuela. El panorama que sufre el pueblo venezolano es resultado del socialismo del siglo XXI. El populismo, o como quiera llamársele, será siempre la misma causa de los mismos efectos aunque cambien los conductores. Maduro y su séquito pudieran no estar mañana en el poder, pero continuaría el doloroso colapso de Venezuela si permanece la variable autocrática que calcinó a ese país. En octubre de este año habrá transcurrido un siglo desde que el marxismo-leninismo llegó al poder por vez primera. Al seguir sus huellas puede apreciarse el legado que el comunismo deja. Y las marcas no se encuentran únicamente en el pasado.

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Venezuela aproximándose a la puerta

Para Gardel 20 años no eran nada, para el pueblo venezolano significan mucho. Casi dos décadas después de instaurarse el “socialismo del siglo XXI” los venezolanos decididamente buscan la esperanza y los derechos conculcados por aquella variante autocrática.

Hoy el desastre en Venezuela es comandado por alguien aparentemente obsesionado con las cámaras de televisión, a las cuales parece adicto. Aquel gobernante, considerado inepto por un número cada vez más significativo de venezolanos públicamente ha cometido disparates apreciables y todos los días grita y grita lleno de histeria o frustración. Nicolás Maduro es leal heredero de Hugo Chávez y no un innovador. El autócrata y su séquito son continuadores de un mismo proyecto y actualmente los responsables del sufrimiento que padece su propio pueblo. “Así, así, así es que se gobierna”… el hundimiento y la lapidación de un país donde los violines son destruidos si arrullan a la libertad.

La realidad venezolana es triste cuando se observa las privaciones y el desbarajuste que lograron tanto el autócrata anterior como su impopular heredero: Brillantísimo Camarada Nicolás, el antónimo de la simpatía. Ambos han amado muchísimo a los pobres, quizás por eso extendieron la miseria. El socialismo ama tanto a los pobres que los fabrica en masa. Y tal hazaña ha sido uno de sus éxitos evidentes. A eso le llaman igualdad, pero en ella no se incluye la cúpula en el poder tan proclive a que se le desborde la pasión por los vicios del consumismo.

Las multitudes en Venezuela obran para enrumbar a su patria y están compuestas por venezolanos de todos los tonos de piel, de todos los sexos, de diferentes edades, “condición socioeconómica”, credos religiosos… y lo hacen desde una amalgama amplia y plural de criterios políticos e ideológicos. Existe allí el consenso de una explícita mayoría que pacíficamente opta por el fin del caos. Las obras legítimas y pacificas de la población generan solidaridad internacional. La Conferencia Episcopal Venezolana permanece con el rebaño, obrando sin omisiones y asumiendo los riesgos que conlleva ser fiel a la verdad.

“Tengo miedo, pero a lo que más temo es a vivir con miedo… a despertarme cada día viendo a Venezuela perdida.” “Tengo miedo, pero temo más a despertar sesenta años después y ver lo que será Venezuela si seguimos teniendo miedo.” “Tengo miedo, pero más le temo al hambre, a las penurias y a vivir sin derechos, sin esperanzas, sin libertad”, cualesquiera de esos comentarios y otros similares pueden encontrarse en boca del pueblo.

El silencio, la insolidaridad y los gestos indiferentes de algunos, incluidos gobiernos de la región receptores de petrodólares chavistas, no son muestras de imparcialidad en medio de una situación tan dolorosa, ni cambian la realidad que existe en la tierra de Bolívar ni tampoco el hecho de que las fronteras no deben existir para promover y defender los derechos universales de todos los seres humanos.

El problema venezolano no es suscitado por la honesta determinación de los ciudadanos que, a pesar de los graves peligros, ejercen sus derechos, aspiran a tomar el rumbo democrático y desean mejorar sus vidas. La causa de los males allá es el rompimiento de la democracia y del hilo constitucional. La catástrofe está en las consecuencias políticas, sociales, económicas, culturales, humanas…a las que conduce la extinción del Estado de Derecho, el amurallamiento y la persecución de virtudes cívicas acometida por el gobierno.

Las arremetidas represivas, las tramas de todo tipo, incluyendo a la Asamblea Constituyente, estratagema denominada “la prostituyente” entre los venezolanos, así como convertir la casa de Leopoldo López en cárcel…ninguno de esos u otros malabares han quebrado la voluntad de los manifestantes. El gobierno no ha podido impedir el acrecentamiento del clamor popular. La gente no se resigna a convivir con la catástrofe. Recurrir a las prácticas violentas es un síntoma de debilidad presente en la autocracia chavista. Sin embargo, el régimen sabe que sería su suicidio imitar sucesos semejantes a los de Tian`anmen al ir más lejos en la ya cruda represión.

El plebiscito convocado por la oposición, y el ejercicio cívico robusto mantenido por los ciudadanos, pueden indicar que Venezuela quizás esté cerca de abrir la puerta.

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Petro se ahoga

Hoy la luna está partida por la mitad, prefiero describirla así. Cuando se amontonan los recuerdos y se desdibuja la fisionomía de casi todo, es bueno mirar al cielo y recurrir a la luna. Algo va perdiendo su color, o peor, casi todo está descolorido. Comencé hablándote como en aquellos días cuando me enamoré de ti. Sé que no te gusta. Prefieres que no hable tan parecido a la profesora que nunca leyó un poema, y preguntó para qué servía leer a Cervantes, que lo verdaderamente valioso era devorar El Capital de Karl Marx. ¿Recuerdas que días después confesó no haber leído nunca otra cosa? ¿Olvidaste el instante donde la escuchamos diciendo a su amiga que ella no leería jamás la pedantería delirante de Karl Marx?

No he parado de sudar. Llevo días intentando buscar alivio para tanto calor, pero tengo frío, tanto que me siento congelado, es como estar temblando por el frío dentro de un ardiente horno ¿Estaré envejeciendo? Siempre intento desvirtuar lo verosímil. Aquí ya ha pasado casi todo y no cambia nada. Era lo último que quería escribir, pero no esperaré mucho más para vomitarlo de una vez. Y parece que me escucharás reiterándolo. Quisiera equivocarme cuando te digo que aquí ya ha pasado casi todo y no ha cambiado nada. Ojalá pronto, o alguna vez, pueda escribirte diciendo que mis temores fueron inciertos, y que el reloj en mi bohío ya no está detenido o que en vez de avanzar retrocede a mucha prisa y sin pausa. Me encantaría vivir en el siglo XXI, porque estar vivos en el no significa que en el vivamos. Ni tú ni yo vivimos en el siglo XXI. A ti y a mí nos haría bien despertar y no encontrarnos en medio de aquello que Churchill llamó “la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia”. Así hasta estar triste sería diferente. Parece que siento mucho asco.

Hoy como tantas veces rezaré por ti. Petunia, también reza tú. Necesitamos que amanezca. ¿Ya te diste cuenta?

No me digas nada. Imagina que algún día tendremos mejor semblante. Te hará bien. Quizás 20 años no sean nada, pero casi 60 años… es demasiado.

¿Todavía escuchas tangos?

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