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La dama con el semental al piano

28 May

-Si vuelves a poner el tablero de ajedrez encima de la mesa me tomaré la tercera aspirina. No soporto el ajedrez. Tu juego me da jaqueca. No resisto los cuadrados del tablero. El ajedrez me marea. Y aunque cuelgues “un libro de geometría con un cordel en la ventana para que el viento pase y aprenda por fin tres o cuatro cosas de la vida”, no lograrás que tu libro colgante, y densa geometría, se parezca al “Ready made desdichado”. La geometría me causa reflujo y nunca logras un ready-made.

La dama con el semental al piano

Petro y Petunia y estampas

21 May

Querida Petunia:
“Adiós felicidad”, esa pieza musical que interpretaba Bola de Nieve es la que escucho mientras te escribo. Con el permiso de Bola, así se llama el disco y es una exquisitez interpretada por Pancho Céspedes con Gonzalito Rubalcaba al piano. Petunia…tienes que escucharlo.
“Adiós felicidad casi no te conocí, pasaste indiferente sin pensar en mi sufrir. Todo mi empeño fue en vano, no quisiste estar conmigo y ahora me queda más honda está sensación de vacío. Adiós felicidad… casi no te conocí, pasaste indiferente sin querer nada de mí. Pero tal vez llegue el día en que pueda retenerte… mientras, con la esperanza de ese día he de vivir…Adiós felicidad.”
Petunia, suena muy bien, tanto que no he dejado de pensar en ti. Tengo tu imagen tatuada en cada neurona –las pocas que me van quedando-. Si pudiéramos escuchar juntos la pieza musical estaría besándote toda la noche, mientras llueve. Para escuchar juntos este tema no puede haber tanto calor. ¡Qué vapor Dios mío! Y esta mosca que no me deja en paz. Cuando oigas esa sonoridad, esa voz, pensarás en mí. Seguramente me pedirías que no cante más porque parezco una rana croando. Estoy otra vez cautivado con la canción.
“Adiós felicidad… casi no te conocí, pasaste indiferente sin querer nada de mí. Pero tal vez llegue el día en que pueda retenerte… mientras, con la esperanza de ese día he de vivir…Adiós felicidad…”

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Y el Papa está en Fátima

13 May

El corazón de la Iglesia está hoy en Fátima Oremos todos.

La mosca insolente

10 May

Había una vez una mosca irreverente que no quería ser como… algún moscón.
Ella era una mosca que cantaba. Pero en aquel reino cantar estaba prohibido.
Los moscones al mando odiaban las melodías y hasta prohibieron dibujar. Una
mosca disciplinada después de nacer existía sólo para cumplir las órdenes de
los moscones. La mosca irreverente no obedecía, y tal indisciplina costaba
caro.
-El ruido que se rompe ha trazado rumbos disparejos. Entre las catacumbas
no hay como continuar el camino. Dicen que la luz se torna indecisa mientras
se cuentan las leyendas que culminan siempre igual. Los mitos también se
sepultan. Y el mito de esta comarca caerá- gritó la mosca irreverente,
rompiendo por libre y espontánea voluntad el silencio. Y las otras moscas la
miraron perplejas, aunque con el vicio de las dudas. Cualquier irreverencia
suele ser sospechosa.
-Se volvió loca- susurraba una mosca a otra.
-Silencio, pídanle que haga silencio- comentaba con muchísima discreción la
mosquita a su vecina.
La mosca irreverente se atrevió a más cuando no creyó en el odio. En el reino,
odiar es como una virtud que minuto a minuto los moscones labran y
preservan. Una mosca sin cerebro y labrada con el odio es la cosecha que
precisan los moscones.
-Pídanle que se calle ¡Qué alguien calle a esa mosca!- pensaba la más
temerosa de todas. La misma que hacía muchísimo tiempo dejó de cantar y
jamás dibujó, cumpliendo así y con absoluta exactitud cada mandato de los
moscones. A veces tanta calma causa los mismos efectos que el cáncer
Pero la mosca irreverente en la cumbre de su insolencia comenzó a dibujar
mientras cantaba. Allí, sin esconderse, la mosca rompió el silencio que por tan
intenso ya aturdía, era irresistible.

Apreciaciones sobre un panorama recurrente

30 Abr

Las alteraciones al orden democrático no inciden en cuestiones abstractas. Perder el rumbo de la democracia destruye a los individuos y desgarra la convivencia, al profanarse patrimonios cívicos indispensables para cualquier nación. Hay valores universales que precisamente lo son porque constituyen paradigmas de la humanidad y no de un país en particular. América Latina es una región que ha sufrido las consecuencias de abandonar o romper virtudes cívicas, y después se ha encontrado con las consecuencias de ese deterioro. Lamentablemente esos sucesos no son cosas del pasado.
Venezuela, por ejemplo, vive momentos que no ocurren por casualidad. Lo que hoy sucede allí comenzó tiempo atrás. Hay lecciones que nos indican el camino al colapso. Las “dádivas” nunca son gratis ni un regalo, por ellas se paga un costo altísimo, incluido el pasaje directo al abismo. Nunca el gobernante, o el gobierno, o el Estado, pueden financiar algo porque quien costea los regalos es el contribuyente, y aquel que a cambio del supuesto obsequio termina convertido en mero súbdito.
Los venezolanos tienen derecho a ejercer todos sus derechos y enrumbarse en paz hacia la democracia. Es curioso escuchar algunos pronunciamientos que surgen sólo cuando la revolución bolivariana se pone nerviosa porque percibe su desmoronamiento. Los problemas de Venezuela no provienen de las expresiones pacíficas de los ciudadanos, sino de las causas, de aquello que lleva a las multitudes a obrar pacíficamente y a no permanecer como simples espectadoras de sus propias desgracias.
Por cierto, insisto, la pluralidad no es división, es multiplicación. La unanimidad existe siempre, y comúnmente, en fuerzas y espacios no democráticos. Quizás a alguien en la Antártida, Roma, o en “casa de las quimbambas”, le sea útil enterarse de ello, para así no parecer cínico o parcializado, o intensamente zurdo; o para que al menos se dude de la veracidad de un apodo: Pancho el zurdo.
También en Venezuela, Ecuador, Bolivia… se observa lo que sucede cuando una persona, una visión y una fuerza política son lo “legítimo”. Contemos cuántas veces los populistas y sus correas de transmisión han respetado -al menos respetado- a alguien o algo que no coincida con el criterio personal del gobernante. Al observar las naciones sujetadas por gobiernos que se autodenominan progresistas puede valorarse el progreso alcanzado.
Latinoamérica posee suficiente evidencia para apreciar cuan cierto es que las dictaduras no tienen color político -y la mezquindad tampoco-. Ningún individuo, ningún gobierno, es tan bueno que puede acumular el poder y poseerlo por tiempo indefinido. Ninguna nación avanza con caciquismos o caudillos. Y de nada sirve -ni parece sincero- transferir a otros las culpas de los fracasos propios. Suele verse como adulto a quien alcanzó la edad y se comporta como tal
Cuando el gobernante actúa como si fuese un dios, y de esa manera es tratado, las naciones se encuentran en el antónimo del paraíso. En el actual contexto latinoamericano las cuatro virtudes cardinales descritas por Platón mantienen su vigencia y es posible notar cuándo son abandonadas.
Desconozco si “Nuestra América” dejará atrás los mismos baches en que cae -y ha caído en ellos demasiadas veces-, pero lo deseo; así como aspiro a que cuando en mi Patria algún día se haga la luz sepamos oler siempre el rumbo adecuado. Hará bien que adelgace el manual de los descalabros latinoamericanos. Y será bueno que en la tierra de José Martí sirvan para algo los tropiezos propios y de nuestros vecinos.
Destruir la democracia parece más fácil que recuperarla. Pero no hay sombra que pueda esconderse de la luz.

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