Conversando con Petro, un ciudadano común II


¿Tienen los jóvenes en Cuba oportunidades de esparcimiento?

Pocos y deficientes. Los sistemas cerrados y totalitarios, no pueden, no saben, ni quieren y también son incapaces, de responder con agilidad e inmediatez a las necesidades de los ciudadanos; sólo para reprimir reaccionan rápido. El dogma y la burocracia es una epidemia. Los prejuicios y la estrechez de la policía cultural imponen a todos sus propios gustos y preferencias estéticas con fines de explotación intelectual y cultural, incluyendo la explotación ideológica. Deben existir espacios y oportunidades para todos los gustos y preferencias. Es ridículo adoptar prácticas y políticas excluyentes en una cultura tan rica como la cubana. Peor aún resulta aniquilar, o aplastar, aquella cultura que las viciadas élites, serviles al poder, tienden a marginar o subestimar. Contradictoriamente son los gustos de la clase que los marxistas-leninistas dicen defender: el proletariado, los obreros.

Otro ejemplo puede estar en las “tribus sociales” o “urbanas”, como denominan los expertos a los “hemo”, “hippi”, “rockeros”, “miki”, “raperos”. Ellos en particular, como grupos marginados por su irreverencia social y cultural, no tienen oportunidades libres y abiertas para su esparcimiento. Los lugares que encuentran son escasos, y normalmente asediados por la policía o grupos afines a la política ultra conservadora de los comunistas. Si la naturaleza del sistema no fuera represiva, estos jóvenes tuvieran oportunidades para encontrarse, en su propia casa o lugares privados adecuados para sus gustos e intereses. ¿Qué puede esperarse de unos “gobernantes” que trataron de imponer desde su buró, cómo debían vestirse los cubanos, el largo del cabello en el hombre, cuáles eran los pelados y peinados “correctos”, según su percepción, tanto para el hombre como para la mujer? Además, son los mismos que enviaron a campos de concentración ( UMAP) para el trabajo forzado a intelectuales, educadores, artistas, homosexuales, religiosos; esencialmente a personas con una proyección distinta a la uniformidad espantosa que imponían los retrógrados barbudos. Ellos aún consideran a estos ciudadanos irreverentes, independientes, razonables, civilizados, a la gente con “swing”: calificativo dónde siempre estaremos incluidos los jóvenes, como “enemigos indignos” del aburrido y temerario sistema “gansteril”, con mascarada mojigata, que pregonan en sus belicistas discursos. Estos gobernantes, los mismos desde hace medio siglo, son incapaces de conectar con los jóvenes. Están absolutamente distantes de sus intereses, por eso, aquella “juventud” próxima a la dirigencia pierde también toda empatía con el resto de su generación. Se convierten en seres apáticos y muy aburridos, autómatas que reproducen frases, bastante malas por lo general, y no tienen posibilidad de cuestionar, tampoco lo pretenden. Por la edad continúan siendo jóvenes pero sus acciones y aptitudes fundamentalmente son retrógradas y frías.

Han resultado escandalosos los actos represivos del ministerio de cultura. La brutalidad suele ser la peor de sus propias estrategias, porque terminan dañándose así mismo. Para los marxistas-leninistas fue un delito escuchar la música de The Beatles, agrupación prohibida durante su “boom” universal: porque era la música y el idioma del “enemigo”.

Todo conduce a la causa número uno: el sistema y sus gobernantes. Estos últimos continúan en el poder hace más de medio siglo. Los seres humanos cuándo tenemos libertad somos capaces de dar respuesta y solucionar nuestros propios problemas, incluida la elección para pasar el tiempo de ocio y esparcimiento.

Entre tantos discursos belicistas, donde se reitera la palabra muerte o supuestas epopeyas y falsos actos heroicos, las personas necesitan del ocio y verdadero disfrute espiritual, diversión; reír, relajarse. La saturación con tantas mentiras aturde y llega a violentar al individuo.

¿Están alejadas las producciones culturales, en el marco oficialista, de una realidad tan fuertemente dañada como la cubana?

Si, al menos la visible en el ámbito oficialista pasada por el filtro de la censura. En ocasiones no profundizan, quedándose en la cáscara por no atreverse a romperla. Otras veces generalizan y acompañan los cuestionamientos con “comparaciones” sobre otras partes del mundo, de manera que pueda ser “justificado” como una temática no directamente crítica al régimen; aunque existen excepciones como en toda regla.

Abordar este tema es arriesgado. En la producción musical o audiovisual, el video clip; también en el teatro, la danza, artes plásticas y la literatura, existen creaciones con una densidad intelectual inmensa. Allí los pensamientos sobre nuestra realidad existen, pero lamentablemente son confusos e ilegibles para buena parte de los espectadores, especialmente el denominado “proletariado”. Debido a su complejidad intelectual les resulta complicado percibirlos. El “soporte” de esos pensamientos es más fácilmente digerible por las élites culturales, y menos por las grandes “masas”, que necesitan un lenguaje casi siempre más sencillo – no simple- para  percibir lo que ocurre.

Mucho de lo que se produce o piensa queda en circuitos cerrados o el autoconsumo, por la errada creencia de que no hay solución, o no vale la pena exponerse porque sólo se serviría como “carne de cañón”. Se trata entonces de no identificarse con el contexto, las circunstancias que golpean al individuo creador. La creación y el pensamiento engavetado, analizado millones de veces, revisado para no buscarse “problemas” con la represión artística-cultural, empantanan y obstruyen la creatividad. Lamentablemente el primer censor ha sido trasladado a ese policía interno que cada cubano lleva dentro. A pesar de todo ello, la joven intelectualidad cubana y los artistas jóvenes de todo tipo, son un demoledor proyectil de criterios serios, irreverentes y arriesgados sobre Cuba. Esto incomoda bastante a la policía cultural.

¿Es posible acceder a información o estadísticas específicas y fiables?

Depende de para qué se trate y mientras no sirva de alguna manera para cuestionar al régimen. Si no eres servil estás bloqueado, quedas excluido de cualquier posibilidad. El bloqueo gubernamental es permanente, adjuntado al nulo o privilegiado acceso a Internet, incluido a una simple computadora para escribir. No puede ignorarse que en el país toda estadística está manejada por el régimen y no tiene credibilidad, puesto que se conoce muy bien la manipulación ejercida sobre ellas en conveniencia de los intereses oficialistas.

La dependencia del ciudadano al gobierno abarca todos los espacios y es una política intencional. La élite en el poder necesita el control total o pierde. Una frase incómoda representa un obstáculo y este régimen encuentra la incomodidad por todas partes, porque ha desmoronado a la nación. ¿Qué bandera o supuestos logros puede alzar el gobierno? Ni siquiera la educación y salud, ambas están en grave crisis. Por consiguiente el régimen entiende cualquier cosa como un potencial peligro para su sostenimiento en el poder. Sería muy distinto si no fuera el monopolio de todo, incluyendo la producción y creación cultural.

 Regresando a los jóvenes, indudablemente hay varios escribiendo y creando a través de los limitados espacios en los organismos gubernamentales. ¿Cómo es el estado de la creación ensayística o investigativa?

Hay una tendencia, no necesariamente absoluta, a la dependencia; reproducir los criterios que se imponen desde las elites, a no sentirse creador de su futuro, no enfrentar su realidad o presente, ni considerar posible que con su pensamiento, información o acciones, los jóvenes puedan influir en la sociedad y cambiar sus  propias vidas. La razón fundamental es una enseñanza vertical, impositiva, mecánica, repetitiva, cuyo objetivo es mutilar un posible ser independiente, crítico, capaz de razonar con criterios propios. Otra tendencia es hacia la “meta tranca” y la inutilidad social; pero esto en la mayoría de los casos, es más un síntoma de “escapismo intelectual” que de mediocridad. Como no se permite pensar, ni hablar sobre la realidad, y hacerlo seriamente, con honradez y profundidad, implica graves consecuencias, algunos prefieren montarse en la “burbuja intelectual” alucinando con pensamientos o investigaciones distantes de los puntos neurálgicos de su realidad. Es una manera de no pensar para no “fundirse el cerebro”, cuando no se atreven a responsabilizarse con las desiciones propias y ser coherentes con aquello que piensan. No puede obviarse que ello también permite alcanzar notoriedad dentro de los estrechísimos circuitos oficialistas, lo cual, en ocasiones, facilita obtener algunas prebendas personales. El abanico de razones también integra el sistema, la piña intelectual, el oportunismo y la degradación espiritual, algo común en el totalitarismo.

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