Querido amigo:


Cuando pienso en Cuba, cuando hablo del pueblo cubano, me refiero siempre a un sólo pueblo. Los cubanos somos un sólo pueblo, vivamos donde vivamos. No padezco el ridículo y ofensivo complejo que lleva a separar a nuestro pueblo entre cubanos “de la isla” o cubanos “fuera de la isla”. Dígase cubano y ya estará hablándose de un sólo pueblo. Dígase cubano y ya estaría refiriéndose a un ser humano que lleva a su patria muy dentro, en lo más hondo. Dígase cubano y también se hablará de quien carga la dulcísima cruz del patriotismo.

Algunos dicen que sólo los lunáticos, o los muy tontos, pueden creer que Cuba alcanzará la libertad. Hay quienes, a veces por malicia y en otras ocasiones por desánimo, o hasta por decepciones, no ven ni quieren ver  la luz que crece al final del túnel.Existe aquel que ha dicho: “me salgo, no continúo”, y termina alejándose de todo lo que huele a Cuba. O está el otro que observa a su patria distante, aunque hable de ella; pero tiene el amor apagado,  luce resignado, y cuando más espera por actos de magia o se molesta cuando otros no hacen lo que tampoco él ha hecho. También anda por ahí ése que sólo mira la paja del ojo ajeno, y hasta exagera, y llega a inflamar tanto la paja ajena que la percibe como un tronco o quizás como la tapa de un sepulcro. Tal individuo no ve, se amputa él mismo la capacidad de mirar las virtudes ajenas y la consagración de aquél en quien sólo encuentra defectos, y hasta niega las virtudes del otro porque se concentra exclusivamente en las sombras. Entonces no puede ver en el prójimo, incluso en aquellos que han pagado un altísimo precio por amar a Cuba, las luces que dispersan cualquier sombra. Cuando lo sagrado es Cuba, cuando lo sublime es Cuba, nunca se duda y se sabrá cuándo sin que nadie lo advierta situarse, con presteza, como alfombra limpia para que Cuba camine.

 

 

No voy a referirme a quienes durante casi seis décadas han destruido a Cuba. No conozco de un caso ni de una ocasión, donde los cubanos que confiesen su amor por la libertad, su fe en la democracia, su pasión por Cuba, no hayan sido considerados por la vil opresión como no personas, no cubanos, no seres humanos. Ante tanta ignominia, alevosía, vulgaridad, ante la fetidez de esas heces no hace falta detenerse. Frente al odio del opresor la bondad del franco, del ciudadano honesto y del cubano amante de su patria es un monumento erguido que desmorona la perversión intrínseca en el opresor y su maligna y crónica suciedad.

Amigo, cuando has pensado abandonar ese sueño, el anhelo que tu alma resguarda; cuando otros te digan que no, y que nada puedes hacer o que mejor será te resignes; cuando la montaña se encuentre frente a ti y luzca enorme, y te parezca imposible escalarla, y hasta el temor te invada, no dejes de creer. Tú lo puedes sentir, porque el fervor, la veneración a Cuba de tu corazón le hace palpitar. No dejes de creer, no dejes de obrar, no pares de soñar. El único fracasado es aquel que se rinde. El fracaso es para aquel que se rindió. Desanimarse es rendirse y rendirse es perder. La única forma de fracasar es rendirse. Y cuando pienses en abandonar los sueños, alza tu frente y no te rindas. Si parece que no puedes más, si te parece que nada más podrás hacer, que no hay nada que se pueda hacer, o que el camino llegó a su final, y se cierren puertas, y las palabras o los supuestos consejos vengan para intentar apagar tu amor, cuando te conviden a la rendición… ¡Por favor, no te detengas, no dejes que te colme el desánimo! Entonces será el tiempo de avanzar, y celebrar lo que vendrá: aquello que puedes construir por tus propias manos. El cambio en paz está en ti, eres tú, no importa dónde estés.

Si alguna vez te dicen que no tienes nada que opinar porque te fuiste; con el corazón en la mano y la amabilidad más pura rememora a Martí, Varela y tantísimos otros cubanos de pura cepa. Perdona semejante ofensa y sigue soñando y obrando, y amando a Cuba, y a la libertad; acrecienta tu fe en la democracia, ahonda más en esa fe, y sueña también por quien te dice que no puedes cargar a Cuba simplemente porque no disfrutas de los amaneceres en ella. Olvida quien así te excluye, que el exilio duele y hace falta muchísimo valor para extrañar a la patria. Olvida quien te discrimina que el exilio muchas veces no es una opción sino la única vía de salvación  para salvar la vida propia, de la familia… o salvarte de la depresión crónica. Olvida quien niega a un exiliado su derecho a cargar con la patria en lo más hondo de su sensibilidad que gracias a, ese, que se fue hay familias con un mejor plato de comida servido en la mesa, hay un paciente en Cuba con el medicamento que necesita, hay una madre llorando por la dispersión geográfica de sus hijos  hablo de la madre que te llevó en el vientre pero también de la madre inmortal: Cuba: la patria, la casa, la madre de todos los cubanos.

 

Olvida quien discrimina a un cubano exiliado que éste, a pesar de contar con soluciones para sus problemas económicos, carga con la patria, y la arrulla, siente, ama, a ella no renuncia, no la traiciona, no la vende. Olvida quien discrimina a un exiliado, el dolor, el sufrimiento, el amor de un hermano.

Amigo, no deposites tu esperanza en el opresor que descansa sobre el dolor de Cuba o en el oportunista que empuja disfrazado de ovejita, para abrazar a la opresión que ni se arrepiente ni cambia ni pide perdón, cuando en verdad sólo está afilándose los dientes para aprovechar la esclavitud de sus hermanos. Si entregas tu esperanza a cosas semejantes vivirás una decepción detrás de otra. Para comerse a las ovejas el mejor disfraz del lobo puede ser parecerse a una de ellas.Y ese lobo a veces no tiene nada que ver con el opresor, pero le da lo mismo que continúen oprimiendo, y se hará “amigo” del opresor si eso le permite aprovechar el chance y acrecentar una podrida riqueza, como lo es toda aquella que se funda sobre el apuñalamiento a la libertad de la patria. Judas Iscariote traicionó a Cristo con un beso y por treinta monedas. También en los tiempos donde se gestaba la independencia cubana hubo quienes llamaban “reformismo” a repulsivas fórmulas que sólo alargaban y enmascaraban la continuidad de la opresión. Y ellos se presentaban como gente que entendían únicamente “posible” no la libertad, sino la continuidad de la servidumbre y la sumisión ante la monarquía que se creía dueña de Cuba. También en otros tiempos, incluido aquellos en que se buscaba la independencia, hubo gente ocupada en sus egoísmos, temores y mezquindades que utilizaban hipócritas discursos de supuesta pasión por Cuba, mientras pactaban con la opresióny describían a la libertad como el advenimiento del caos. Mientras a la inmoralidad en la que mal vivía la nación toda, indecorosos personajes la asemejaban insistentemente con el orden o garantías de seguridad. No han faltado aquellos, en una época u otra, a los que el maltrato a su madre: Cuba, les ha importado menos que un comino. Como si la patria y ellos fueran cosas diferentes, lejanas. Como si el mínimo maltrato a una madre noble y amorosa, no implicara cuando menos la indignación del buen hijo.

Hermano levanta el ánimo, y para sanar heridas llora si falta te hace. Es propio de gente noble llorar al menos una vez por la patria en más de medio siglo  corrompido por la inmoralidad. Los hombres también lloran. Amar a la patria es como amar a nuestra madre. ¡Y el hombre que no ame a su patria no ama a su madre, y entonces ni es humano ni es hombre! No te ocultes, llora por la patria como hijo noble. Después, sécate las lágrimas y da gracias a Dios por amar a Cuba. Si no crees en Dios da gracias y desea cosas buenas para tu pueblo. Personalmente siempre agradezco que existan cubanos inspirados en el amor de Cristo, el pensamiento de Martí y los cojones de Maceo.

¡Oh…compay! Créeme cuando digo que te comprendo. Quizás no imaginas cuánto te comprendo. Muchas veces me he levantado así: con Cuba doliéndome en lo más hondo, y me he acostado peor.

Pero el amor a Cuba y su libertad, requiere también la perseverancia de una obra amorosa, sublime, que parece una carrera más de resistencia que de velocidad. No te equivocas, ni piensas mal: ¡Ni“reformismo” vil, ni sumisión traidora y hasta vulgar! Para Cuba toda: cambio en paz

Compatriota, es el cambio en paz la vía que garantiza la democracia. Ningún cáncer se actualiza, ni se reforma, ¡se extirpa! Es noble y viable pretender el cambio en paz, sin odio, revanchas ni venganza.

Veo la obra de los consagrados a Cuba: de los que viven, han muerto o permanecen viviendo en Cuba desde la distancia geográfica. Noto aquello que se ha avanzado y logrado hasta hoy, y sea poco o mucho, es gracias aunque no se les reconozca, o ni ellos mismos se den cuenta a los cubanos que han sacado del closet su sensibilidad patriótica y consagrándose a Cuba, obran por ella.

El cambio en paz no tendrá la velocidad que desearíamos, pero está ocurriendo y alcanzará su plenitud. Yo confío en Cuba, creo en su libertad, y no se trata de que tenga la esperanza “como lo último que se pierde”, quienes así se consuelan es porque ya lo perdieron todo y se rindieron. ¡Pobre consuelo! El cambio en paz está en manos de los cubanos, y va a ocurrir.

Hoy que es día de las madres, festeja con tu familia. Hoy en algún instante brinda, en tu nombre y el mío, por nuestra madre: Cuba.Nunca más abandones tu sonrisa.Te admiro porque a pesar de que puedes contar con soluciones para tus necesidades económicas, no eres un “exiliado de estómago”. Tú, eres un exiliado patriota. ¡Bienaventurado seas!

Levanta tu frente y sonríe. Se feliz. Cuba te necesita y le urge que tus sueños para con ella se hagan realidad. Cuba necesita que todos sus hijos obren amorosamente para hacer realidad sus sueños.

Compatriota, nuestra patria tiene todo lo necesario para lograr el cambio: cubanos que la aman y creen en su propia iniciativa o confían en Dios, o tienen fe en la democracia.

Nunca te diría que es fácil la obra que compete a cada cubano. Cuando se ama también se sufre. Pero el cambio en paz, es una sublime creación donde no debe encontrar espacio el optimismo ciego, y hasta tonto; pero tampoco puede alojarse la resignación dañina, el desánimo que corroe, y la necedad del que se ha rendido, y ya no cree ni en sí mismo.

Cubano:Parir la libertad duele, pero es posible.

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