Conversando con Petro, un ciudadano común.


¿Piensan los jóvenes en Cuba?

Todos los seres humanos piensan. Precisamente es esta una de las razones por la que somos diferentes al resto de los seres vivos, nuestra capacidad para razonar, la vocación por reflexionar. Para cualquier individuo el pensamiento es una necesidad en su existencia. Pensar es algo innato e inherente a las personas. Por supuesto que los jóvenes piensan en Cuba.

¿Dónde está, el pensamiento político, económico, social, de los jóvenes dentro de Cuba?

Existen jóvenes pensando en todo, el dilema consiste en que no es permitido proyectar esas ideas en el ámbito público oficial. Si no posees un pensamiento “marxista- leninista” o “estalinista”, estás condenado a permanecer aislado. El servilismo ideológico obligatorio es un síndrome común en los regímenes totalitarios, donde todos tienen prohibido pensar y sólo puede expresarse un individuo.

En Cuba supuestamente existen “espacios de participación” dentro de la oficialidad, pero lamentablemente esto es una falacia. Todos los aparentes “espacios” oficialistas son para servir, cooperar y colaborar, con una decisión o pensamiento ya planteado por quién posee el poder absoluto. Así funciona el centralismo supuestamente “democrático y/o participativo”: sólo uno piensa, se expresa y manda; los demás, en el más democrático de los casos, ayudan a ejecutar lo que determinó ese mandato.

El activismo o protagonismo ciudadano son vistos por el poder como una amenaza, porque está fuera de su maquinaria de control represivo absoluto. Debido a esto, algunos amantes del pensamiento reflexivo, se contentan con “ilusiones”. Dialogan sobre China, EEUU, América Latina o cualquier otra región del mundo, porque hablar de Cuba, libre y honestamente, siendo un cubano y viviendo en Cuba lo consideran un “suicidio”.

No obstante, en los espacios independientes, aún con la represión más voraz, los jóvenes cubanos están proyectando sus ideas y pensamientos públicamente, en innumerables proyectos y espacios alternativos, con un análisis maduro de su realidad e implementando acciones o respuestas consecuentes a su pensamiento no violento, renovador e irreverente, que tanta falta hace en el país.

¿Pero y los espacios brindados por la AHS y otros organismos gubernamentales?

Otra vana ilusión, la AHS es la sección de la UJC para el control de los jóvenes creadores. Allí te puedes encontrar con ciudadanos capaces de ofrecer una extensa conferencia sobre la revolución haitiana, describirte la estructura de gobierno en Gran Bretaña y desconocer lo qué pasa en Cuba, o no tener respuesta para los problemas que ellos mismos tienen que vivir a diario, al menos no se atreven a expresarlo.

En estos espacios la intolerancia a cualquier expresión no izquierdista extrema es latente, porque son lugares controlados, creados, dirigidos y supervisados por el poder totalitario de la élite verde olivo. Los temas cubanos, si por casualidad se hablan, es tímidamente, con extremo cuidado y sutileza, mediante excesos de parábolas, analogías – a veces sobrante palabrería hueca- y atacando a los cubanos, porque,  vergonzosamente, se acusa a los ciudadanos de ser los responsables del caos nacional.

En lugares como esos es pecado sugerir que no eres un fanático adorador del Ché. La mayoría de estos jóvenes se nutren exclusivamente de la información chequeada por las autoridades. Pocos tienen la posibilidad de confrontar información, acudir a una voz distinta a la del régimen. En esta isla toda la “información oficial” está precisamente en los órganos de prensa oficiales del partido comunista a todos sus niveles, o a cargo de la UJC y otras entidades que son tentáculos del gobierno unipersonal imperante.

En ninguno de estos espacios se puede manifestar una aptitud coherente a ideas no conservadoramente comunistas, ni efectuar un diálogo abierto sobre la realidad cubana y sus problemáticas básicas, porque sencillamente encontrarás silencio o te desviarán la conversación; no porque necesariamente la rechacen o estén en contra, sino por miedo y por la ausencia de una cultura de tolerancia. Desde que el individuo nace el sistema entrena al ciudadano para ser agresivo, y temer a las diferencias de criterios. El sistema se empeña en excluir a quienes no piensen como dice el régimen qué se debe pensar. Es difícil descontaminarse de todo esto cuándo está siendo inculcado desde los primeros años de vida. Quién no piensa igual al régimen lo consideran enemigo, inferior, mediocre, ciego, incapaz o mercenario; también loco o con trastornos de la personalidad. Solamente los marxistas- leninistas pueden ser patriotas, cubanos y buenas personas; así de ridículo y simplista.

¿Los jóvenes en Cuba sienten apatía hacia la política?

Aún de forma involuntaria cada pensamiento y acción del ser humano posee una trascendencia política. Para los jóvenes en Cuba la política es sinónimo de reuniones aburridas, discursos largos y vacíos, marchas fatigosas bajo el sol; dialogar sobre cuestiones ajenas a su realidad cotidiana. Tienen como imagen representativa de la “política” a la demagogia de individuos que parecen estatuas y no personas. También les resulta sinónimo de ensayar todo cuánto tienen qué decir, cuándo, cómo y dónde le ordenen. Igualmente reproducir gestos, tonos de voz, acentos raros en la pronunciación. Rememorar además largas jornadas de trabajo forzado en el campo, siendo aún menores de edad, sin ninguna remuneración y paralizando sus estudios; extender por horas lo que pudiera concretarse en minutos; entregarse como esclavo y si acaso recibir limosnas; mentir y aplastarse unos a otros. -La política es sucia-, es una frase cotidiana. Por otro lado sufren graduarse de estudios superiores y que sus conocimientos o sacrificios no sirvan para tener una vida decorosa, digna, coherente con su sabiduría. Cualquier persona medianamente normal aborrece esto.

Los ciudadanos han sido alejados, por el sistema, de la vida política, sobre todo los jóvenes. No hemos experimentado la democracia, la mayoría tiene como referencia sólo lo leído, visualizado en materiales audiovisuales, o aquello que le han contado familiares y amigos residentes fuera del país.

Involucrarse oficialmente en el actual sistema de poder quizás permita algunos privilegios, pero también la repulsión generalizada de la población y está clarísimo que desde el oficialismo es imposible cambiar algo. En ese ámbito la política no es un instrumento para beneficio popular, al contrario, cualquier funcionario o cuadro -como le llaman- es un instrumento para servir y privilegiar al grupúsculo enquistado en el poder. No está de moda en los jóvenes participar en la política oficial ¿Para qué? Desde allí nunca se servirá al pueblo. Cuando las personas de buena voluntad no se encuentran activas cívica, social y políticamente significa que no participan de la toma de decisiones, quedando el camino libre a los oportunistas, corruptos, etc.

Para la dinastía esa “apatía” es beneficiosa. Mantiene aislado sectores de la población ante los cuales siente pánico, especialmente los jóvenes. El régimen conoce perfectamente su potencial, capacidad y necesidades, junto a la creatividad e irreverencia que nos caracteriza. Involucrarse en la política no tiene nada que ver con lo antes descrito, no es lo mismo que politiquería, pero es muy difícil para los ciudadanos desinformados, manejarse de manera distinta cuando la realidad es tan cruda. Si en Cuba tuviésemos una democracia las impresiones sobre la política, entre otras tantas cosas, fuera distinta. Nos regocijaríamos al ser ciudadanos con derechos respetados y ejercidos, sin necesitar ser algo más que un ciudadano común.

¿Piensan los jóvenes cubanos en un futuro dentro de Cuba?

La inmensa mayoría desgraciadamente no. El futuro lo imaginan en cualquier país extranjero. Su realización personal y profesional está en los modelos de sociedad que el régimen denomina “podrida”. -No son millonarios pero viven como personas-, es otra frase común entre los jóvenes y el pueblo en general.

En Cuba la mayoría de los ciudadanos, tiene familia o amistades en el exterior, y se dan cuenta de las posibilidades que ofrecen la democracia, la economía de mercado y el respeto a los derechos, aunque no posean la vivencia. Los cubanos mayoritariamente son exitosos en cualquier lugar, menos en su patria.

Nadie quiere perder su vida inventando malamente como sobrevivir, estresado y deprimido por resolver la comida del día jugándose años de cárcel, debido a cualquier negocio, mediante el cual obtener un ingreso mínimo que le permita al menos mal comer. Encima de esto, las autoridades como jauría rabiosa se lanzan contra cualquier acto de subsistencia, considerado ilegal únicamente por el sistema impuesto en el país, o que simplemente no esté incluido dentro del estrecho listado autorizado para los “cuentapropistas”, quienes se encuentran ahogados por restricciones e impuestos que buscan estrangularlos, Mediante estrategias fiscales y las “leyes” impuestas el régimen pretende impedir la acumulación de capital, por tanto el crecimiento de los micro-negocio.

La prostitución y el jineterismo, además de constituir un negocio “ilegal” que permite relativamente cierta solvencia económica, es para la mayoría de quienes ejercen esa práctica una oportunidad de que algún extranjero los saque del país.

Se ha perdido la identidad nacional, la gente anhela un contrato de trabajo, una carta de invitación  o una ciudadanía extranjera. Esta isla está derrumbándose a pedazos, hay problemas en la educación: compra y venta de pruebas, fraudes en las evaluaciones sistemáticas alteradas por conveniencia o soborno a los maestros. Continúan los profesores incapacitados de realizar una correcta educación de sus alumnos porque la prioridad está en el adoctrinamiento. No hay dinero en los bolsillos de la gente. Los hospitales están destruidos, sin una “palanca” o buenos regalos es muy difícil una atención médica eficiente. El problema de la vivienda es gravísimo y la mayoría de las que existen están en mal estado. El transporte es pésimo. Las calles y carreteras están destruidas. Las escuelas en el piso. No existe todavía verdadera libertad de entrar y salir del país cuándo los cubanos lo deseen. Está bloqueada cualquier iniciativa y capacidad individual. No se puede “hablar”. La corrupción está a la orden del día. Son gravísimos los problemas con el suministro de agua, altísimas las tarifas de la corriente eléctrica, mínima la producción de alimentos y alejadísima por cierto de las necesidades y demanda nacional. El salario es un bochorno que no resuelve nada. La dinastía ha llevado a Cuba al caos. Por otra parte, pensar, proponer y ofrecer soluciones sigue considerándose por el régimen un delito grave. No son todos los que se atreven a expresarse en condiciones de opresión tan brutales; pero cada vez son más los que pierden el terror y asumen su responsabilidad ciudadana.

¿Entonces deben lo jóvenes cubanos permanecer dormidos?

Claro que no, los obstáculos son inmensos, las limitaciones grandes pero quién se sienta realmente parte de su realidad debe estar activo. Los seres humanos necesitan tener iniciativa, sensibilidad, protagonismo, participación. Crear, pensar, accionar sin pausas: ese es el camino. Al menos los censores en la policía cultural y el control represivo absoluto tendrán trabajo, o se agobiarán tanto con las lecciones democráticas de la creación y el pensamiento plural, que constituirán un apoyo, aunque sea anónimo, al libre pensamiento. Enajenarse no es, ni será nunca la solución.

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Una respuesta to “Conversando con Petro, un ciudadano común.”

  1. Anonimo libre expresion abril 9, 2014 a 7:16 pm #

    Gnial las tres partes de conversando con Petro. Felicidades Yuslier

    Me gusta

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