Conversando con Petro, un ciudadano común III


¿Es posible el cambio, no puede parecer un ideal irrealizable?

Nada permanece inmutable eternamente. Todo está sujeto a un constante proceso de cambio. El cambio en Cuba es un fenómeno  natural, común y espontáneo, que está ocurriendo a pesar del régimen, en contra de la voluntad del gobierno; pero ni siquiera es una opción sino un proceso irreversible, además inevitable.

Las personas en la extinta URSS y otras dictaduras se resignaban. Las autoridades incluso les hacían creer, que no había cambio posible, y que ellos siempre estarían en el poder. A los nazis no les pasó ni por la cabeza que su régimen finalizaría. Después de la muerte de Hitler, familias completas se suicidaron, no veían posible existir sin el nacionalsocialismo y su denigrante líder. Sin embargo, esas naciones han pasado a ser sociedades democráticas, justas, equitativas, libres y prósperas; son lo que la mayoría de los ciudadanos ni siquiera imaginó.

La única utopía, ingenua y absurda por cierto, es creer que el actual sistema perdurará. Ningún cubano, ni siquiera los que supuestamente son leales a la dinastía, confía en que se pueda vivir el presente o crear un futuro con este régimen. Un sistema que ni la propia élite gobernante puede definir, pero que insisten aún en llamar marxismo- leninismo: ideología criminal y  fracasada en todas las naciones del mundo donde ha sido impuesta, siempre mediante la violencia y el terror, confiscándoles todos los derechos a los ciudadanos. ¿Qué nación bajo el marxismo- leninismo no se destruyó? ¿Qué nación del mundo bajo una dictadura es feliz, progresa, vive en paz? Los cubanos somos tan seres humanos como el resto de la humanidad, estamos sujetos a las mismas necesidades, anhelamos los mismos beneficios, tenemos derecho a los mismos derechos que el resto de los seres humanos del planeta. Es inexplicable cómo algunos pretenden hacer creer otra cosa. El cambio llegará a pesar del régimen. El ciudadano se moviliza para cambiar su propia realidad, no es necesario violencia y muchísimo menos sangre, eso sería repugnante. Desde la segunda mitad del siglo XX han venido produciéndose, exitosamente, grandes transformaciones en el mundo, mediante la no violencia como método de lucha. Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mándela son grandes paradigmas que demuestran éxito; igualmente el sindicato Solidaridad en Polonia, Lech Walesa, Vaklac Havel. Todos son grandes ejemplos que inspiran y demuestran que la no violencia es eficaz.

 ¿Para los jóvenes, un cambio pacífico hacia la democracia en Cuba que significaría?

No únicamente para los jóvenes, sino para todos los cubanos. En primer lugar habría que preguntarle a cada ciudadano y que cada uno tenga la oportunidad de ofrecer su respuesta. El cambio pacífico hacia al democracia abrirá todas las posibilidades y oportunidades a los cubanos para el progreso en todos los ámbitos. Una sociedad no es un ejército, ni un campo de batalla.

Las puertas del futuro se abrirán, porque se vive y construye en el presente. Es importante resaltar algo: el cambio en Cuba no llegará solo, ni se producirá por un milagro. Esas frases emitidas en ocasiones, como: algún día cambiará, o, ¿cuándo cambiará?, y  también la espera para qué algo pase como por arte de magia, son consideraciones erróneas que deben ser transformadas. Cuba cambiará cuando los cubanos hagamos que cambie. El cambio llegará cuando provoquemos que llegue. El cambio en paz, sucederá cuando decidamos no esquivar, huir, hacer silencio, ni aguantar más. Nada sucede, si no haces que suceda. El ciudadano debe saber y estar conciente, que si puede lograr el cambio y protagonizarlo. El cambio en paz hacia la democracia en Cuba puede tener muchas significaciones, según las necesidades y prioridades de cada individuo.

¿Entonces, tienen miedo los jóvenes en Cuba?

No puede hablarse de los jóvenes como una masa amorfa, oscura y sin cerebro, ya el propio término de “masa” puede manifestar una intención despectiva y totalizadora. Los jóvenes en Cuba, como todo grupo social, tienen particularidades. Es negativo generalizar, hablar de colectivos, sí antes no se habla de individuos.

El término revolucionario durante más de medio siglo ha sido humillado, pervertido, mal utilizado y tergiversado. En los jóvenes cubanos, a pesar de pertenecer a una generación alejada de los primeros horrores, el miedo persiste porque la represión continúa y no han dejado de cometerse barbaries.

El miedo se inculca desde tú nacimiento, entrenándose el individuo para hablar lo que piensa sólo dónde se pueda y sin perder el tono de murmullo en la voz. Miedo, claro que hay mucho miedo, esa es un arma básica del régimen. En Cuba existen revolucionarios de verdad, víctimas de las más sucias prácticas represivas que recuerdan a lo peor de las dictaduras fascistas o marxistas-leninistas, ambas ideologías criminales, por consiguiente sinónimos. Resulta penoso percibir como se llaman revolucionarios los que aprueban o participan de acciones violentas, por ejemplo los actos de repudio, o quienes golpean incluso a mujeres porque piensan y ejercen sus derechos. ¿Cómo pueden ser revolucionarios quienes utilizan hasta menores de edad para arremeter contra ciudadanos pacíficos que se expresan tranquilamente en cualquier rincón del país?

La mayoría de la gente siente apatía por el término revolucionario porque ha sido prostituido, lo asocian con este medio siglo de fracaso y desastre “proletario” ¿Dónde está la visión revolucionaria en quienes se aferran a un sistema inoperante y esclavista, sólo para no perder las limosnas que alcanzan por su servilismo al poder, o a los que no les preocupa los miles de ahogados en el estrecho de la Florida y argumentan que los cubanos se van porque existe una ley de ajuste cubano.¿ Entonces por qué salen en masa los cubanos para España, Ecuador o el primer país al que tengan oportunidad si en ninguno de ellos existe ley de ajuste cubano?. La dinastía es el único “gobierno” en el mundo que solicita que sus ciudadanos sean maltratados y no se les reciba cortésmente en un país extranjero. Los gobiernos democráticos del planeta piden constantemente todo lo contrario y darían cualquier cosa para que sus ciudadanos pudieran acogerse a una ley de ajuste.

Por supuesto, esa conducta abominable de la dinastía no asombra si dentro del propio país, como política oficial, los cubanos somos tratados como seres inferiores y sufrimos la discriminación por el grave delito de ser cubanos y vivir en Cuba. Los cubanos se van porque no aguantan más la ausencia de un futuro, por lo frustrante y patético del presente. Todo ello es resultado de un sistema y un régimen que se mantiene por la fuerza y no tiene escrúpulos para oprimir. Irse en un lancha o una balsa no es placentero, los cubanos saltan al vacío de está manera porque nuestra  casa está ardiendo en llamas.

En Cuba hay gente pensando en todo, incluidos los jóvenes, lo que no existe es libertad para articular sin posterior represión esos pensamientos. Aunque en nada justifica el miedo la inacción de las personas. Es comprensible que alguien tenga miedo y por eso no se exprese, o no tenga la actitud correcta como ciudadano ante los problemas de Cuba. Pero lo anterior no justifica la pasividad o inacción. El miedo puede ser entendido, pero nunca es una justificación. Todos sentimos miedo en un régimen salvaje; pero ese miedo hay que asumirlo y aprenderlo a controlar. Una de las claves para eso es romper el mito de la efectividad y funcionamiento de la represión. El monstruo es agresivo pero no es tan fuerte o invulnerable como intenta hacer ver. Hay que romper el mito sobre los órganos de represión y su verdadero margen de acción.

Los cubanos sólo obtendremos aquello que seamos capaces de luchar, construir y conquistar. Existe incluso una vocación e inspiración cristiana en el reclamo y la lucha no violenta por todos los derechos. La libertad no se mendiga, se conquista; a través de vías pacificas, sin el menor asomo de violencia. La lucha armada y la agresividad son afortunadamente métodos del pasado, innecesarios para lograr el cambio que reclamos, y al qué tenemos derecho, todos los cubanos, quienes debemos tener conciencia que nadie nos va a regalar nuestra democracia y que el régimen no va a ceder ni un milímetro voluntariamente. Ninguna dictadura lo ha hecho, a no ser como resultado de una presión profunda, sistemática y constante desde los ciudadanos, acompañados por la solidaridad democrática internacional.

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