Subcutáneo


¿Tenía miedo? Balbuceaba constantemente ante el espejo y frente a sus amantes virtuales. Jamás pasó por su cabeza la hecatombe que le tocaría vivir. Colmado de la inapetencia rutinaria temía, y sus incertidumbres despertaban afinidades entre sus bostezos pasivos.

Ella entró rechinando la puerta; promovió en él los escalofríos cotidianos. ¿Qué hace aquí?, saturada de maquillaje, mostrando su lujuria de “Barbi” falsificada. Masticó el chicle, alguna vez de menta, y sonando los tacones rayados marcaba el paso. Valiéndose de las tijeras por afilar, y el puñalito en la esquina de la mesa, desgarró las ropas de Petro. Desnuda ya, presentó sus tetas caídas, estrujadas; pequeñas figuras sin geometría calificable. El pubis, sin rasurar, tupido y ennegrecido; las piernas flacas y las nalgas escachadas. Un olor fuerte contaminaba la habitación. Se lanzó sobre la cama directo a los genitales tapiados de Petro. Teniéndola tan cerca, él pudo sentir la peste que salía desde sus axilas hundidas; olía a alcohol de reverbero. Ella gemía con aliento de “Barbi” procurando rozar su piel. ¡Quítenmela! ¡Ay!…Ay…Ah. Ay, ay… ¡Sácala!

Petro, despertó alterado al soñar que iba a devorarle el pene. Es un tipo perturbado por las pesadillas, invadido por fábulas arrogantes y un temor primitivo. Casi no come, padece de insomnio crónico. Evita el sueño porque siempre que duerme otra vez las pesadillas lo atacan. Es un tipo con miedo, tanto que él mismo duda de a qué no teme. Siendo niño soñaba que caía en el vacío desde algunas almohadas en una torre alta y sentía cosquilleo en el estómago. Casi al caer en el suelo despertaba ya sobresaltado. Hace años que su adicción se desplaya con esa mujer. Como en sus masturbaciones, imagina un secuestro donde la persigue con el revólver viejo guardado dentro del closet. Fue de su abuelo, pero no sabe si aún dispara. La seguiría con el revólver en la cintura promediando la distancia precisa, gozando sus caderas. Piensa que mejor sería de noche. Mientras suba los escalones correría sin agitación y le apuntaría a sus nalgas. Ella no querría perder semejantes atributos, entonces obedecería y sin problemas hará todo cuanto él ordene. Tararea  con esas ilusiones una canción; pocos serían capaces  de secuestrar a una mujer como esa. Termina excitado por su futura acción heroica. Está empecinado con ella, para colmo en los sueños grita pretendiendo desaparecerla. En ellos teme tenerla cerca. Cosas de miedosos, pero cuando logre hacerlo no será tan “pendejo”. Hasta ahí todo parece fácil. El impedimento es alguno de sus tantos miedos. No se atreve a muchas cosas: teme de la noche, es incapaz de caminar solo, le espantan las moscas y cualquier otra persona desconocida. Si por casualidad conversan con él y empezaran a escupir no aguantaría pensando en los gérmenes liberándose en el aire, los perros defecando en las aceras, la gente comiéndose las uñas sin antes lavarse las manos, las irregularidades en las construcciones; recibir un abrazo; besar una mejilla… Estos y otros miedos son los obstáculos fundamentales para lograr su propósito. La solución es entonces atraerla hacia su casa.  Se ha convertido en un estratega y hasta en filósofo (…)

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